Punto y seguimos | Ninguna alianza es eterna
03/03/2026.- A partir del ataque —en medio de negociaciones diplomáticas— de EE. UU. e Israel contra Irán, con el resultado inicial de la muerte del líder Alí Jamenei y la subsecuente respuesta iraní que ya confirma víctimas estadounidenses, algo parece despertarse en la sociedad norteamericana, al menos desde el poco preciso método de observación y lectura de análisis de medios y redes sociales. Las generaciones más jóvenes, a diferencia de los +50, quienes apoyan sin cuestionar la alianza de su país con Israel, comienzan a preguntarse: ¿Por qué enviamos miles de millones de dólares a un país con salud pública cuando aquí no podemos pagar las clínicas o universidades? ¿Por qué enviamos a nuestros soldados a pelear guerras de otros? ¿No prometió Trump una era de paz y progreso?
Si para los mayores la alianza con el régimen sionista resulta estratégica, fundamental para mantener la hegemonía global de EE. UU. y además moralmente indiscutible, para los Millennials y Generación Z genera cuestionamientos que incluyen dudar de la necesidad de apoyo a una potencia militar claramente superior a la de sus “enemigos” de la zona, que además utiliza sus contribuciones al fisco para masacrar civiles en Gaza. Mientras la vieja guardia ve todo gasto militar como necesario, la nueva parece preocuparse por los temas sociales y de economía local, privilegiando los serios problemas internos de EE. UU. por sobre los intereses expansivos de los israelíes; poniendo el tema en la discusión pública por primera vez, al punto de que es uno de los que pueden ser determinantes para el futuro de las elecciones de medio término del Congreso a celebrarse en noviembre. El apoyo del Congreso a Israel, nunca discutido ni disputado, se mira con otros ojos, especialmente en cierta sección joven del Partido Demócrata.
Objetivamente hablando, es poco probable que la fuerte influencia israelí en la política norteamericana se vea mermada en el corto plazo. El AIPAC (Comité de Acción Política pro Israel) es un hueso duro de roer y sus tentáculos abarcan todos los sectores, y ni hablar del poder sionista en las principales industrias del país, incluyendo la industria cultural; sin embargo, algunos analistas ya hablan del mayor cisma generacional en la política exterior gringa desde la guerra de Vietnam. Parece que el desmadre de Trump, llamando a la muerte “inevitable” de sus propios soldados en un conflicto diseñado por Israel, a miles de kilómetros de territorio estadounidense, con una inversión de dinero estratosférica mientras en el país ni siquiera los hijos de Hollywood se salvan de la ruina para pagar cuidados médicos, está haciendo mella en la opinión pública. ¿Cuál es el beneficio? Se preguntan. Y si bien es una cuestión nacida del egoísmo más que de la conciencia, no carece de lógica. Y puede costarle caro a la administración Trump.
Mariel Carrillo García
