Letra veguera | Juana Camargo, curandera y maga
24/03/2026.- Dice un proverbio que "la mujer sabia edifica su casa; la necia, con sus manos la destruye".
Sus raíces se extienden profundas, nutriéndose de la savia de la tierra, floreciendo como apamates en abril, llenando el paisaje de color y esperanza: son las raíces del amor y de la vida.
La traición es un tema universal. En la Biblia, un hermano mata al otro. En Edipo es el parricidio. Atahualpa asesina a Huascar, su hermano. En la narración venezolana, la leyenda de La Sayona es un espíritu atormentado por la traición y el amor perdido. En su angustia, juró venganza y se convirtió en un espectro vengativo. Su semblante velado oculta la desesperación y la rabia que la consumen. Se dice que sus lamentos y susurros llenan la noche.
Lo particular es Venezuela y el personaje en la escena: la Machado es una bruja maléfica que vuela en avión del imperio a un país subalterno para conspirar con sus correligionarios fascistas.
En Puerto de Nutrias
Cuenta el cronista apureño Omar Vaina, amigo de mi padre, José Esteban Ruiz-Guevara, que en el estado Barinas nació y murió Juana Camargo, curandera y esotérica, con un poder ilimitado para realizar cosas incomprensibles. Era una mujer de la saga de esas sabias "que edifican su casa".
Fidel Escalona, cronista del Municipio Sosa del estado Barinas, hace referencia a ella:
Traemos el nombre de una famosa y recordada mujer que, aunque no era de estirpe nutreña, su nombre quedó ligado a la historia de nuestros paisanos del Municipio Sosa, donde viejos parroquianos la respetan y guardan especial devoción. La describen como una mujer enigmática, solitaria, signada con mantos de misterio y esoterismo.
Poco sabemos de su plano familiar y afectivo. Tuvo un hijo que terminó su vida bajo los efectos del alcohol.
Según parece, nació a finales del siglo XIX, en las inmediaciones del pueblo de Dolores, para después fijar residencia en el caserío La Maporita, donde montó el conocido "consultorio". Prontamente, su fama se extendió por los confines del llano. Como yerbatera y curandera de todo mal, doña Juana Camargo no tuvo rivales y lo mejor del caso era que acertaba con el tratamiento al paciente. Al decir de algunos, su casa, en medio de aquel paraje solitario, era un mediano hospital, donde la gente comía y descansaba a la vez.
Son muchas las historias, anécdotas y cuentos habidos alrededor de esta mujer, que dentro de su lista de pacientes tuvo a políticos, funcionarios públicos, militares, comerciantes y ganaderos de Apure y Barinas, que la visitaban con regularidad. Una de esas visitas —muy comentada, por cierto— fue la del general Pérez Jiménez, entonces presidente de la República. En una oportunidad, quizás como pago a favores concedidos, el doctor Manuel Fuentes Gilly y don José Natalio Estrada, ganaderos apureños, hablaron de hacerle un busto en el patio de su casa, lo cual, como era de esperarse, doña Juana no aceptó.
Así, entre tantas cosas sucedidas con tan famoso personaje, fallecido a mediados de los años cincuenta, se cuenta que fue enterrada en la población de Dolores. Una vela encendida y un ramo de flores frescas indican la tumba donde descansan sus restos.
Son muchas las anécdotas que quedaron tatuadas en la mente del pueblo de Venezuela referentes a Juana Camargo.
Nos vamos a referir al mago de la bandola José del Carmen Lavado, quien también deja su fama regada en todo el llano venezolano. Este era un músico místico, que hacía magia con el instrumento. Cuando estaba tocando un baile y le gustaba una pareja, colocaba la bandola sobre una silla, la tapaba con una sábana, salía a bailar y el instrumento seguía sonando como si estuviera en manos de José del Carmen. Cuentan los que presenciaron el espectáculo que las personas que se paraban detrás de Lavado y le pagaban podían ver a las parejas del baile desnudas. Lavado decía que todo lo que él sabía se lo debía a Juana Camargo. Cuando se refería a ella, decía que los poderes de su mentora eran infinitos.
