Sin pruebas de bomba nuclear iraní: Rusia y OIEA desafían a Occidente

Millonarias pérdidas económicas y lo largo del conflicto obligan a Trump a buscar salida

Las declaraciones surjen tras reuniones celebradas en Moscú entre representantes de Rosatom y del OIEA.

 

13/03/26.- En medio de una escalada militar sin precedentes en Oriente Medio, dos realidades paralelas sacudieron este viernes la política internacional: Rusia y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmaron que no existen pruebas concretas del desarrollo de armas nucleares en Irán. Mientras, en Washington, las divisiones internas dentro de la Casa Blanca de Donald Trump revelan una administración atrapada en una guerra sin salida clara y grandes pérdidas económicas.

Acusaciones nucleares sin sustento probatorio

El director general de Rosatom, Alexéi Lijachov, fue categórico tras consultas en Moscú con una delegación del OIEA: las acusaciones de que Irán desarrolla armamento nuclear no van más allá de declaraciones políticas.

“Por ahora, según entiendo, no se han presentado otras pruebas aparte de declaraciones políticas. Por lo tanto, puedo decir que no hemos tenido ni tenemos ninguna información relacionada con armas nucleares en Irán.”
 Alexéi Lijachov, Rosatom

Lijachov fundamentó su posición en la cooperación técnica entre Moscú y la industria nuclear iraní, que otorga a Rusia un conocimiento de primera mano sobre el sector energético de Teherán:

“Tenemos relaciones multifacéticas con la industria nuclear iraní, por lo que podemos afirmar que Rusia nunca ha visto confirmaciones del desarrollo de armas nucleares por Irán.”

El director del OIEA, Rafael Grossi, respaldó esta visión al admitir que el organismo tampoco dispone de pruebas “exactas y visibles” sobre el desarrollo de armas nucleares por parte de Teherán. Grossi expresó su esperanza de que pronto se den las condiciones para reanudar las negociaciones sobre el programa nuclear iraní.

Las reuniones Rosatom-OIEA en Moscú abordaron cuestiones estratégicas de no proliferación nuclear y desarrollo de energía atómica a escala global, en un contexto donde la ofensiva militar de Washington y Tel Aviv ha bloqueado todo canal diplomático con Teherán.

La Casa Blanca fracturada ante una guerra sin salida

A 13 días del inicio de la agresión militar estadounidense e israelí contra Irán (iniciada el 28 de febrero, mientras ambas partes sostenían negociaciones indirectas sobre el programa nuclear), la administración Trump exhibe fracturas profundas en su manejo del conflicto.

Según agencias internacionales, asesores del gobierno estadounidense debaten activamente cuándo y cómo declarar la victoria en Irán sin que el desenlace sea percibido como una derrota. Algunos proponen clausurar el conflicto en términos que puedan interpretarse como un triunfo, aunque la mayoría de los líderes iraníes sobrevivan a la ofensiva.

Funcionarios advierten al presidente que el alza sostenida del precio de la gasolina podría convertirse en un lastre político para Washington. Al mismo tiempo, sectores de línea dura presionan a Trump para que no cese la ofensiva. El mandatario ha declarado que “no quiere retirarse prematuramente y que debe completar la misión”.

Entretanto, el Pentágono informó esta semana al Congreso que los primeros seis días de la guerra costaron a Estados Unidos más de 11,3 mil millones de dólares.

El senador demócrata Chris Murphy advirtió que los planes de la administración podrían arrastrar a Estados Unidos a una “guerra interminable” con Irán, e insistió en que la presión militar no puede doblegar a Teherán.

1.300 civiles muertos y 100 soldados heridos en Kuwait

La realidad sobre el terreno desmiente cualquier narrativa de victoria rápida. Las Fuerzas Armadas de Irán han respondido con intensas olas de ataques contra territorios israelíes ocupados y bases militares estadounidenses en países vecinos. En un golpe directo a la capacidad operativa de Washington, Irán atacó una base estadounidense en Kuwait, dejando al menos 100 soldados heridos.

Las fuerzas iraníes también ejecutaron ataques contra la sede del Shin Bet (el servicio de inteligencia interior israelí) y otros objetivos estratégicos, aprovechando el colapso de los sistemas de radar israelíes.

El balance humanitario es devastador: más de 1.300 civiles iraníes han muerto, incluidos niños, y los bombardeos han alcanzado instalaciones no militares como escuelas y hospitales, alimentando una creciente condena internacional.

ISAÍAS OVALLES / CIUDAD CCS 


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