Xin chào | Cabeza fría, corazón ardiente
No nos engañemos creyendo que, en lo adelante, todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil.
Fidel Castro
La Habana, 8 de enero de 1959.

27/02/2026.- El desenlace de los acontecimientos del pasado 3 de enero sorprendió a propios y extraños, incluyendo a miles de estadounidenses que, desde mediados del año pasado (2025), ya habían tomado las calles de las principales urbes del imperio, enarbolando pancartas contra el mismísimo Mr. Trump, al grito de "no queremos más rey" ("no kings"). La mecha se había encendido sobre todo en California, contra el ICE, la tropa encargada de capturar inmigrantes mexicanos, colombianos, ecuatorianos o venezolanos.
Nueva York no fue la excepción. Desde el domingo 11 de enero ya se habían reactivado las movilizaciones frente a la estatua de Augustus Saint-Gaudens, William Tecumseh Sherman, en Grand Army Plaza del Central Park South y en la avenida Manhattan, antes de marchar hacia el sur, pasando por la Torre Trump, donde activistas de los Socialistas Demócratas de América de la Ciudad de Nueva York (NYC-DSA, por sus siglas en inglés) marcaron la ruta de los acontecimientos para gritar también contra el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y de la primera dama, Cilia Flores de Maduro. Hasta los alrededores de la prisión MDC de Brooklyn, donde se encuentra entre rejas la pareja venezolana, se han producido protestas y pega de grandes afiches con imágenes de Nicolás y Cilia.
A las venezolanas y los venezolanos no nos extraña la situación que está viviendo la patria frente a esta nueva ofensiva imperialista, porque, sencillamente, desde la primaria, vimos correr el telón de la historia de las y los compatriotas que lucharon por la libertad, bajo el mando de los líderes indígenas, a la cabeza de Guaicaipuro, y del gigante Simón Bolívar, años después.
El hombre de las dificultades
La historia patria está llena de capítulos escabrosos: los veinte atentados que sufriera el artífice de la lucha independentista en el sur de la Abya Yala es el mejor indicador, según relatan el historiador y escritor venezolano Ramón Urdaneta, en su obra La historia oculta de Venezuela (2007), y la película de Luis Alberto Lamata Bolívar, el hombre de las dificultades (2013).
Entre los principales atentados figura lo ocurrido en Kingston, Jamaica, donde el 15 de diciembre de 1815, un joven esclavo, llamado Pio, fue contratado por el agente realista Salvador Moxo para que asesinara al Libertador, quien escapó porque en su hamaca se encontraba durmiendo esa noche su asistente Félix Amstoy, quien falleció tras recibir cinco puñaladas.
La capital de la Gran Colombia fue el escenario de los atentados más críticos en la vida del patriota caraqueño, quien logró escapar de varios asaltos, entre agosto y septiembre de 1828. El principal evento sucedió el 25 de septiembre, en una celada de 59 santanderistas, de los cuales 14 fueron llevados al paredón. Bolívar logró escapar por una ventana para luego refugiarse debajo de un puente cercano, de donde fue rescatado por tropas leales.
Ese atentado tuvo como líder a Pedro Carujo, ícono de la traición durante la independencia. El general valenciano, hijo de españoles canarios, había sido nombrado por Bolívar como máxima autoridad de la Escuela Militar, en Bogotá, donde fue captado por el santanderismo. El traidor fue condenado a muerte, pero luego indultado. Pagó cárcel entre la Nueva Granada y Venezuela, y años después fue amnistiado por el gobierno de José Antonio Páez, durante la Cosiata. En 1835, Carujo apareció implicado en la Revolución de la Reforma, que derrocó al presidente de entonces, José María Vargas. Herido en una batalla, Carujo fue capturado y llevado a prisión. De nuevo fue condenado a muerte, pero la sentencia no se cumplió debido a que falleció en prisión.
La muerte del general cumanés Antonio José de Sucre fue otro trágico capítulo de traición en la revolución, al ser asesinado cuando se dirigía de Bogotá a Quito. Cayó en un atentado planificado por los generales Juan José Flores y José María Obando, uno venezolano y el otro colombiano, quienes conspiraban con Santander en contra de la unión bolivariana.
El malinchismo apareció en el mismísimo comienzo de la humanidad, cuando alguien dijo "eso es mío" para dejar en el recuerdo al comunismo primitivo y darle paso al individualismo que hoy sustenta el capitalismo.
Luis Correa (1943-2010), quien fuera comandante de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) en la década de los sesenta, durante una entrevista relató dramáticamente la curiosa expresión "El hombre es el lobo del hombre", que unos atribuyen a Thomas Hobbes y otros a Plauto, un poeta romano, para referirse a la degradación moral del individuo en diferentes circunstancias.
Se trató de la interpretación que Correa (Comandante Gregorio) le daba a la delación de los guerrilleros Federico Debois (el Francesito) y Melinton Puertola (Carmelo), que ocasionó el desmantelamiento, en 1964, del destacamento Livia Gouverneur de las FALN, con un saldo de 77 detenidos y varios asesinados.
El fantasma de la traición se ha paseado por la Revolución Bolivariana a sus anchas, estimulado por los millones de dólares inyectados por los servicios de inteligencia estadounidenses. Para muestra, sin ir muy lejos, se produjo el golpe de Estado de 2002 y la misma eliminación física de Chávez en el año 2013.
Fueron muchas las conspiraciones detectadas, en Venezuela y el exterior, para eliminar al presidente Chávez, con respaldo financiero desde la Casa Blanca. Finalmente, la componenda para eliminar al líder de la Revolución Bolivariana coronó su objetivo a través de militares que trabajaron en el Palacio de Miraflores, entre ellos el capitán de corbeta Leamsy Salazar y el capitán del ejército Adrián Velásquez junto a su esposa Claudia Guillén, una exoficial de la Marina, quien fungía de enfermera del presidente. Todos estos personajes viven en Estados Unidos, bajo protección oficial, lo cual despeja cualquier duda sobre las sospechas.
Larga es la lista de militantes de izquierda que fueron desaparecidos y asesinados por los cuerpos policiales del puntofijismo, y otros eliminados por encargo de la CIA, como los casos de Alberto Lovera (10 de octubre de 1965), Jorge Rodríguez (25 de julio de 1976), Eliezer Otaiza (26 de abril de 2014) y Robert Serra (1.° de octubre de 2014), entre los miles de rebeldes con causa que fueron asesinados por las bandas armadas de la derecha.
Ángel Miguel Bastidas G.
Consultas
Urdaneta, R. (2007). La historia oculta de Venezuela. Fundur Editores.
Correa, L. (1973). FALN, Brigada Uno. Editorial Fuentes.
