Trincheras de ideas | Crónica del conflicto en el Asia occidental (I)

26/03/2026.- Algunos lectores se han comunicado conmigo para pedirme que analice el conflicto en el Asia occidental en “perspectiva amplia”. A partir de ello, decidí extraer algunos párrafos de mis trabajos y exponerlos en su conjunto como una crónica. Los dos primeros escritos hace más de 20 años y el resto en fecha más reciente y, por tanto, más vinculados a la coyuntura. He puesto al lado de cada título la fecha de su publicación como constancia de que el seguimiento que he dado a los acontecimientos actuales preveía muchos de los fenómenos que marcan hoy la transformación de la realidad regional y global, así como las circunstancias que influyen sobre la vida del planeta, afectando a toda la humanidad. Entregamos a ustedes esta crónica en dos partes.

Un futuro incierto para el Medio Oriente. 18 de noviembre de 2004

El problema entre árabes y judíos, según los libros sagrados, se remonta a 4.000 años atrás. Los judíos dicen que la tierra es de ellos porque Dios se la prometió a su antepasado Abraham. Los árabes argumentan lo mismo. Más aún, afirman que ellos y no los judíos han vivido en la región desde la época de los romanos, mientras que los judíos habían estado ausentes, con algunas excepciones individuales, hasta el comienzo del movimiento sionista al final del siglo XIX, que tuvo su punto cúspide cuando el Gobierno británico ofreció, por medio de la Declaración Balfour en 1917, la creación de un hogar nacional para los judíos en Palestina, que continuó teniendo este nombre incluso después de que los británicos abandonaron la región en 1948 y se estableció el Estado de Israel.

Tanto árabes como judíos comparten a Abraham como antepasado. Son naciones semíticas, o sea, que son descendientes de Sem, el hijo mayor de Noé. Después del diluvio, la familia de Noé, que era temerosa de Dios, se degeneró al paganismo cuando sus descendientes emigraron a la región de Caldea y construyeron la torre de Babel (“confusión”) con la intención de hacerse un nombre para ellos en vez de honrar el nombre de Dios. La consecuencia de Babel fue un laberinto de lenguas y la maldición de familias dispersas sobre la faz de la Tierra. De Caldea, una tierra dedicada a la adoración de la Luna, Jehová Dios llamó a Abraham y su esposa para que vivieran en Canaán, un territorio al sur del río Éufrates y que se extendía hasta Egipto. El territorio estaba habitado por cananeos, filisteos (de donde proviene el nombre de Palestina) y otras cuantas tribus paganas. A Abraham se le hizo la promesa de que un día la maldición de Babel sería revocada.

Pero cuando Abraham llegó a Siquem (hoy día, Nablus, en la ribera occidental), la primera vez que pisó el disputado territorio de Canaán, Dios —según el Génesis— le dio esa tierra a él y a su descendencia. Posteriormente, le aseguró que “toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre" (Génesis 13:14,15). Estos territorios abarcaban “desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates" (en la Siria actual).

Pero había un problema. La tierra había sido prometida a su heredero; sin embargo, Abraham y Sara ya estaban viejos y no tenían hijos. A la edad de 86 años, Abraham tomó a Agar, la sierva egipcia de Sara, como mujer. Agar tuvo un hijo, Ismael. La promesa de una gran familia fue hecha para él, a quien Dios prometió multiplicar su descendencia y aseguró que “será un hombre fiero: su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará" (Génesis 16:10-12).

La cita anterior fue una predicción extraordinaria. Ismael sería el padre de los beduinos, los habitantes del desierto de Arabia. La situación fue confirmada más tarde cuando Abraham, todavía sin hijo por medio de Sara, suplicó a Dios para que Ismael fuera su heredero. "Respondió Dios: Ciertamente, Sara, tu mujer, te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac, y confirmaré mi pacto... y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación" (Génesis 17:19-20).

He aquí como en la modernidad, el sionismo, una ideología imperialista europea, violentando las sagradas escrituras, se les impuso a los judíos, forzando un conflicto que solo le interesaba a Occidente, a fin de apoderarse de la región y destruir la sana paz en la que judíos y musulmanes habían vivido por siglos.

Mucho cuidado en Irak. 8 de febrero de 2005

Por otro lado, parece que muy pocos se hubieran percatado de que el gran ganador en las elecciones [30 de enero de 2005] en Irak es un iraní, quien ni siquiera pudo ejercer el sufragio por su condición de extranjero, lo cual no le impide ser el gran líder de la mayoría chiita. El ayatolá Alí Al Sistani ha pasado a ser, por obra y gracia de las elecciones, el personaje principal de la nueva estructura política iraquí. No por casualidad fue Teherán el que más celebró los resultados electorales en territorio de su antiguo enemigo. Así, el 30 de enero podría ser el preludio del nacimiento de una alianza estratégica Bagdad-Teherán, que más de un dolor de cabeza podría causarle a Occidente si se asume que, según el presidente Bush, Irán es uno de los “ejes del mal”. Los países árabes conservadores deben estar aterrorizados de solo pensar que esta alianza pueda gestarse.

