Psicosoma | Mujeres adultas mayores
Salir a marchar me energiza y nunca claudico.
Magdalena Quiroga
A Kattia Castro
10/03/2026.- Esperar festivales, onomásticos y fiestas tradicionales es de tanta alegría como las marchas y, en especial, para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Ante la guerra presencial, física y psicológica o las que llaman guerras asimétricas de cuarta generación, la resistencia con alegría, risas, amor y reencuentros es el mejor antídoto. Ya lo decía el poeta Benedetti, que la alegría, la risa, es un modo de resistencia, y ¿saben por qué? Porque es la fuerza energética grupal, básica del contacto con la gente, como sentir los pasos, descansos, consignas, bailes, tomar agua, los pañitos, bloqueadores, niñas cargadas por sus madres, padres, abuelas con sus nietas, amigos, vendedores de sombreros, pañuelos, agua; los rótulos creativos, las mujeres pintadas de color rojo, las diablitas, las imágenes de misóginos, pedófilos...
No hay cansancio en la danza larga del caminar bajo el ardiente sol; las ropas se airean al viento dulce, algunas paradas lentas eran huequitos para correr al baño y atisbaba miradas desde un altillo al ver ondear morado de ¡cuadras kilométricas!
Desde la salida del Parque Central a las once de la mañana, con la manta inmensa cargada por nosotras, feministas en resistencia, hacían más resilientes las compañías; somos disciplinadas al canto amoroso del trato respetuoso, y me siento en el grupo como si estuviera en casa con la familia, con el cuido de la amiga preciosa Sylvia, que me lleva desde mi hogar al centro de San José.
Asumir la marcha me produce contentura y, más el subir a la tarima; me despierta de un largo letargo, a compartir la lectura del párrafo dedicado a las mujeres adultas mayores, que por vez primera fue incluido en el Manifiesto que se compartió a la escucha reflexiva de 17 páginas y lo muestra Paola Valverde, joven mujer valiente y la que dirige el evento Vivi. Es una espectacular guerrera.
Un día antes participé en la invitación de la amiga Yolanda Bertozzi que me hizo para leer y, realmente, fue casi automática mi aceptación, ya que la admiro desde que la conocí en la Feria Internacional del Libro en Pedregal, Heredia, a cargo del puesto de ACE, donde vendía sus libros, que se agotaron... Le agradezco por esa confianza y me honra en la "fiesta inolvidable" al recuento de mi vida en tarima, a la cual no me montaba desde hace siete años y entro en déjà vu por las marchas y tarimas en Venezuela, con mujeres lideresas, hombres feministas, en campañas políticas, académicas, festivales, lecturas... Se hicieron tan reales al tomar el micrófono y ver a la muchachada; me sentía volar, ágil, sin tiempo, los años desaparecían, también los dolores, enfermedades... Mi cuerpo se dinamiza, se dinamitan pasiones, esperanzas y no hay nada más poderoso que las fuerzas amorosas; es la erótica humana, las mujeres somos el fuego, "vola vola, volare".
Ya había escuchado a todas las chicas con sus peticiones, era la penúltima y me consigo al ver desde la tarima a mi "hermana del alma" Kattia Castro, poeta, cantautora, invidente, con un letrero mediano y la bandera; nos habíamos puesto de acuerdo hace días para almorzar después de la marcha, pero fue imposible encontrarnos... La veo de frente en pleno sol y bajo rápidamente y le digo que me espere...
No sabía que era la penúltima y espero en fila a que me llamen. Siento la respiración honda; con voz ronca comienzo a leer. Con energía subía la voz y oía los aplausos. Cuán invisibles son los lazos del amor en plena tarima, con cabezas de muchachos, muchachas, con canas y blanquecinas; vamos y somos humanas al calor de la Batería de Poetas Avanzadoras, voz en cuello con las lanceras de Monagas, en plaza del Estudiante, plaza Siete, del Indio... Euforia inevitable en mis pies alzados, en una transportación en vida con almas rugientes; solo nos confirma todo el tiempo que debemos exigir mejorar la condición humana.
Toda la vida es una lucha continua y quizás algunas caídas me motivan a salir nueva y amante de la vida; no hay pérdidas, es la "pedagogía del amor". Probablemente, en los cambios o metamorfosis permanecemos. No pretendo la eternidad y, cómo duelen los cambios del tiempo, las monarquías, imperialismos, absolutismos. Estos se derrumban y, mientras, las madres ancestrales nos abrazan y soplan al oído con fuerza libertaria, paz y justicia social. Aún me resuena al leer la frase: "Somos mujeres adultas mayores", invisibilizadas; es una crueldad que nos borren o boten cual chunche o coroto en plena lucidez, experiencia e inteligencia cognitiva, porque la "terquedad" y rebeldía nos azuzan a salir "frescas como una lechuga" y a nunca ceder a su metro cuadrado de comodidad. "Señora, no sea indiferente; nos matan en su cara". Aportamos a la sociedad y seguimos, "tu lucha es mi lucha", a pesar del maltrato social, con redes, asociaciones, clubes... Es cruel que las hijas o hijos en las fiestas decembrinas nos encierren o abandonen en hospitales.
Las mujeres adultas mayores tenemos derecho al erotismo y a la sexualidad; la vida se cultiva con el goce, el placer al paladear un buen vino; vivo en la sabiduría de "la vida es bella".
El caudal amoroso de más de la mitad del mundo late en nosotras y seguimos con alegría vital, "a malos tiempos buena cara" y "Nunca más" para que nos quieran "calladitas, más bonitas".
Rosa Anca
