Pluma acústica | Ray Pérez y Los Dementes
26/03/2026.- Uno de los pilares fundamentales para el desarrollo del sonido salsero venezolano es, sin lugar a dudas, Ray Pérez. Este hombre fue el que le puso el picante y la irreverencia a un género que en los años 60 apenas estaba agarrando forma. Fue, probablemente, el arquitecto más importante e influyente del sonido urbano que hoy corre por las venas de Caracas y del mundo entero.

Nació en Barcelona, estado Anzoátegui, el 7 de abril de 1937 como Ramón Epifanio Pérez Solórzano, y, aunque sus raíces están en el oriente del país, su destino siempre fue la capital. A principios de los años 60, mientras el mundo estaba pendiente de Los Beatles, Ray estaba maquinando cómo fusionar ritmos afrocaribeños con una energía mucho más agresiva y callejera, antes de la aparición del fenómeno de la salsa, impulsado internacionalmente por Fania Records. Ray Pérez, además de pianista, arreglista, compositor y director de orquesta, fue el principal ideólogo del estilo crudo y directo que diferenció la propuesta venezolana de la sofisticación neoyorquina o el clasicismo cubano. Su rol fue el de un visionario que entendió el barrio como un ecosistema sonoro. Aunque su formación fue autodidacta, poseía una intuición melódica que le permitía mezclar, sin el menor esfuerzo y con mucho sabor, los ritmos del Caribe con una agresividad armónica que pronto se convertiría en su sello personal.
Los Dementes: el boom de la locura salsera

Su debut profesional se consolida en la década de 1960, un período donde el mambo y el chachachá cedían el paso ante la ebullición de lo que se empezó a conocer como salsa. Su primer gran batazo fue con Los Dementes en 1966. El nombre no era un capricho; la propuesta musical era una locura total para la época. Ray, desde el piano, dirigía una maquinaria de trombones, armonías disonantes y percusión que sonaba como un camión bajando sin frenos por Tazón.
Entendió que el trombón ofrecía una sonoridad más agresiva y pesada que la trompeta. Al eliminar las trompetas de sus agrupaciones iniciales, creó un sonido oscuro y suburbano que conectó de inmediato con el barrio. Todo esto influenciado por las orquestas de Mon Rivera y de Eddie Palmieri, que ya orquestaban, con gran éxito, solo con trombones.
Como era costumbre en esa época, los protagonistas de las orquestas eran el cantante y el director. En el caso de Ray Pérez, su llave musical, en estos primeros años, fue el gran Perucho Torcat, ese genio de quien hemos hablado largo y tendido en entregas anteriores de Pluma acústica.

Si hay un disco que encapsula la explosión de Los Dementes, es Alerta Mundo (1966). Este álbum es considerado la piedra angular del sonido salsero venezolano. En este LP, Ray no se limitó al son montuno; introdujo elementos de boogaloo, pero con un tumbao criollo. Esta obra muestra esa mezcla de jazz latino, R&B y ritmo afrocubano que hacía que la música de Los Dementes sonara moderna para su tiempo.
Sus otras agrupaciones icónicas
La discografía de Ray Pérez es inmensa, superando los 40 álbumes bajo distintos sellos y con diferentes agrupaciones. Si bien Los Dementes fue su proyecto más ambicioso y disruptivo, la carrera de Ray se divide en capítulos definidos por las agrupaciones que fundó, cada una aportando un matiz distinto al género.
Con los Kenyas, exploró una instrumentación más compacta, que incluía, por primera vez en la salsa venezolana, la batería, ejecutada por el legendario “Pavo” Frank Hernández; destacando el uso de trompetas y un sonido más volcado hacia el boogaloo. La participación del Negrito Calaven en esta agrupación fue fundamental para lograr ese sonido exquisito y a la vez demencial.
Además de Los Dementes y Los Kenya, Pérez fundó Los Calvos, una suerte de continuación del estilo de Los Kenya, pero con Alberto Naranjo en la batería y con un sonido más salsero. Mientras que con el Grupo Casabe vivió, en la década de 1980, una etapa de madurez musical donde experimentó con fusiones y mantuvo la vigencia del sonido de la salsa brava en una época de transición comercial.
Nueva York y la Fania le picaron la torta
Aunque Ray Pérez es un pilar fundamental de la salsa hecha en Venezuela, su relación con el imperio de Jerry Masucci y Johnny Pacheco fue más una alianza estratégica que una mudanza artística. Pérez sabía que con estos tipos había que andar con cuidado, sobre todo por lo que le habían hecho a su gran amigo Perucho Torcat. Sin embargo, los directivos de Fania encontraron en Ray a uno más malandro que todos ellos juntos, que demarcó límites y puso todos los puntos sobre las íes.

Así, Ray Pérez llegó a tener un acuerdo para publicar cuatro LP con Los Dementes, bajo el sello Fania. Esto ocurrió gracias al impacto de la música de la agrupación en la Gran Manzana, que, siendo una banda foránea, formaba un alboroto descomunal cada vez que se presentaba o sonaba su música en la Babel de Hierro. Los cuatro álbumes fueron: Estamos en guerra (1975), Mi deuda de amor (1976), Yo soy el propio guaguancó (1977) y Chévere (1977).

Los discos fueron grabados en Venezuela para el sello Palacio de la Música, y luego licenciados o distribuidos bajo el sello Fania Records para el mercado internacional. A pesar de no haber sido grabados en Nueva York, la calidad y el estilo agresivo de los trombones de Los Dementes encajaban perfectamente con el sonido que Fania estaba promocionando.
La candela que no se apaga
Hoy por hoy, Ray Pérez sigue siendo una referencia obligatoria. A sus 88 años sigue tocando, aunque con una agenda menos agitada. En 2025 realizó un concierto en un local de venta de discos de vinilo en Caracas, donde volvió a encender la pista de baile y le demostró a las nuevas generaciones cómo se goza una rumba buena de verdad.

Ray nos enseñó que la salsa venezolana no tenía nada que envidiarle a la de afuera; de hecho, le puso el sabor que hacía falta para que el Caribe sonara completo. Es, sin duda, el “Loco de la salsa”, pero un loco que sabía lo que estaba haciendo: ponernos a bailar mientras nos contaba nuestra propia historia.
Kike Gavilán