Juana Camargo también fue una gran amiga del padre Eraclio Castillo, sacerdote nutruño, que ejerció su sacerdocio en Nutrias y pueblos aledaños durante toda su vida. En esos tiempos, practicaba exorcismos. Su respeto a Juana Camargo era total. Cuando Juana visitaba la población de Nutrias, se sentaba durante horas a hablar con su amiga. Esta referencia sobre la amistad del padre Eraclio Castillo con Juana Camargo me la comentó Fidel Escalona, cronista del Municipio Sosa.
El milagro de la avioneta
Otra anécdota del conocimiento de Camargo fue el caso que le sucedió a don Pedro Plazola Martínez, ganadero de Bruzual. Hacia los años cincuenta, lo tumba un caballo y su familia quería pedir una avioneta para sacarlo hacia Caracas. Él se negó y dijo que hasta tanto Juana Camargo no se enterara de su accidente, él no se movía a ninguna parte. Mandó a los trabajadores que fueran al consultorio de doña Juana. Cumplieron la orden y le informaron a la señora del caso. Ella respondió que él ya no tenía nada y le mandó unas plantas para frotarse la parte afectada.
Lo insólito fue que, a la aurora del siguiente día, Juana Camargo llegó al fundo de Pedro Plazola Martínez, en las inmediaciones de Bruzual y San Vicente, y le dijo que por nada del mundo subiera a una avioneta: "Usted no aguantará la presión y podría morir de un infarto". Juana había cruzado Bruzual de madrugada, cuando la chalana aún no funcionaba y la gente del pueblo estaba durmiendo. Luego de ese corto tiempo que estuvo con Plazola, partió hacia Mantecal, y llegó esa misma tarde. Era inexplicable cómo lograba recorrer distancias tan largas en tan poco tiempo, a lomos de un simple burro.
Otro anécdota fue el caso del embargo que tenía en puertas don Luis Valderrama, rico comerciante de Puerto de Nutrias con un comercio que tenía de todo. Se le había atrasado un pago y le informó a Juana Camargo que un tribunal le ejecutaría un embargo. Ella le recomendó que siguiera trabajando, que ese tribunal no le afectaría el negocio. Valderrama abrió como de costumbre, con toda la mercancía de la que disponía. Cuando llegaron los funcionarios del tribunal, no vieron nada en las estanterías y se retiraron, molestos por no encontrar nada que embargar.
La siguiente anécdota me la contó mi amigo Cristóbal Jiménez, sobre un caso que le aconteció a su madre. Juana del Carmen Farfán tenía un problema en la garganta, que entonces llamaban paperas, y fueron a consultar a Juana Camargo. La señora le contó su sospecha de la enfermedad y Juana le respondió con un "ajá". Fue a la tinaja, sacó un vaso de agua y se lo dio a tomar. Juana del Carmen sintió un gran alivio. Muchos años después, la hermana de Cristóbal Jiménez la lleva a Caracas para una revisión de la tiroides y hubo la necesidad de hacerle una tomografía para determinar la afección. El médico preguntó si la señora había sido operada de la tiroides, pero ella aseguró que no. El doctor le dijo que veía la cicatriz de una operación, tal vez proveniente del vaso de agua de la tinaja que le dio Juana Camargo.
