Vitrina de nimiedades | De la romantización a la justicia

28/02/2026.- Dejar de romantizar: ese es el mandato cuando la realidad nos cachetea con su crudeza. También es una tarea casi imposible de cumplir, en especial si hablamos de las grandes causas humanas y aquellas prácticas que representan un fin superior, porque nos aproximamos a ellas desde la idealización. Casi todos valoramos la vida, la paz, el amor y afines desde un discurso estandarizado, que se refuerza con vehículos simbólicos como el cine y modeladores de opinión como los influenciadores. Hay, sin embargo, otro sector de la humanidad que no mira con el mismo lente, que no se deja impresionar ni por la serie de streaming más realista, porque descubrió por la vía de los hechos por qué el mundo exige más que idealismo. Las víctimas de la violencia no son solo testimonio de aquello que debe cambiar; también son un examen para nuestra propia visión sobre un mundo vivible.

Si aún puede dudarse del rol interpelador que supone la sola presencia de una persona tocada por hechos violentos, basta darle un vistazo a la noción de justicia que manejamos los llamados "ciudadanos de a pie". Sobre ella tenemos una confianza casi extraterrestre: tarda, pero llega; es ciega, pero cumple; si no se ejecuta en el plano terrenal, hará lo propio en el celestial; no importa si es tarde o temprano, las cosas siempre se pagan… Nuestro imaginario es bastante prolijo en eso de poner en orden las injusticias, quizás porque en el plano terrenal es mucho más difícil. La historia de la humanidad misma tiene pruebas de sobra, así como múltiples interpretaciones sobre el alcance de lo justo: en algunos casos, no llegó o se olvidó de algunas deudas, y eso no lo cambia ni la serie más convincente de Netflix.

Aunque nos cueste aceptarlo, la justicia es mucho más terrenal de lo que podemos soportar. Por algo, se han creado a lo largo de la historia estructuras, modos y mecanismos para tratar de administrarla, aunque la fe siempre siga siendo faro y guía para quien espera lo mejor de la ley. ¿Los desvíos? De eso también hay miles de testimonios porque, al final del día, los devaneos y debilidades del humano no solo causan daño; también torpedean los esfuerzos de reparación.

Este repaso de esperanza y deudas queda incompleto si no ponemos los ojos sobre las víctimas. La Venezuela de estos días, cruzada por la herida profunda del 3 de enero y movida por la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, tiene mucho que hacer al respecto. Si algo solemos olvidar es que la justicia no es mero trámite burocrático. También es acción colectiva; es conciencia y trato con el otro.

Si algo queremos aportar en este momento es la necesidad de reconocimiento a las víctimas, sin relativización. Hablar de ellas en un "diente por diente", donde el dolor de una persona parece valer más que el de otra, en nada ayuda a avanzar como país. Sobre todo, nos impide conjurar las amenazas existentes sobre nuestro derecho al futuro. Esa tarea va más allá de un tribunal. Nosotros, los de a pie, los que estamos más enteros, ¿cuándo entenderemos que también somos piezas para la justicia?

 

Rosa E. Pellegrino


Noticias Relacionadas