Micromentarios | Mi Teresa no es igual a Mafalda

11/03/2026.- Desde que en noviembre del año 2000 entró en circulación la primera edición de Teresa, mi conocido libro de cuentos para infantes, gran cantidad de personas han comparado a su protagonista con Mafalda, la niña creada por el gran dibujante argentino Quino.

En realidad, no fue entonces cuando surgió tan desatinada comparación, sino antes, en 1998, cuando dicha obra obtuvo la Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, del Ateneo de Valencia.

La primera persona que comparó a ambas obras protagonizadas por niñas fue, precisamente, un miembro del jurado de ese concurso. Este, de la misma nacionalidad de Quino, se negó a premiar mi obra, por considerar que mi libro era un mal plagio de Mafalda. Por cierto, no sé qué quiso decir con "mal plagio", ya que no creo que exista uno bueno.

Dicho jurado salvó su voto —mi triunfo fue por mayoría, no por unanimidad— y recomendó como ganador un cuento de un amigo que, lamentablemente, tenía algunos defectos de redacción.

En dicho concurso, tuve la fortuna de que las otras dos integrantes del jurado comprendieron que Teresa era distinta a Mafalda, y le concedieron el premio.

Pero luego, en los últimos 25 años y a cada rato, me he topado con personas que me dicen, como si con ello me elogiaran:

—Teresa es nuestra Mafalda venezolana.

No coincido con ello. Teresa es Teresa y Mafalda es Mafalda. El que ambas sean niñas no quiere decir que sean iguales. El que ambas sean inteligentes y lo expresen no quiere decir que sean similares.

La comparación entre Mafalda y Teresa la estimo absurda, dado que solo demuestra una cosa: que no han leído bien —o comprendido— a Mafalda, o no han leído bien y/o comprendido a Teresa.

Quien considera que mi personaje es un calco del otro, manifiesta que su comprensión lectora está en pañales. Mafalda exhibe su inteligencia con comentarios que, en su mayoría, son de índole social y política. La idea de Quino era presentar las verdades del mundo en boca de una niña, habida cuenta de que son los infantes los principales depositarios de la forma como se percibe el entorno.

Mi idea, en cambio, era y sigue siendo mostrar que aquello que dicen los niños —hembras y varones— es interesante y no cositas sin sentido, como señalan algunos padres y madres para quienes cuanto expongan sus hijos carece totalmente de valor. Teresa reivindica el habla infantil y ese es su propósito, algo muy distinto al de Mafalda.

Me parece demasiado simplista confundir a una con la otra y, como ya señalé, tal comparación solo demuestra la carencia de una verdadera capacidad de comprensión lectora.

 

Armando José Sequera


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