Memorias de un escuálido en decadencia | Chile

14/03/2026.-  ¡Volvió, volvió Pinochet al poder! Y allí estuvo nuestra premio Nobel de la Paz y primera combatiente de la oposición, la verdadera, la rabiosa, como nos llamamos a veces entre nosotros, porque, carajo, cogemos cada arrechera que no estamos para soportar esa vaina. La última arrechera fue la del reconocimiento a la dictadora del compañero y amo del mundo, Trump; nos dejó con la boca abierta y viéndonos la barriga. Eso no se hace. Menos mal que el compañero Trump no le para al derecho internacional un carajo, porque eso nos da un fresquito, pero ¿estaba tan necesitado de tener relaciones internacionales con la dictadura?, parece que sí. La preocupación nuestra es que no sabemos qué carajo hacer ahora con el compañero Edmundo —Fracturado— González. Además, por lo visto, con ese reconocimiento todo el mundo se enteró de la farsa que montamos con el peo de las actas y el triunfo de Edmundo; es decir, que no ganamos un carajo. La vaina es para arrecharse, y fíjense en este detalle: nosotros, que queríamos gobernar con el compañero Trump, ahora sucede que el compañero Trump está gobernando con gente que no quiere gobernar con él. Lo mejor es que gobierne con nosotros y le prometemos que vamos a ser más serviles y adoradores que Javier Milei, que ya es bastante, porque ese carajo jala y jala hasta que el compañero Trump se lo quita de encima.

Pero es mejor que volvamos a Chile. El compañero pinochetista corazón adentro, José Antonio Kast, asumió la presidencia de Chile y casi nadie se enteró porque llegó nuestra compañera María —Súmate— Machado y todo el mundo se puso a mirarla y a gritarle vivas y vivas, hasta que ella misma dio la orden de que se fijaran en el compañero presidente de Chile, y que después ella daría una rueda de prensa, y así fue. En la rueda de prensa, declaró, afirmó y dijo más o menos así: “En cualquier momento voy a Venezuela, por ahora —esa palabrita— voy a visitar a nuestros aliados para seguir luchando por la paz y la libertad de nuestra patria (aplausos a todo vapor). Al único que no voy a visitar es al comunista Pedro Sánchez, porque negó el uso de las bases para que el compañero Trump disparara desde allí contra la dictadura de Irán, pero tarde o temprano tendrá que pagarla”. Un tipo desde el fondo, a la derecha, gritó a voz en cuello: “Te odiamos, Pedro”. Es decir, la compañera está triunfando en el exterior, pero donde queremos que triunfe es aquí. Y por lo visto el compañero y amo del mundo, Donald Trump, en esos diez minutos que ella misma le pidió que la atendiera —“por favor, por lo que más quiera, presidente, no se olvide que yo le regalé mi premio Nobel de la Paz”—, le dijo que no se presentara en Venezuela porque no tiene nada que hacer allí, y “allí nadie te respeta, y es la segunda vez que te lo digo”, así dijo uno de la prensa contraria a nosotros, que son pocos, porque a casi todos les pagamos para que digan lo que nosotros les decimos que digan. Así que nuestra líder nos envió un mensaje para que no se nos ocurra pensar en otro candidato que no sea ella. Ese Márquez que anda por allí no tiene nada que ver con nuestras luchas guarimberas. Estamos con la compañera María —Súmate— Machado rodilla en tierra, perdón, hasta el final.

El papá de Margot vio la toma de posesión del compañero José Antonio Kast en Chile y dijo: “¡Carajo!, ¡tan fácil que olvidó la gente las torturas y los asesinatos del compañero Pinochet! Ahora uno de sus muchachos llega al poder; es que a los pobres nos gusta que nos jodan. Olvidamos las vainas muy fácilmente; debe ser que no comemos completo, porque eso no se entiende de otra manera. Yo soy opositor, pero no olvido las vainas”. Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina salió gritando: “Nos están bombardeando otra vez”.

—¿Quién le dijo que yo era risa siempre y nunca llanto? —me pregunta Margot.

 

Roberto Malaver 

 


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