Comentarios noticiables | Algo más del sionismo en Israel

El monstruo del Medio Oriente

14/03/2026.- El sionismo, según el destacado rabino conservador Arthur Hertzberg (1921-2006), es un fenómeno único en su género en la historia del nacionalismo moderno. Si se pudiera creer lo que dicen algunos de los simpatizantes de esa doctrina, resulta que el sionismo es la máxima expresión de las aspiraciones nacionalistas del pueblo judío, su movimiento de liberación nacional. Sin embargo, si se tiene en cuenta la trágica situación de los palestinos, que sufren en carne propia las consecuencias de la política practicada por los sionistas del Estado de Israel en las tierras árabes ocupadas, el sionismo es lo que es en realidad: una ideología racista, clara expresión de intolerancia y discriminación racial, inmoralidad, aventurerismo político y expansionismo; una personificación del culto a la personalidad y la violencia.

El periodista vienés Theodor Herzl (1860-1904), el padre del sionismo, en 1895 había prevenido: "Vamos a intentar ahuyentar a la miserable población lugareña fuera de nuestras fronteras". Esta advertencia ya vislumbraba los posibles choques entre árabes y judíos.

Los primeros colonos traídos por los sionistas comenzaron a instalarse en Palestina a principios del siglo XX, al punto que pusieron en evidencia su actitud hostil para con la población árabe que habitaba la zona. Estos colonos provenían de diferentes países y culturas, aunque todos mantenían algunos comportamientos similares: prepotencia, agresividad y distanciamiento. Hacían todo lo posible por acosar y ahuyentar a los árabes que encontraron en Palestina. Aquel aire de superioridad hiriente era expresión de la mentalidad con la que llegaron.

El sionismo, para convencer a los colonos, sostuvo el engaño de que el territorio palestino estaba desierto y que ocuparlo sería una empresa fácil; pero al darse cuenta de que en esas tierras había habitantes locales, dijeron: "Palestina será nuestra y solo nuestra desde el Mediterráneo hasta el Jordán, y todo aquel árabe que viva en ella tendrá que acostumbrarse a vivir en un país ajeno o simplemente se irá". Algunos judíos que también residían allí, en cordial relación con sus vecinos árabes, intuyeron el conflicto que se avecinaba y decidieron emigrar antes que participar en el venidero acto criminal de ocupación.

Siempre han existido comunidades judías en los países árabes y es una verdad histórica que han vivido en ellos con plenos e iguales derechos de ciudadanía respecto del resto de la población nativa, y su culto religioso ha sido respetado. Durante esa época, acontecimientos terroristas se coordinaron para trastocar y oscurecer este cuadro tradicional de armonía. El sionismo político, con su prédica racista y su típico apartheid, arrancó a los judíos de los países donde vivían prósperos y seguros y los obligó a emigrar a Israel. Las potencias europeas, que ejercían su dominio colonial sobre los países árabes, utilizaron a los judíos con astutas concesiones y privilegios, y cuando se resignaron a la evacuación, los ataron a su carro, provocando un éxodo en masa.

Esto únicamente trajo infortunio a los judíos que cedieron al engaño y a las presiones. No hay cifras exactas respecto al número de judíos en el mundo árabe. Sin embargo, el informe de 1946 de la Agencia Judía al Comité Angloamericano de Encuesta indicó que la población judía era: en Egipto, 75 mil; en Irak, 120 mil; en el Líbano, 6 mil 700; en Siria, 6 mil; en Baréin, 400; en Yemen, 12 mil 200; en Libia, 14 mil; en Túnez, 100 mil; en Argelia, 120 mil; y en Marruecos, 246 mil.

El 1.° de mayo de 1921, en el transcurso de varias marchas obreras, estalló la primera manifestación árabe contra el sionismo —¿quizá se pudiera decir que se trataba de la primera intifada?—, aunque duró muy poco. Inglaterra, que actuaba como mandataria de la Sociedad de Naciones (predecesora de la ONU) sobre el territorio palestino, se encargó de reprimirla. Apagó las llamas de la primera revuelta, pero la tensión se mantuvo atizada por la llegada de nuevos colonos. Así, la buena convivencia entre los antiguos pobladores árabes y judíos se quebrantó y, acto seguido, se abrió entre ellos un abismo insalvable que aún en el siglo XXI se mantiene repleto de eufemismos, maniqueísmos, falsedades y manipulaciones.

En Palestina, entre 1936 y 1939, se prendió la primera guerra altamente violenta y desigual entre habitantes árabes y los sionistas. El conflicto bélico fue frenado sin contemplaciones por un grupo de sionistas que estaban bien organizados y mejor armados que los palestinos al contar con el apoyo de un ejército de 25 mil soldados de Inglaterra. La crueldad que los ingleses y sionistas exhibieron contra la población civil sigue siendo un hito en la historia de las represiones mundiales. Muchos de los métodos infames que hoy practican los israelíes contra los palestinos son una versión corregida y exagerada de lo que aprendieron de los ingleses y, posteriormente, de los nazis.

Después de la creación del Estado de Israel, el 14 de mayo de 1948, se configuró la alianza con el imperialismo estadounidense, que con el tiempo se transformó en "relaciones especiales" entre Tel Aviv y Washington. Los sionistas en el poder violaron la resolución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la partición del territorio de Palestina en uno judío y otro árabe; esto, para todos los pueblos del Cercano Oriente, dio lugar a un largo período —que todavía continúa— de enfrentamientos, conflictos y guerras, con los consecuentes desastres, calamidades y sufrimientos. El Estado de Israel cumplirá en mayo del presente año 78 años, manteniendo su frenesí y arrogancia patriotera ante sus seguidores, compréndanlo o no, lo deseen o no.

Israel no obtendría el estatus de socio "especial" de Estados Unidos si en dicha política exterior no se previeran para él funciones específicas en la realización de los planes imperialistas de la Casa Blanca. En fin, el Estado de Israel es un bastión del mundo occidental en el Cercano Oriente que permite torpedear la creación del Estado palestino. Los sionistas aducen tradicionalmente el fantasma del antisemitismo y el Holocausto nazi para cometer crímenes de guerra; podemos ver cómo se llevan a la práctica genocidios en la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, Líbano, Siria, Libia, etc. Desde hace un par de días, Israel ha desplegado acciones militares con EE. UU. en Irán, causando el asesinato del líder supremo de la República Islámica de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, y la muerte de 175 estudiantes, entre otros hechos.

La comunidad internacional acogería con mucha satisfacción la captura de los sionistas y fascistas criminales de guerra que se burlan de la justicia contemplada en los Estatutos de la Corte Penal Internacional (CPI), y cuya impunidad es una puerta abierta al crimen.

 

J. J. Álvarez


Noticias Relacionadas