Vitrina de nimiedades | Periodismo, discusiones y deudas pendientes

21/03/2026.- Once semanas nos separan del 3 de enero. Muchos, más allá de analizar los elementos evidentes y concretos, seguimos tratando de entender hacia dónde debemos enrumbarnos si queremos superar este complejo momento, una tarea en la cual es bastante fácil extraviarse. En la aspiración de elegir lo correcto, las ideas, los principios, prejuicios y contradicciones que nos han acompañado por años plantean muchas trampas, más si se trata de dialogar con quien disiente de nosotros. Nuestras ideas, cuando se asumen honestamente, son parte consustancial de nuestra identidad. Desmontarlas implica deconstruirnos (un término bastante odioso, por cierto), pero, sobre todo, supone rescatar un hábito desterrado en varios sectores: escuchar y reconocer(nos) en el otro.

Con especial atención hemos leído las reseñas y artículos sobre los encuentros promovidos por el Programa para la Paz y la Convivencia Democrática, sobre todo el dedicado a la comunidad de periodistas. Como era de esperarse, las fotos del evento reflejan la participación de distintos actores del área, expresión de las corrientes de pensamiento en torno al ejercicio profesional. Para el momento de escribir este texto, estaba anunciada una reunión para revisar asuntos sobre libertad de expresión, concesiones del espectro radioeléctrico, acceso a sitios web, marco legal y demás aspectos. Se trata de un acercamiento totalmente congruente que, como otros temas nada ajenos a la polémica, primero debe superar varios muros de contención. Las divisiones —aparenciales y reales— están ahí; nada hasta ahora las ha derrumbado.

En ese escenario, es casi una perogrullada evocar el largo debate sobre el papel del periodismo desde 1999, con la llegada de la Revolución Bolivariana. Bastante bibliografía se ha escrito sobre el tema, desde posturas divergentes. Aunque recordarlo parezca necio, nunca sobrará el ejercicio de sumergirnos en las diferencias, no solo para prever cuáles pueden ser las trampas en la discusión planteada, sino para comprender el contexto en el cual se emprende esta compleja deliberación desde el punto de vista gremial.

A primera vista, es posible que todos esos elementos lleven a un debate en loop que profundice aún más las divisiones, especialmente si se afronta con la actitud de un juez. Sería muy fácil desistir en poco tiempo, pero intentar superar las primeras etapas de desahogo y cuestionamiento contribuye a avanzar hacia condiciones más francas para replantear el ejercicio del periodismo y otras prácticas comunicativas en el país.

Sobre todo, este proceso no debe quedar reservado para ciertos grupos y pocos espacios, entre otras razones porque toca a una de las profesiones más impactadas por las transformaciones nacionales e internacionales de los últimos años. Las deudas con esta práctica profesional cada vez son mayores, y el momento histórico, otro.

 

Rosa E. Pellegrino


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