Araña feminista | Resistencia creativa de las cubanas
09/03/2026.- Es muy difícil escribir de Cuba y sus mujeres desde Venezuela y siendo venezolana. ¿Qué les podemos decir a ellas que no sepan? Quizás lo único que les podemos decir es que nosotras hemos pasado por lo mismo y sabemos un poco lo que se siente. Sí, solo un poco, porque ustedes, hermanas cubanas, han resistido por mucho más tiempo al bloqueo, la guerra económica, a los ataques de la guerra cognitiva y un largo compendio de ensayos macabros de armas y tácticas, todos vanos intentos de obligarles a doblar la rodilla. Y sí, claro, hay diferencias.
Aquí, como allá, las mujeres son la primera línea de defensa de los cuidados de la vida en las familias y comunidades. En mantener en pie la vida cotidiana les ha tocado duro, porque no es solo Trump y su empeño en hacer a su América grande a costa de la sangre de toda Nuestramérica, es también la crisis climática.
Cada año las temporadas de huracanes en el Caribe son más largas y violentas (aquí en Venezuela sentimos un poco lo que esto significa); los territorios insulares son los más castigados; en el mundo, muchos de ellos ya empezaron a desaparecer. El año pasado, 13 tormentas recibieron nombre y el huracán Melissa tocó tierra cubana.
Eventos climáticos extremos son parte del menú impuesto por la crisis climática creada por un sistema económico, político y social en permanente contradicción con la vida misma. Este mismo sistema, cuyos abanderados como Trump o cualquier otro presidente de EE. UU. desde 1962, pretenden perpetuar sometiendo a medidas coercitivas unilaterales a Cuba y al resto del mundo, a leyes que rompen y vulneran el derecho internacional, tanto como supuestos principios sacrosantos del capitalismo, como el mismísimo libre mercado. Así que tenemos a una Cuba sitiada económica, financiera, energética y hasta militarmente desde septiembre; la amenaza flota en el Caribe y se volvió casi una certeza después del 3 de enero.
Cuando el desastre golpea, las mujeres están en primera línea. No solo cuidan de sus familias, sino que extienden su ayuda a quienes lo necesitan. Cocinan para brigadas, atienden a niños y niñas, ancianos y ancianas, improvisan refugios y muchas veces lo hacen sin recursos, pero con una voluntad inquebrantable, y siguen liderando con esperanza y acciones en la reconstrucción de los espacios afectados.
Ustedes y nosotras sabemos lo que es la resistencia creativa, esa que nombró Díaz-Canel, pero que tenemos rato practicando. Lo que es mirar al pasado para garantizar el futuro… porque, como oí a nuestras hermanas de Mesoamérica, “el futuro ya fue”. Y esto, lejos de ser una frase fatalista, nos invita a buscar las soluciones a nuestros problemas y dificultades en nuestro pasado, en la recuperación y reapropiación de tecnologías, en mirar atentamente nuestro herbolario ancestral, en convertir nuestras ciudades en huertas para no depender tanto del petróleo para el traslado de alimentos y un largo etc. Esto es construir nuestra soberanía popular sobre la independencia tecnológica, científica, sobre el conocer las potencialidades de nuestros territorios para construir el buen vivir de nuestros pueblos.
La pelea en la Cuba rebelde de Fidel y Vilma Espín no se da solo en lo material; experiencias como la Editorial de la Mujer y la revista Muchachas dan cuenta de esta resistencia creativa. Más de 40 años saliendo, a pesar de la escasez de papel o tinta, de los cortes eléctricos y los fallos de internet, seguimos disfrutando de las publicaciones. Hemos tenido sus números en las manos para estudiarlos y admiramos su capacidad de explorar nuevos formatos en canales de Telegram o WhatsApp, en blogs sobre plataformas que no hacen caso a bloqueos. Pero no solo es de admirar su capacidad para sortear los límites criminales que les imponen desde el imperialismo, sino su compromiso con sacar la nota y construir el feminismo popular. Es así que, a través de las publicaciones, seguimos los debates de la ley de familia, conocemos a los héroes de la cotidianidad cubana, vemos cómo se lucha por los derechos sexuales y reproductivos o contra la violencia machista. Con ellas aprendemos que es posible seguir avanzando, a pesar de la contrarrevolución, los fundamentalismos religiosos y Trump en la Casa Blanca imponiendo su nuevo orden basado en su dudosa moral.
Alejandra Laprea
