Palabras | Los ángeles del final

A Lorena Villegas, David Arráez y Luis Cedeño.

 

Pa qué luz, si es de noche.

Etnia del Amazonas

Cementerio de Canaima

 

12/03/2026.- La última teoría, extraída de la arqueología del cielo, sobre el origen del planeta, también tiene nombre de película vaquera: Bin Ban. Esta metáfora del caos, comprobable difícilmente jamás, que sustituye a Dios como creador del universo, refiere una gran explosión. Visualmente, se trata de la probabilidad de un gran sol desquiciado en el cosmos, esparciendo gran cantidad de partículas cargadas de energía que dieron paso a la materia, a los átomos. Estos teóricos, de imaginación retrospectiva, tal vez proyectaban no la génesis, sino las profecías de los ángeles caídos. Es el mismo caos del recalentamiento global, de la capa de ozono, las intervenciones con fines militares del cielo, las guerras de la sed y el fin del mundo.

En la participación protagónica de Dios en la Biblia, este dijo "que haya luz" y hubo luz y nació el día primero. Luego, colocó en el firmamento lumbreras para separar el día de la noche, y diseñó la luna, las estrellas y el sol. Igual, antes y después de Dios: un caos. El séptimo sello del Apocalipsis ennegreció el sol, la luna y todo se desquició. Los ángeles entonces derribaron el sol sobre la tierra, hirieron la luna y las estrellas y todo nuevamente se oscureció.

Probablemente, se estaba hablando de lo mismo, unos con un lenguaje científico, otros con un pensamiento mágico y palabras de la divinidad.

En 1935, Manuel Ramírez, diputado nacional, visitó Tierra del Fuego a fin de constatar diversas denuncias sobre lo que él llamó "la Ergástula del Sur", presidio de Ushuaia, celda segura ubicada en los extremos de la Patagonia. Era un lugar de reclusión donde internaban a los transgresores pobres y luego a los obreros disidentes del gobierno de turno en Argentina. Utilizando el insoportable frío, la incipiente alimentación, las diversas torturas y el aislamiento, lograron destruir la vida de incontables hombres sin dolientes, cuyos delitos no alcanzaban la suma del salario de sus custodios. Los hallazgos hechos por el diputado Ramírez fueron consignados en la Cámara de Representantes de la nación. Se hicieron los correspondientes juicios, las penas fueron leves y la mayoría de los casos prescribieron con el tiempo. Doce años después (1947), la Ergástula del Sur fue clausurada, aunque no por el informe de Ramírez.

Mucho tiempo antes, por estas mismas praderas de suelo enriquecido, rodeadas de selvas y montañas, andando por el año 1869, el pastor inglés W. H. Sterling eligió a Ushuaia, Bahía del Viento o Bahía Tranquila, en código indígena, para instalar una misión religiosa, a fin de convertir a los indios onas en cristianos. Expropiadas sus tierras, su cultura, sus espacios de comunión con el sol y la luna, la mayoría sucumbieron asesinados. Una libra esterlina por sus dos orejas; posteriormente el mismo precio por su cabeza. De quinientos que se suponían vivos, todavía andaban huyendo (en 1935) sin que nadie los persiguiera. La misión (otra, por supuesto) fue cumplida.

De estos horizontes, que en otro tiempo divisaron desde sus posesiones los originarios del lugar, aún con su carga de espanto, sobrevive la génesis del mundo. ¿Mito o ficción? No lo sabemos; no hay fuente segura según la cual se da origen a la vida en el planeta. Se precisa, por las palabras que trae el viento del Sur, una nave forrada interiormente de naturaleza que, como el arca de Noé, cargaba de todo. Con el transcurso de los tiempos y por diversas investigaciones arqueológicas de ciertos argonautas, se constató que no venían exclusivamente a este planeta, sino que habían tenido un accidente. Resulta que, de una de sus novedosas características, la energía, cuyo fenómeno consistía en que se retroalimentara circularmente del combustible que perdía, se agotó, ya que, en honor a la ley de las probabilidades (una en mil millones), cumplió su ciclo. Se comenta que la nave era circular y brillaba como un sol.

Un poco más acá, en el Perú, en una región nombrada Machu Picchu, Valle del Cuzco, los antiguos incas escenificaban una ceremonia que versaba en idolatrar reiterativamente al sol para que regresara. En el África, citas de historia antigua definían el surgimiento de las tribus nómadas como ceremonias donde se perseguía el sol en su ocaso por miedo a que se fuera y no volviera nunca más.