La otra anécdota mágica le sucedió a la señora María Hilaria Jiménez, quien tenía como costumbre visitar a la curandera Juana Camargo por cualquier dolencia que la afectara. En unos de esos viajes, se quedó por espacio de un mes ayudando a la elaboración de las comidas para las múltiples peregrinaciones de personas que asistían en busca de la sanación de sus enfermedades. Un día le dijo Hilaria Jiménez a Juana Camargo que ella quería regresar a su casa, ya que la había dejado sola y estaba preocupada por no saber nada de la situación de su residencia. Juana Camargo le respondió: "No se preocupe por su casa, que todo está bien. Pase para que vea algo...". La señora Hilaria dirigió la mirada al sitio señalado por Juana Camargo y pudo ver su casa como en una película, tanto así que vio el candado tal cual como ella lo dejó. Luego Juana Camargo le cambió el enfoque de la imagen hacia el camino que pasaba frente a su casa y pudo ver a una persona montada en un buey. Cuando la acercó un poco más, pudo reconocer a su amiga Gregoria Zalazar, montada en el buey conocido con el nombre del Butaque. Estas imágenes las estaba viendo desde el consultorio de Juana Camargo en Dolores, Municipio Rojas del estado Barinas, aunque la casa de Hilaria Jiménez estaba en El Chacero, parroquia Mantecal, Municipio Muñoz del estado Apure.
El bachiller Rodríguez
Estas cosas reales y mágicas realizadas por Juana Camargo hoy requieren investigación. Ella fue una persona fuera de serie y considero que era una viajera en el tiempo, ya que podía predecir el futuro de personas. Le sucedió con el bachiller José Miguel Rodríguez, militante revolucionario del Partido Comunista de Venezuela, con una actividad política en la zona. El bachiller era vecino de Juana Camargo. Un día le dijo: "Mire, bachiller, eso por lo que usted está luchando todavía no se va a dar en Venezuela. Eso sí se va dar, pero dentro de unos sesenta años, y a usted lo van a matar por sus ideales". Todo sucedió como lo pronosticó Juana Camargo: al bachiller José Miguel Rodríguez lo mataron en el hato La Palmita, jurisdicción del Municipio Sosa, el cual fue convertido en un teatro de operaciones en el gobierno de Rómulo Betancourt. Lo enterraron con todo y carro y no pudo ver la Revolución Bolivariana, pronosticada por Juana Camargo sesenta años antes.
"Se curó el loco"
Esta es la anécdota de Ángel Betancourt Sosa, contada por un familiar:
Buenos días, Sr. Viana. Felicitaciones por el excelente artículo de la señora Juana Camargo, más amplio que el que sacó el profesor Goyo. Contribuyo con otra anécdota: ella curó a mi abuelo, Ángel Betancourt Sosa. Él quedó mudo. Lo llevaron a todos los médicos aquí en Venezuela. Mi tío, Pancho Betancourt, y el primo Grieco Sosa lo llevaron a Estados Unidos, donde lo desahuciaron. Entonces, lo llevaron donde Juana Camargo, quien le mandó unos jarabes. Cuenta mi tía Alicia, que fue la que le hizo el tratamiento, que ya para el segundo jarabe, un día se paró temprano en el hato La Calzada y gritó: "Se curó el loco". Desde entonces, su vida continuó con total normalidad.
Otro comentario de un familiar de la profesora Esperanza Cazorla de García, referente a las curaciones milagrosas de Juana Camargo, dice lo siguiente: Esperanza Cazorla de García, maestra doloreña, contaba que empezó su apostolado a los 16 años, en El Cucharo, a las afueras del pueblo. Un día de labores, llovía de tal manera que ella tuvo que quedarse en la casa de doña Juana Camargo. Cabe decir que, de día, la casa estaba llena de personas que buscaban la sanación a cualquier daño. En la tardecita, trajeron, en parihuela, a un joven agonizante. La señora Juana indicó que lo llevaran para la caballeriza y volvieran al día siguiente. Así lo hicieron. Esperanza contó que ella, alojada en la habitación de la señora, "no pegó un ojo", pendiente de lo que haría la señora, pero Juana ni se despertó ni se paró esa noche. Al amanecer, salieron de la habitación y ahí, en una silleta, estaba el joven como si nada. Ella le dijo al paciente: "No se preocupe, que ya lo vienen a buscar".
A continuación, copio el corrío de Juana Camargo. Lo rescató Fidel Escalona y está publicado en el perfil de Facebook:
El corrío de Juana Camargo
Señores, traigo un corrío
que acá en el pecho lo cargo,
de una mujer muy famosa
llamada Juana Camargo,
una persona que en vida
curaba todos los daños;
como médica hechicera,
se hizo famosa en los llanos.
