Se inflama guerra en Oriente Medio por ataques a plantas de gas

Trump amenaza, Irán contraataca y el Brent escala a 109 dólares en crisis global

Columnas de humo y fuego se elevan, tras el impacto de restos de un dron contra una instalación petrolera en Fujairah, Emiratos Árabes Unidos.

 

19/03/26.- Los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra el yacimiento de gas South Pars, el mayor del mundo, ubicado en las costas del sur de Irán, prendieron la mecha de la escalada energética más grave que ha visto Medio Oriente en décadas. En cuestión de horas, las llamas se extendieron más allá de las fronteras iraníes: Misiles y drones iraníes alcanzaron refinerías y plantas de gas licuado en Catar, Arabia Saudita, Kuwait y Baréin, convirtiendo el Golfo Pérsico en un tablero de ajedrez donde cada pieza que cae hace temblar los mercados globales de energía.

Los hechos se precipitaron el miércoles 18 de marzo de 2026. Varias secciones del yacimiento de South Pars fueron clausuradas de emergencia, después de que bombas israelíes y estadounidenses impactaran sus instalaciones, según confirmó la agencia Fars News, citando fuentes iraníes. El cierre no fue caprichoso: Las autoridades actuaron para controlar el avance del fuego y evitar una catástrofe de proporciones aún mayores. Pero el daño ya estaba hecho, y los mercados lo notaron al instante, reportaron medios de la zona.

El precio del gas natural, que esa mañana había abierto con una caída del 2 %, se revirtió abruptamente horas después, para cerrar con un alza del 6,5 %, superando los 54 euros por megavatio/hora. El petróleo Brent, referencia de los mercados europeos, repitió el patrón: Abrió a la baja un 2 %, pero al mediodía ya escalaba más de un 6 %, para rozar los 109 dólares por barril, en lo que analistas describieron como un shock de oferta sin precedente desde la guerra del Golfo de los años '90.

Respuesta iraní

La respuesta de Teherán no tardó. El portavoz del Cuartel General Central de Khatam al-Anbiya, el mando militar iraní, fue terminante: "Las infraestructuras de combustible, energía y gas serán incendiadas y reducidas a cenizas a la primera oportunidad". Las palabras no fueron en vano. En la madrugada del 18 al 19 de marzo, una masiva oleada de ataques iraníes golpeó instalaciones que Teherán calificó de "objetivos directos y legítimos" por su vinculación con Estados Unidos.

Misiles iraníes impactaron el complejo de Ras Laffan, en Catar, el mayor centro de procesamiento de gas licuado del planeta, causando daños significativos y obligando al cierre de operaciones. Drones iraníes golpearon una refinería saudí en el mar Rojo y provocaron incendios en dos instalaciones petroleras en Kuwait. Una planta de producción de GNL en Baréin también fue alcanzada. Teherán emitió además una alerta urgente para que civiles y trabajadores se alejaran de cualquier instalación petrolera o gasística en la región del Golfo.

El saldo humano no es menor. El jefe de la Media Luna Roja iraní confirmó que más de 18.000 civiles han resultado heridos durante los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán, una cifra que refuerza las acusaciones de Teherán y que añade presión moral a una crisis que ya tiene eco en todo el mundo. También resultaron heridos en el frente periodístico. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, calificó de "inaceptable" el ataque israelí contra el equipo del canal RT en el sur del Líbano, en el que el corresponsal Steve Sweeney y su camarógrafo resultaron heridos, mientras cubrían el conflicto.

La guerra se libra también en los cielos: El primer F-35 derribado

El jueves 19 de marzo trajo una novedad de enorme peso simbólico y estratégico; el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) publicó un video que muestra cómo su Fuerza Aérea alcanzó un caza F-35 de Estados Unidos, marcando la primera vez que Irán golpea un avión de combate estadounidense.

El mismo día el CGRI anunció que durante la oleada 65 de la denominada "Operación Promesa Verdadera 4", la contraofensiva iraní en curso, la refinería de Ashdod, uno de los principales pilares del sector de refinación de petróleo israelí, fue atacada con misiles guiados de precisión del tipo Nasrallah, también empleados por primera vez en este conflicto. La escalada militar lleva ya 65 rondas de ataques y no muestra señales de agotarse.

La CGRI lanzó misiles contra la base aérea de Príncipe Sultán en Al-Kharj, Arabia Saudita.

 

Desde Washington, el presidente Donald Trump ofreció un relato triunfalista pero esquivo. En una reunión con la primera ministra japonesa Sanae Takaichi, en la Casa Blanca, el mandatario afirmó haber "arrasado con la armada iraní y con prácticamente todo lo que había que arrasar, incluido el mando", y presumió de que los aviones estadounidenses "vuelan por donde quieren, sin que nadie les dispare".

Aseguró que Washington puede destruir la isla de Jarg, que describió como la "joya de la corona de Irán" por concentrar la infraestructura clave de exportación de crudo, "cuando quiera". Sin embargo, también deslizó una señal ambigua: "Podríamos terminar esto en dos segundos si quisiéramos, pero estamos siendo muy prudentes".

Trump confirmó además haber hablado con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sobre los ataques a South Pars, y aseguró que Netanyahu le dijo que "no lo hizo", esquivando la responsabilidad directa sobre el bombardeo al yacimiento.

Netanyahu declara victoria, pero el fuego no cesa

En una conferencia de prensa celebrada el mismo jueves, Netanyahu proclamó lo que presentó como el mayor logro estratégico de Israel en décadas: Irán "ya no puede enriquecer uranio" ni tiene capacidad para fabricar misiles balísticos, afirmó.

"Teherán está más débil que nunca", declaró, antes de añadir la frase que sintetiza la nueva visión geopolítica israelí: "Hemos convertido a Israel en una potencia regional y, en algunos casos, en una potencia mundial, junto con Estados Unidos".

El discurso fue recibido con escepticismo en varios sectores, dado que mientras Netanyahu hablaba, los misiles iraníes seguían cayendo sobre el Golfo, y el precio del barril de petróleo Brent no daba señales de retroceder.

Según Netanyahu, "Teherán está más débil que nunca".

 

La guerra Israel-Irán ha cruzado un umbral que parecía impensable hace apenas semanas. El conflicto ya no es solo militar, sino una guerra energética global con consecuencias directas sobre los bolsillos de consumidores en Europa, Asia y América.

La pregunta que se instala en los mercados y en las cancillerías, no es si habrá más ataques, sino cuánto aguantará la infraestructura energética del Golfo Pérsico, y cuánto aguantará el precio del petróleo antes de que una recesión global empiece a parecer inevitable.

ISAÍAS OVALLES / CIUDAD CCS 


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