Comentarios noticiables | Evitar el estallido de una guerra nuclear...

Para la paz mundial

07/03/2026.- Las frivolidades de la guerra hoy son más visibles que antaño; la paz ha sido dejada a un lado por el belicismo que funciona como un escudo protector de la codicia imperial. La crisis financiera global del año 2008 ha provocado el rápido deterioro de la situación internacional que se sigue imponiendo como una moda. El gasto militar aumenta sobremanera, cuando el mundo no necesita de armas nucleares ni de grandes guerras, sino cómo liberarse de estas. Todo esto, que tiene fuertes perfiles anecdóticos, revela el aspecto económico, el afán de lucro, la corrupción, los fraudes, el despilfarro de los funcionarios de las grandes corporaciones del Complejo Militar Industrial (CMI) de Estados Unidos (EE. UU.), que produce las características y capacidades destructivas del material bélico.

El presidente Nº 47 de EE. UU., Donald John Trump, con su forma de proceder, ha puesto en peligro la estabilidad y la paz mundiales. Él, como representante del Partido Republicano, ha decidido tratar de salvarse de una cercana derrota en las próximas elecciones a medio tiempo (intermedias) en las que la indignación pública opera en su contra. Trump, empresario, showman, conservador y político, tiene un gran atractivo por el sionismo, el nazismo y el fascismo. Como líder de la superpotencia militar hegemónica del mundo unipolar, aspira a mantenerse de pie, mientras que Canadá sueña con reemplazarla. EE. UU. y sus humillantes fracasos militares en Irak y Afganistán solo sirvieron para malgastar billones de dólares. Tras esta debacle financiera en Irak y Afganistán, EE. UU. optó por la acción de sabotaje contra los gasoductos rusos Nord Stream 1 y 2, auxiliado por las Fuerzas Armadas de Ucrania. Una vez cortado el suministro de gas a Alemania, esta se vio obligada a comprarlo después a EE. UU. a un precio triplicado, con el que la nación norteña ha podido paliar un tanto los dólares mal invertidos en Irak y Afganistán.

Dadas las tensiones crecientes en Venezuela y en Irán y la personalidad del presidente de EE. UU., Donald Trump, desde luego no faltan motivos para preocuparse; no es un hombre de luces ni de los más aventajados en la política mundial para que tenga un deseo generalizado de la paz y la seguridad internacionales. Él no entiende que la tolerancia es una actitud activa de reconocimiento de los derechos universales y las libertades fundamentales, que no es lo mismo que concesión, condescendencia o indulgencia.

En EE. UU. Israel y Ucrania están activadas las personalidades más belicosas del planeta. Donald Trump, Benjamín Netanyahu y Vladimir Zelenski, cuyo odio político a Rusia, Palestina e Irán, pretenden hacer prevalecer sobre el sentido de la realidad y, a veces, sobre el mero sentido común. Estos países son una peculiar y fascinante mezcla de pasado y presente, y para comprender su presente es preciso tener cierta comprensión de su pasado. Cuesta trabajo imaginar tan solo la ceguera de estos guerreristas que se niegan a aceptar el hecho objetivo de que un torbellino nuclear, como quiera y donde quiera que estalle, escapará inevitablemente al control y producirá un desastre que afectará al mundo.

Por ello es necesario, en el actual contexto histórico, impedir el estallido de una guerra nuclear, pequeña o grande, limitada o total, ya que los representantes de los precitados países manejan esas posibilidades.

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La movilización que se precisa con urgencia para frenar de una vez por todas el flagelo de la guerra nuclear es pasar de una cultura de guerra a una cultura de paz, lo cual exige la cooperación de todos. Para cambiar, el mundo necesita a todo el mundo.

Para vivir en paz, la sociedad mundial debe velar por la consolidación de un marco de convivencia genuinamente democrático con la participación de todos; no importa la manera de pensar, y sin ignorar las numerosas gestiones, proposiciones concretas y declaraciones precisas que dirigentes como Xi Jinping, Vladímir Putin, Nicolás Maduro Moros, Miguel Díaz-Canel, Daniel Ortega, Lula Da Silva, Gustavo Petro, entre otros, han venido haciendo desde hace años para encontrar la fórmula para la convivencia pacífica y en pro de la congelación de los arsenales nucleares.

La humanidad que capta hoy mucho más la supervivencia, centrada en sus necesidades básicas, su protección social y autoestima, exige que no se repitan más atrocidades y genocidios, como recuerda la conciencia colectiva en Hiroshima, Nagasaki, Vietnam, Palestina, el Donbás, Venezuela e Irán, etcétera.

J. J. Álvarez

 

 

 

 

 

 

 

 


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