Plaza Morelos | El Santo en Sabana de Caripito
15/03/2026.- Sabido es que el cine mexicano y sus estrellas tienen un gran arraigo en Venezuela, particularmente en el campo. Pero nadie es ídolo de verdad hasta que se convierte en ídolo de un niño. Todos necesitamos modelos, ejemplos a seguir, personas que nos marquen el camino. Pero quizá quienes más los necesiten sean los niños, porque están descubriendo el mundo, porque necesitan una guía, un apoyo, una inspiración, ya que todavía no pueden valerse por sí mismos. Los primeros héroes de los niños son los padres, pero ¿qué hace un niño cuando falta el padre? Canaliza sus necesidades hacia alguna figura paterna, la cual puede ser un héroe del cine.
En Emilio en busca del Enmascarado de Plata (reeditado por Fundarte en 2024), Laura Antillano nos cuenta la historia de un niño de nueve años de Sabana de Caripito, en Monagas, y su admiración por el luchador llamado El Santo, máxima estrella de la lucha libre mexicana. La lucha libre, tal como se desarrolló en México, mitad deporte y mitad espectáculo, es una de las manifestaciones culturales más peculiares de mi país. Los luchadores con sus máscaras y sus nombres son mucho más que atletas, son representaciones del bien y el mal. El más importante de todos ellos es El Santo, bajo cuya máscara se encontraba Rodolfo Guzmán Huerta, quien estuvo activo en el cuadrilátero entre 1942 y 1982. El Santo fue mucho más allá de la arena y se convirtió en un héroe popular a través de historietas y también se convirtió en una prolífica estrella de cine, pues llegó a protagonizar 52 películas en las que peleó contra todo tipo de enemigos fantásticos como hombres lobo, momias y extraterrestres. Las películas de El Santo tuvieron, como todo el cine mexicano de aquella época, una amplia difusión en los países de América Latina, particularmente Venezuela. De hecho, El Enmascarado de Plata, como también se le conocía, visitó varias veces este país, despertando verdadera conmoción entre el público que asistía a sus funciones de lucha libre.
En la novela referida, Laura Antillano nos cuenta cómo la admiración de Emilio por El Enmascarado de Plata se cruza con su añoranza por el padre que lo abandonó cuando pequeño y a quien no conoce. Antillano nos sumerge en el mundo de un niño venezolano que vive en un pueblo junto a una refinería alrededor de la mitad del siglo XX; nos cuenta que su madre es empleada del hospital de la compañía y su abuelo carpintero y asiduo lector de periódico y poesía; nos narra sus juegos con los amigos del pueblo y de la escuela, sus primeros enamoramientos, la relación con los vecinos y su fascinación con las películas del luchador mexicano; también nos muestra las tradiciones y leyendas del campo venezolano y nos hace sentir la tranquilidad de la vida en provincia. Emilio vive rodeado del afecto, sin embargo, en medio de ello hay una ausencia punzante, la del padre que lo abandonó cuando era pequeño.
Ese vacío va creciendo a lo largo del relato y se entrelaza con la también creciente admiración por El Santo. Entonces fantasea que el luchador, que pelea por la justicia y viaja por el mundo, quizá conozca a su padre que se fue lejos y pueda ayudarle a encontrarlo. De esta manera, el deseo de conocer a su padre y el deseo de conocer al héroe del cuadrilátero se fusionan en uno solo, en una sola ansia de reconocimiento y cobijo. La historia se precipita cuando a Emilio le llega noticia de que El Santo visitaría un pueblo cercano. Entonces, con ayuda de sus amigos, emprende el viaje hasta el pueblo donde se presentará el luchador y le pide el favor que tanto había pensado. No hace falta narrar lo sucedido entonces, pero basta con decir que Emilio regresó a Sabana de Caripito transformado por su pequeña odisea. Al volver, ya no era un niño herido buscando a su padre; había crecido, se estaba convirtiendo en un hombre capaz de sostenerse en la vida por sí mismo y de cuidar a otros. Emilio en busca del Enmascarado de Plata es un libro lleno de ternura que al mismo tiempo da fortaleza a quien lo lea, niño o adulto, porque, por alguna razón u otra, todos en algún momento nos sentimos como Emilio, y siempre habrá un héroe, como El Santo, que no nos salvará, sino que nos dirá: "Tú puedes, ánimo".
Yo sabía del arraigo del cine y las estrellas mexicanas en Venezuela, sobre todo en el campo; pero no se comprende en toda su dimensión hasta que te enteras de que El Santo o cualquier otro es el héroe de un niño en Sábana de Caripito. No un héroe falso y de fantasía, como Superman, sino uno de carne y hueso, una persona normal que simplemente aprendió a superar sus propias carencias y se hizo fuerte para luchar por el bien y la justicia, que es generoso y le da la mano a otros para que se conviertan en héroes de su propia historia.
Ismael Hernández
