Al derecho y al revés | ¿Elecciones para que nada cambie?

04/03/2016.- No me extraña que ahora pretenda que la dejen buscar lo que no tiene: votos, a la oligarca que lleva doce años pidiendo invasiones extranjeras para que soldados de otras banderas derribaran el gobierno de su país, que es más nuestro que de ella, y luego, gratuitamente, la entronizaran a gobernar según sus caprichos un pueblo que, según quien nos declaró la guerra, desde su punto de vista, no tiene apoyo entre los venezolanos.

Míster Trump está claro más allá de sus abusos: lo que vienen llamando en Venezuela “la oposición” no ha sido nunca mayoría, salvo en las parlamentarias del 2015, cuando afloraron sus problemas originales, que no solo son la falta de programa para el país o simple ideología, porque el oportunismo no lo es; es que si en esa jauría aplicara la ley contra el odio, todos estarían al menos detenidos.

Una de las mayores faltas del exfiscal Tarek William Saab fue dejar el cargo sin siquiera abrirle una averiguación a MCM, de manera que la última mentira de la señora es hacerse la víctima porque “no la dejan ingresar al país”, cuando lo puede hacer hasta por Maiquetía, ya que, como señalo, ¡nunca le abrieron siquiera una averiguación para investigar “sus razones” para pedir que tropas extranjeras nos invadieran!

Pero como nunca es tarde para perseguir los crímenes, el nuevo fiscal interino o, en su defecto, la Fiscalía Militar, debe abrir una averiguación a MCM y a todos sus compinches que en el país o en el extranjero han pedido que nos invadan. De otra manera, solo la puede detener un juez patriota y valiente que le abra una averiguación por traición a la patria, dispuesto o dispuesta a pasar a la historia como la prueba de que, a pesar de todo, aquí los poderes son autónomos y se atreven a detener a una descendiente de la Guipuzcoana, a una sinvergüenza que pretende abrigarse bajo la Ley de Amnistía cuando la CRBV no permite perdonar los crímenes a la patria.

Ojo: en eso de hacerse la loca, MCM tiene un posgrado.

Recordemos que, al ser perdonada por el presidente Chávez cuando firmó con mucho orgullo aquel infame decreto de Carmona, enseguida volvió a las andadas.

Y los gobiernos, cuando no se defienden de los delincuentes, terminan mal.

De manera que no solo los poderes del Estado están obligados a defender la ley que en este caso incluye la decencia y el patriotismo; es que la ciudadanía debe rechazar a los mercenarios que con dinero del norte ahora, desde la cobardía de las redes, piden “elecciones ya”, como si el trabajo de enderezar un país invadido fuera cuestión de meses y elecciones con 40 “partidos” inexistentes y con la mayor traidora como candidata.

El final, si los dejan, es cambiar la Constitución por una similar a la de Pinochet y después será tarde para llorar cuando pongan un títere en Miraflores.

Tampoco es, y finalizo, cuestión de “miedo”. Es la decencia que, desde la Constitución y la institucionalidad, está obligada a reparar lo que inexplicablemente no hicieron jueces y fiscales que trabajan con sueldos miserables, como para que se corrompan y nuestro sistema de justicia siga siendo una charada.

Y tal trabajo no se hace de un día para otro y menos con nuestro petróleo confiscado por Trump.

Domingo Alberto Rangel


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