El nombre de esta señora,
de respeto legendario,
quedó en la posteridad
y justamente grabado.
En los devotos que tiene
el creyente, los ancianos,
a tal punto que hoy en día
la seguimos recordando.
Nació en el pueblo de Dolores,
cerquita del río Masparro,
en el seno de un hogar
humilde para el trabajo.
Siendo ya una jovencita,
se traslada a un vecindario
llamado La Maporita,
camino real del Cucharo,
donde al lado de sus padres,
parientes y sus tres hermanos,
pudo vivir con decencia
con el correr de los años.
Allí conoció la escuela
y estudió hasta cuarto grado,
de la mano de su maestro
don Agapito Gallardo.
Tras la muerte de sus padres,
no pudo seguí estudiando
y fue doña Rosa León,
con su marido Epifanio,
que la enseñan a rezar
en los Domingos de Ramos
la oración del padrenuestro,
el credo, santo rosario,
que no dejó de rezar
por el resto de sus años,
que debajo del vestido
cargaba su escapulario
con una pepa'e zamuro
envuelta en varios paños,
que en medio de la cadena
era prenda de uso diario.
Con esa prenda bendita
empezó su recetario
y su fama se extendió
tan pronto de lo esperado.
Doña Juana, como médico,
su nombre quedó grabado.
Era buena pa'l mal de ojo,
para rezar el ganado,
pa los mordidos de culebra,
la oración de los gusanos,
la fiebre o el escorbuto,
para el estómago hinchado,
la tiricia, la obradera,
un hueso recién quebrado,
la peste, que nunca falta,
dolores en pie y manos,
en la mujer parturienta,
en la cura de un anciano.
Pero donde esta señora
daba justo con el clavo
es que tenía la oración
pa diferentes trabajos
en el cual los comerciantes,
ganaderos y hacendados
iban a La Maporita
a chequearse de antemano
y les cobraba en su cas
las velas para su santo
que la Virgen de la Paz,
el Nazareno de San Pablo,
Junto a Nicanor Ochoa,
un brujo muy venerado,
y pa'tendé otros males,
el tabaco lo indicado
porque fue tanta la fama
que tuvo Juana Camargo
que venían en procesión
de Guanarito y El Regalo,
Dolores, Ciudad de Nutrias
Mantecal y San Fernando.
En el Puerto era una doña
que tenía sus partidarios,
de clientes con buen dinero
que creían solo en sus baños,
pues dicen las malas lenguas
de lo que yo estoy narrando
que un presidente de República
vino con todo su mando
a pedirle su opinión,
cómo estaba gobernando,
y ella le hizo un juramento
de que iba a durar diez años.
Se cumplió la profecía
del caído mandatario.
Fueron muchas curaciones
y todo tipo de milagro
que realizó doña Juana
en esta parte del llano.
Recordada por el pueblo,
el comerciante y hacendado,
que aún tienen en su mente
y el recuerdo de antemano
de la médica hechicera
que a todos hizo baqueanos.
Los que quieran visitarla
y conocer su legado,
lléguense al pueblo de Dolores
y en un trecho no muy largo
está el viejo cementerio
y en un pequeño santuario
donde descansan los restos,
que han sido inmortalizados,
del alma de quien aún vive
como Juana Camargo.
Quedará viviendo en el recuerdo de muchas personas que cuentan sus anécdotas de los servicios prestados por esta curandera y esotérica mujer que nació para servir, ya que no aceptaba pago alguno por sus servicios. Solamente los ricos ganaderos de la zona la apoyaban con carne para la elaboración de comida con la cual recibir a las múltiples caravanas de personas que llegaban de todo el país en busca de la salud.
Omar Viana*
Federico Ruiz Tirado
*Omar Viana, cronista del Municipio Muñoz del estado Apure.
