Palabr(a-r)ota | Cien años de luto por Udón Pérez
01/03/2026.- El 24 de julio de 1926, Udón Pérez, de camino a la plaza Baralt, se dobló, leve, sobre sí mismo y por poco cae al suelo. Lo sostuvo Maracaibo. Lo levantaron en vilo y lo llevaron de regreso a su casa. Murió, minutos después, entre los arabescos que embaldosaban entonces las casas del Saladillo.
Su hijo Wintila describió, antes de su propia muerte, el cortejo fúnebre del poeta:
Después llegó la hora del sepelio. Sacado en hombros desde el Palacio Legislativo, donde se había realizado la velatoria, tras el féretro del poeta fallecido se formó un cortejo enorme. La multitud pugnaba por acercarse al cadáver, competía por la oportunidad de cargar por pocos minutos el ataúd, hasta tal punto que no fue necesario a lo largo del trayecto hasta el cementerio utilizar el coche fúnebre. Maracaibo prefirió llevarlo en hombros hasta su última residencia.
Del Palacio Legislativo fue llevado a la iglesia matriz de la ciudad. Allí se realizaron los oficios fúnebres y el cortejo siguió su marcha, pero al pasar por la iglesia de La Inmaculada Concepción, quisieron hacer allí otra estación, y el féretro del poeta entró también a este templo. Abandonaron Santa Bárbara y por supuesto que al pasar por el templo de la Chiquinquirá se alzó un clamor popular exigiendo que el poeta fuese llevado al templo de la patrona de los maracaiberos. Así, como si se quisiese retardar el momento de dejarlo definitivamente sepultado, el cortejo se hizo largo y lento hasta muy entradas las horas de la tarde cuando por fin alcanzaron el cementerio nuevo. Allí se dijeron los últimos discursos, las últimas palabras de despedida, el adiós verdadero.
Pero a pesar de ser muy tarde, resulta que estaba clarísimo como el día. Se presentó el crepúsculo y a las ocho de la noche había aún una gran iluminación en el cementerio.
Era como para pensar que ya que los poetas hablan con la naturaleza como si fuese una persona, no sería extraño que la naturaleza les respondiese. Udón habló con el sol en muchos de sus poemas y pareciera ser que a la hora de su muerte el sol le hubiese respondido.
Udón Pérez fue el poeta de Maracaibo. Reconocido y aún hoy recordado por muchos, su nombre y su figura encarnaban una especie de héroe regional, incluso para aquellos que nunca leyeron sus poemas.
No era la poesía, era el hombre tocado con el aura de la poesía y de la bohemia lo que los marabinos veneraban. Un fenómeno que duró mucho tiempo después de su muerte. Es posible que aún hoy, si se interroga a los viandantes de la ciudad para que nombren algún poeta zuliano, es más que probable que el nombre de Udón Pérez surja con más frecuencia que el de notables poetas cronológicamente posteriores a él.
El 2026 marca los cien años de la muerte de Udón Pérez y no parece que haya, al menos que yo sepa, planes en organismo alguno para conmemorar la fecha.
El regionalismo zuliano suele tener sus fallas y distorsiones. Ojalá que el olvido del centenario de la muerte de Udón Pérez no sea una de ellas.
Cósimo Mandrillo