El indio Seattle, en el año 1855, es invitado por el presidente de los Estados Unidos a que los indios vendieran sus tierras a los colonos blancos y que ellos se fuesen a una reserva. En carta que dejó a la posteridad, informaba que el presidente de los EE. UU. quería comprarles las tierras con todos sus muertos, incluyendo el aire, la luna y el sol. No vendieron. No fueron escuchados y su pueblo no sobrevivió. La compraventa solo quedó como testimonio de una de las primeras intrainvasiones hechas por el gobierno en su mismo suelo norteamericano y del mensaje de lo que en el futuro estaban dispuestos a realizar para hinchar su geografía. Allí, con tal actitud, inauguraron la compraventa en su territorio o la acción de quitar por la fuerza todo aquello que oliera a originario, llegando en el transcurso a perfeccionar la tragedia que comenzó aquella vez cuando se develó el fuego. La denuncia quedó marcada para siempre. "Mis palabras son como las estrellas: nunca tienen ocaso", dijo Seattle, y ha sido cierto; permanecen como uno de los remordimientos más desquiciantes que oscila reiteradamente en la memoria histórica de los EE. UU.

Narran que un magnate norteamericano, que, por sus múltiples ocupaciones, nunca había salido de su nación, se extravió andando en su helicóptero. Al consumirse el combustible, cayó en territorio originario del Amazonas. Los indígenas se percataron del accidente y corrieron a rescatarlo. El magnate, al verlos, fue presa del miedo, pasando por su mente, en la normalidad de su ignorancia envuelta en su único conocimiento de este lado del mundo: "Si son indios, son caníbales". Inmediatamente, comenzó a lanzarles enlatados. Los indígenas de esa tierra sagrada de la ancestralidad, que en gran parte por el turismo hablan varios idiomas, leyeron el contenido de las latas: "Carne para perros". Al instante, cambiaron de intención y, en vez de ayudarlo, comenzaron a estrangularlo. Cuando el potentado ya no resistía más, casi en la agonía, divisó al amanecer un hermoso sol que aparecía tras el follaje, y pensó con malestar para sus adentros: "¿También sale el sol para esta gente?".

En la década de 1980, nos llegaba una noticia internacional donde se informaba que un poeta chileno quería comprar la luna, ya que, según él, no pertenecía a nadie, y no aparecía ni siquiera como ejido del municipio donde vivía. A partir de ahí, otros han querido comprarlo todo; también el sol.

En el primer semestre de 2005, los EE. UU. disparan a un cometa cargado de energía solar; el proyectil dio certeramente en el blanco, produciendo un cráter de grandes proporciones, escupiendo partículas al espacio sideral. No sabemos aún si alguna vida extraterrestre fue desalojada por una prepotencia norteamericana, mas el costo de la operación se cuenta en millones y millones de dólares. Lo cierto es que, desde Londres, una estudiosa de la astrología amenazaba con demandar al gobierno norteamericano por tal hecho. La razón era que la herida hecha al cometa había alterado su horóscopo.

Aunque los primeros pobladores de este mundo no tenían muchos intereses con respecto al éxito en la vida, el amor y la felicidad que definen las corporaciones internacionales (apartamento con alta tecnología, camioneta último modelo, calzado y prendas de vestir de marca exclusiva, joyas, perro y dinero en el banco), desde que se descubre el fuego, comienza también para ellos la batalla por la luz, la guerra por no dejarse quitar el territorio y el sentimiento habitado naturalmente en su cosmovisión.

La aurora boreal es uno de los acontecimientos del planeta más poéticos que ojos humanos puedan contemplar, si tienen tiempo. Emerge en los confines del hemisferio norte, cuando protones y electrones hospedan la magnetósfera terrestre, desechos sobregirados de radiación cósmica que intentan visitarnos desde el espacio, donde seguramente se dio el origen de los colores. El choque de protones y electrones con moléculas de gas de la atmósfera produce una activación que se transforma en una luminiscencia que se irradia de una vez en la ionósfera, la copa más alta de la atmósfera, el sublime empíreo (tal vez el lugar donde también descansan los dioses de la imaginación, ante tanta miseria humana), produciendo majestuosos destellos hermosos de siniguales variaciones verdeazuladas.

Sin embargo, lo acontecido en marzo de 2004 en Alaska no se relacionaba con los desarrollos físico-químicos naturales del sol de las auroras. La pequeña maravilla boreal fue un clon artificial, producido supuestamente por un accidente de un proyecto oculto que buscaba manipular el sistema atmosférico con fines militares. La revista científica Nature, de marzo de 2004, anunciaba que científicos norteamericanos crearon una aurora boreal artificial, a cien kilómetros de altitud, que fue apreciable a simple vista. El programa Haarp, dirigido por la Air Force Research Laboratory Space Vehicles Directorate, es el más grande campo de antenas jamás visto. En realidad, también es la radio más potente del mundo, cuyas ondas no solo calientan experimentalmente la atmósfera, sino que alteran efectivamente las comunicaciones y el clima en cualquier lugar, afectando a todo ser existente en su radio de acción. Sabemos que la exclusividad de la energía ha sido históricamente una preocupación sin límites para los países poderosos.