Un nuevo holocausto en el siglo XXI. El sionismo amenaza al mundo. 11 de junio de 2024

El horror que producen las brutales acciones sionistas en Gaza y Cisjordania es expresión patente de la incapacidad de Occidente y del capitalismo de proporcionar paz y desarrollo a la humanidad. El sionismo se ha propuesto —en nombre de un supuesto mandato divino— barrer a los palestinos del territorio que les pertenece. Estos hechos son comparables con los crímenes más horrendos en la historia: el esclavismo, el señorío feudal y su plan de exterminio, los genocidios coloniales de Europa en África y América Latina y el Caribe, las dos guerras mundiales que incluyeron la barbarie nazi-fascista en su afán de aniquilamiento de comunistas, judíos y gitanos y el exterminio de los pueblos originarios durante la expansión estadounidense en el norte de América.

A través de la mayor parte de la historia, árabes y judíos vivieron en paz y armonía en el Asia occidental. Pero, a finales del siglo XIX, en el marco del inicio de la fase imperialista de Estados Unidos, el sionismo surgió como instrumento de usurpación y exterminio territorial del pueblo palestino. A partir de ese momento, no ha habido paz para ellos. La historia del siglo XX es la historia del despojo palestino por parte del sionismo.

¿Existe un sistema democrático en Irán? 10 de julio de 2024

Es bueno también conocer la institucionalidad democrática de Irán. El proceso de la revolución islámica se inició el 11 de febrero de 1979, pocos días después de la huida del emperador Mohammad Reza Pahleví que dio fin a la monarquía. El 31 de mayo se hizo un referendo en el que el 98,12% de la población votó a favor de instaurar la república islámica. En agosto, se dieron inicio a los trabajos de la Asamblea Constituyente que elaboró una nueva Carta Magna aprobada en referéndum popular el 1.° de diciembre de 1979.

La Constitución de Irán está por encima de todo y de todos, incluso del líder supremo (LS), quien es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y tiene entre sus responsabilidades la ratificación de la victoria electoral y la destitución del presidente. Así mismo, es el encargado de declarar la guerra y el cese del fuego, designar al presidente del Poder Judicial y de la Asamblea de Discernimiento de la Convivencia del Estado (ADCE), que cumple funciones como órgano asesor del LS y está formada por 47 miembros designados por él. Generalmente, la constituyen expresidentes (de todas las corrientes políticas), los miembros de los poderes del Estado y líderes políticos, militares, culturales, económicos y religiosos. Cuando este órgano delibera, comúnmente es invitado un ciudadano con conocimiento específico del tema en cuestión. Los miembros de esta asamblea duran 5 años en su cargo.

Reflexiones en torno al genocidio. 30 de septiembre de 2024

Está demostrado que Israel es un engendro imperialista y que el sionismo se sostiene por el aval que Estados Unidos y Europa le dan para cometer sus crímenes. Pero también es cierto que el mayor triunfo del imperialismo y el sionismo —y en eso radica la causa fundamental de su éxito— es haber logrado mantener dividido al mundo islámico y musulmán, impidiendo la unidad necesaria para combatir al enemigo sionista. Hasta el 7 de octubre del año pasado [2023], algunos países árabes incluso habían firmado los acuerdos de Abraham e iniciado la “normalización” de las relaciones con Israel. Antes, en 1978, se firmaron los acuerdos de Camp David y en 1993 los de Oslo. Más recientemente, al desatar la mal llamada “primavera árabe”, al golpear al eje de la resistencia a fin de destruirlo, el imperialismo y el sionismo apuntaban a la desunión.

Son más de 45 años de esfuerzo de Estados Unidos por buscar acuerdos parciales que detengan la lucha del pueblo palestino y de los países que resisten. Nunca un pueblo firme y tenaz y sus líderes han firmado acuerdo alguno con la entidad sionista. Hoy, una vez más, queda claro que la identidad religiosa y la nacional tienen un carácter subordinado cuando de defender los intereses de clase se trata. Por eso, algunos países y líderes árabes y musulmanes se quedan en la retórica de “volver a Al Quds” y “rechazar” las matanzas sionistas, mientras en realidad buscan aliarse —y hasta hacer negocios con ellos— a través de Estados que buscan unificarlos para detener el impulso liberador de la resistencia.

300 millones de árabes y 1.500 millones de musulmanes no han sido capaces de unirse para enfrentar al sionismo que en Israel configura una población de 6.9 millones de judíos (y no todos son sionistas). La división, los intereses de monarquías medievales corruptas y su deseo de subordinarse y servir a Estados Unidos y a Occidente permiten esta situación en la que Israel puede actuar a sus anchas violentando el derecho internacional y la Carta de la ONU. Llegará el día en que los pueblos de la región le reclamen a sus élites los titubeos y las dudas al enfrentar al sionismo. Y cuando ese día llegue, todo cambiará.

