Tinte polisémico | Sentimiento que comparto
17/03/2026.- Mi madre, Teselma, me enseñó a querer la tierra donde nací. Me inculcó, de forma sencilla, pero sabia, el concepto de la nacionalidad, a respetar y honrar el himno y la bandera nacional, el amor por mi país, su historia, su gente, su comida y por los paisajes de su geografía.
Era tan sabia que me explicó que si se encontrara en cualquier lugar ubicado fuera de su país, no se sentiría "extranjera", pues ella era, con el mayor orgullo, una venezolana.
¡Qué lección tan simple y contundente para explicar a un infante lo que significa el gentilicio!
¿Cómo carajo no me voy a sentir orgulloso de ser venezolano con tan singular y maestra enseñanza?
Además, también me decía que la música y el país más lindo del mundo era el nuestro, Venezuela. Sin embargo, también concebía una América unida e hizo que memorizara el himno que comenzaba así: "Un canto de amistad, de buena vecindad...". Comprendía lo que era la integración de los países del continente americano.
¿Cómo no sentir admiración por la tierra martiana, la de Fidel y Cienfuegos y, además, patria adoptiva del Che Guevara?
Sí, ella, Gladys Ramona Díaz (Iguaro), recitaba en la escuela, en los actos culturales, a los ocho años, poemas de José Martí.
Así transitamos por la fase escolar y cuando uno se entera de la épica patria, de nuestras mujeres y hombres, de nuestros caciques aborígenes, de nuestras luchas, aquí y en otras tierras, se nos hincha el corazón de tanta entrega, de tanto heroísmo, de cuánta sangre se regó y de los sacrificios consumados en los campos de batalla.
Por eso, te emociona y enaltece al máximo cuando recuerdas a Chávez en ese gran discurso, en las proximidades del Jardín Botánico, aledaño a la UCV, donde expresó: "... bastantes montañas hay aquí... bastantes cojones hay aquí..." y muchos, en comunión, no pudimos contener las lágrimas.
Carajo, por eso no puedo "comprender" cómo un sector nacional y actores particulares, frente a su propia incompetencia e ineptitud política, utilizan como estrategias y medios "los atajos", el auspicio para la conspiración y la solicitud de bloqueo e invasión, por parte de una potencia extranjera, como alternativa y camino político. No consideran las consecuencias e impactos sobre sus semejantes, sus connacionales, sus compatriotas. Es una forma y proceder egoístas de alcanzar el poder político a través del asalto a las instituciones, violando los preceptos constitucionales y ultrajando la soberanía nacional, colocándose al servicio de los intereses de un gobierno foráneo.
Es intolerable la inoperancia de las instancias y el derecho internacionales frente a la injusticia y la flagrante actuación por parte de los Estados Unidos y el sionismo de permitir que se aniquile inmisericordemente al pueblo de Gaza, se estrangule a la población cubana o se pretenda acabar con la milenaria nación persa, del mismo modo como se irrumpió en fecha reciente en nuestro territorio y se sustrajo de la forma más violenta a nuestro presidente y a su esposa, una diputada, con base en la asimetría de la capacidad bélica, lo que constituye una realidad fáctica incontrovertible. Además, resulta ser una recurrencia histórica procedimental en todos los continentes el uso de la fuerza y la mentira para el asalto y la apropiación despiadada con base en su poder militar, nuclear, tecnológico y comunicacional, con la imposición de una narrativa falsa y la colaboración tarifada de las oligarquías, sectores y grupos domésticos comprados, carentes de cualquier axiología decolonial.
La indiferencia convenida, esa complicidad de gobiernos títeres y la miopía voluntaria colectiva son una forma artificial de ignorar cómo un pretendido hegemón y el fascismo del Estado artificial de Israel intentan supeditar y esclavizar al sur global.
Vital resulta ahora internalizar en los más jóvenes que, por razones de orden táctico, por la supervivencia como república, nos encontramos bajo amenaza real, coaccionados a ceder y a resistir con estoicismo, para aprovechar en el momento oportuno la dinámica geopolítica ecuménica y pasar al contraataque. Ello deberá ser nuestro inmodificable azimut para recuperar conjuntamente, bajo las directrices de la unidad y la cohesión nacional, nuestra soberanía y autodeterminación.
La guerra de independencia tuvo como objetivo dejar de ser súbditos. Hoy debemos observar lo peligroso que es la invasión mental de los ciudadanos, pues persiste la guerra cognitiva. No se deben aplaudir por ningún motivo las amenazas de Washington. Como solución, es vital e imprescindible la descolonización cognitiva. Conocemos por la historia del imperialismo sus fines a través del capital multi y transnacional, que son la expoliación de nuestros recursos. Admitir una intervención es como un síndrome de Estocolmo geopolítico; es abrir las puertas y reconocer que no contamos con la madurez republicana para asumir la solución de nuestros conflictos internos. Es legítimo discrepar con un gobierno que puede ser temporal, pero la nación es garantía de permanencia para nuestras hijas y nietas. No abriga sentido ni justificación alguna la desaparición de un Estado independiente y soberano. Hemos y seguiremos bregando por la República Bolivariana de Venezuela.
"Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó...".
Por una lucha inteligente, por la libertad de toda Sudamérica y el Caribe.
Héctor Eduardo Aponte Díaz