Primero la leña, que terminó haciéndose lejana a la carencia de transporte. Luego el carbón con que tiñeron los cielos y lloraron los ojos de los pueblos. Hoy, 29 de julio del 2005, las grandes potencias andan enloquecidas en busca de una energía alternativa a los hidrocarburos; es más, la preocupación se ha tornado en dolor de cabeza, puesto que sin energía, no hay imperio que valga. Miles y miles de investigadores y analistas ya han concluido que el petróleo —bien natural no renovable— estará tocando fondo. La curva de Gauss baja de cabeza estrepitosamente por el lado de su columpio derecho. Esto, a causa de que el consumo irracio-anal de esta mina negra no puede sostener con lo que queda el confort de los glúteos y la intimidación internacional del imperio norteamericano. Menos, si sumamos a los nuevos tragapetróleo: la China y la India. La Estadística de Energía Mundial del 2004 refiere que, de 1975 al 2003, aumentó la ingesta de petróleo, gas, carbón, electricidad nuclear e hidroelectricidad en un 152%. En los mismos 28 años, la China aumentó su obsesividad por la energía en 1.047%, creciendo cada año por encima del 2.5%. Nada más los EE. UU., con vehículo y medio por 108 personas, consumen por encima de la mitad la gasolina que produce el planeta. La ciudad de Las Vegas, con su casino, garito de la felicidad norteamericana, ejemplo extremo, no difiere nocturnamente en claridad de la luz del día.

En Venezuela, se contabiliza que hay petróleo para doscientos años, pero si lo consume Venezuela. O se vende lo más rápido posible para ir transformando el país en uno con energía sencilla, donde simplemente no se compita con nadie, ni mejor ni peor; donde haya comida que comer, vestido que ponerse e ideas para un crecimiento espiritual como pueblo; o nos forjarán la guerra para arrebatar los chorros del diablo y los brillantes del sur. Se estima que, en el transcurso de diez años, comenzarán los atisbos de la materialización del colapso. De no encontrarse una fuente de energía urgentemente, “la buena vida del imperio”, de los países desarrollados y las naciones que sueñan ser como ellos, comenzará a sufrir lo que sufrieron los muertos del capitalismo. Para entonces, los centros comerciales, los bancos, los hoteles, las mansiones y pare de contar, no serán más que ruinas turísticas contemporáneas, donde tal vez sirvan para fundar los nuevos centros de acopio de alimentos, huertos organopónicos o pasivos gubernamentales.

No obstante, las superpotencias siempre tienen un segundo plan; los demás, que observen por los televisores de kerosén al reactor experimental de fusión nuclear ITER o el Sol Privado. Luego de años de investigaciones teóricas y después de meses y meses de discusiones obstinadas sobre la sede del experimento de este proyecto, los seis socios, archienemigos y amigos históricos del mundo unipolar y multipolar (los EE. UU., la China, la Unión Europea, Rusia, Japón y Corea del Sur), quienes se hacen llamar “la comunidad internacional”, firmaron una declaración donde seleccionaban a Francia como el territorio trasero donde se llevaría a cabo el intento de materialización de este proyecto: copiar el sol en una maqueta de laboratorio. El costo: diez mil millones de euros, en un primer momento. El tiempo: un poco más de treinta años. Según Alexander Rumyantsev, jefe de la Agencia Federal Rusa para la Energía Atómica, "ITER simboliza la ambición concentrada en estudios de muchos años, la promesa de obtener energía limpia e ilimitada". La réplica en miniatura respecto al tamaño real del sol (1 millón 300 mil veces más grande que la Tierra) consiste en desmontar las características de funcionamiento del astro rey, el mayor generador de energía termonuclear, producto de la conversión de hidrógeno en helio, con una temperatura de quince millones de kelvins (unidad de medida termodinámica).

Por otro lado, y como es de esperar, informes confidenciales dan a entender que es muy posible que los EE. UU., aparte de estos socios eventuales, desarrollen un tercer plan; una carta oculta, como siempre. Se trata de una segunda maqueta: reproducir el sistema solar, es decir, copiar en el laboratorio el sol donde gravite la tierra y los demás planetas que conforman el sistema solar. El objetivo: intentar retrasar el ocaso del sol por dos horas en suelo norteamericano. Si el experimento sale bien y no pasa nada extraordinario del lado de su territorio, entonces probarán detener el sol para siempre en los EE. UU., y así garantizar, exclusivamente, el confort y los dones de su sistema democrático.

Para entonces, ni Vasallos del Sol ni el Sol de los Venados. El equinoccio desde la correa del mundo ya no garantizará la igualdad de los días y las noches. El solsticio de verano no nos alargará más el tiempo de la vida. Quizás quedaremos a oscuras en esta casa tan sola y no podré ver nunca más tu larga cabellera y grandes ojos negros, menos ver nuestro cálido abrazo cuando te reciba de regreso con la mayor de las alegrías del mundo, por las tardes. El pájaro oscuro de la noche dirá adiós a estos días hermosos que también fueron nuestros, que similarmente pertenecían al pueblo, el del piel roja, el de los indios onas, el de los incas y su irresoluble ceremonia, el de los nómadas con su camino inútil, el de Bagdad y las mil y una bombas, el del amor que no será posible y que no alcanzaron a ver ni sentir los tristes y olvidados muertos de Ushuaia.

 

Carlos Angulo

 

Referencia:

Angulo. C. (2005). Los ángeles del final. Ediciones Proyecto Sueños/ El Cayapo.


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