Siria, muchas preguntas y pocas respuestas. 11 de diciembre de 2024

Algunas fuentes consultadas directamente en la región me han señalado que hay más preguntas que respuestas. Apuntan que Siria y el conflicto sirio fueron un lastre para el eje de resistencia. El beneficio fue solo a nivel logístico, por lo cual, decir que el derrocamiento de al-Ássad ha destruido a la resistencia es un deseo y una exageración divulgada por fuentes occidentales y de las monarquías sunitas. Para Irán, sostener a Siria significaba un poco más de 700 millones de dólares mensuales que la República islámica distribuía para pagar salarios y servicios en Siria (más de 8 mil millones de dólares anuales) que ahora podrán ser utilizados para otros objetivos.

No obstante, es legítimo preguntarse: ¿Por qué cayó el régimen de Al-Ássad? ¿Qué sigue? ¿Por qué cayó tan rápidamente el régimen? ¿Por qué Irán no intervino para salvar a Al-Ássad? ¿Por qué Rusia tampoco lo hizo? ¿Por qué no intervinieron las Fuerzas de Movilización Popular de Irak? ¿Irán vendió a Al-Ássad? Hay muchas preguntas sobre la aceleración de los acontecimientos en Siria. Trataré de dar algunas pistas. ¿Por qué el régimen de Al-Ássad cayó tan rápidamente en tan poco tiempo? La respuesta es que el ejército sirio no luchó en ninguna batalla en estos días finales, retirándose fácilmente, mostrando que no tenía voluntad de combatir. Alguien podría decir que la oposición fue apoyada por Turquía, Israel y Estados Unidos, con diversos tipos de armas. Es cierto, pero el ejército sirio podría haber resistido al menos varios días en cada frente. Sin embargo, estuvo claro que el ejército no estaba interesado en defender las ciudades y no prestó atención a lo que estaba sucediendo. Esta fue la razón principal de este rápido colapso.

¿Ha sido derrotada la resistencia en Asia occidental? 18 de diciembre de 2024

La economía sionista se sustenta en cuatro pilares: turismo, tecnología, agricultura y apoyo de Occidente; los cuatro han sido golpeados. Cabría, por ejemplo, preguntarse por qué, durante los ataques al Líbano, la entidad sionista no bombardeó el sistema eléctrico o los aeropuertos. Saben que Hezbollah tiene capacidad para asestar golpes recíprocos. Israel atacó el sur del Líbano, Hezbollah respondió haciendo lo mismo al norte de Israel; atacó los suburbios de Beirut, Hezbollah respondió golpeando los suburbios de Haifa; atacó Beirut y recibieron contundentes golpes en Tel Aviv; asesinaron al líder Nasrallah y Hezbollah sobrevoló largamente la residencia de Netanyahu cuando su familia estaba ahí. Pero hasta en eso, la superioridad moral de la resistencia es avasallante. No son asesinos como los sionistas. A partir de entonces, Netanyahu vive y trabaja en un sótano.

Aunque Israel anunció el fin de Hezbollah, la realidad es otra. Al cabo de 2 meses de combate, comenzaron a lanzar urgentes mensajes a favor del fin de las hostilidades. Intentaban repetir en el Líbano lo que habían hecho en Gaza, pero no pudieron. El propio ministro de Defensa de entonces, Yoav Galant, anunció que 12 mil soldados fueron neutralizados (heridos o muertos). Hoy, Israel tiene un ejército de reservistas, formado por personas mayores sacadas de la economía.

Mientras tanto, Hezbollah lanzó sobre Israel 16 mil misiles en dos meses (un promedio de 265 diarios), que golpearon básicamente la industria militar, es decir, empresas de producción y reparación de armamento. Esto significa un costo adicional no cuantificado de los gastos de guerra. ¿Alguien se ha preguntado por qué los misiles de Hezbollah no causaron muertos entre la población civil? Sencillamente, porque los edificios civiles públicos y privados nunca fueron un objetivo. Los combatientes de Hezbollah respondieron como guerreros, no como asesinos. Todo esto sin sumar las dos andanadas de misiles de Irán que la tan famosa “cúpula de hierro” no pudo interceptar.

 […] Va a ser interesante ver cómo lo va a hacer cuando el objetivo de su próximo presidente es “hacer grande a Estados Unidos de nuevo”. Es cierto que todavía lo pueden sostener con la maquinita de fabricar dólares y su gran aparato comunicacional, cultural y mediático, que ha adquirido gran experiencia mintiendo sin impudicia y transformando terroristas en luchadores por la democracia.

¿Por cuánto tiempo más lo podrán hacer? Transformar victorias tácticas en éxitos estratégicos solo sirve para engañar a los incautos. Pienso en el destino de los imperios del pasado: el romano, el otomano, el británico, el austro-húngaro, entre otros, y me pregunto: ¿dónde están? La historia es sabia; conocerla ayuda a entender el presente y proyectar el futuro.

Continuará.

Sergio Rodríguez Gelfenstein

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