Palabras... | Comunada. Parte IV
26/02/2026.- El individualismo mayor está en lo patronal, que cobra por todos ellos y les deja, quizás, del cien por ciento, un diez por ciento para el total de los que trabajan, sin incluir que trasladar un litro de leche a la ciudad tendrá que ser por las carreteras que hicieron los trabajadores, y entregarlo en la procesadora industrial tendrá que ser en esa misma que levantaron los trabajadores. Cuando se vaya a poner en el mercado, será en el mismo que construyeron las y los trabajadores y allí será vendido, por las y los trabajadores, al montón de patrones y cómodos citadinos. Si acaso el que va a comprar la leche pasteurizada para sus niños es el que ordeñó las 150 vacas, entonces se la venderán mucho más cara que lo que le pagó el patrón por ordeñar la vaca para extraerle ese litro de leche, que, además, será rendido con agua.
Tal vez por ese robo exagerado es que el sistema capitalista tiende, a veces hipócritamente, a poner en práctica políticas sociales para que no se desaten las rebeliones. Con el mismo ticket tomas el metro y puedes llegar a la primera estación o a la última; subsidias el transporte a los y las estudiantes; haces bebible el agua de casi todos; por temporadas colocas vitaminas en la leche ofertada a los niños y niñas, y nos transmites así una sensación de bondad, aunque en el fondo el sistema lo que necesita también es que las y los trabajadores se encuentren más o menos de salud para que no generen pérdidas, y además prosiga sana la gente a la cual explotar. Ojalá que la familia, la escuela y las radios comunitarias hablaran a la niñez de la revolución; sabríamos más de lo que significa conciencia de clase y menos de birretes, y cuando de adultos nos tocara luchar, defenderíamos lo que significa ser pueblo por encima del sueño americano. Por otro lado, ninguna educación capitalista es neutral; te prepara para la sumisión y aceptación de lo que te ignora y que debes ignorar. Te educa para mirar por encima del hombro o por debajo de los lentes.
Más de cinco millones de empleados públicos educados comen sin sembrar una mata y todavía se quejan. Igual los patrones, gerentes y profesionales de cuello blanco —estos últimos supraeducados— son los mismos que ordenan los arboricidios, desvían los ríos para sus haciendas o los contaminan con múltiples químicos comprados al depredador mayor (EE. UU.), que nos ha vendido hasta su forma de caminar. Por eso nos coloca alfombra roja para que la pisemos con sus zapatos último modelo, que acabamos de comprar en el nuevo centro comercial, cercano al barrio. En este tiempo de crecientes conspiraciones, hay que soñar con un solo ojo mientras el otro vigila. Nada es al azar. Así vemos cómo las universidades del Vaticano también gradúan hijos de Dios en sus conventos, hacen las pasantías en las calles de los barrios y no en las avenidas de los ricos, y terminan dirigiendo nuestra vida espiritual desde la diversidad de iglesias de la injerencia, sin importar su tendencia, diciéndonos que no votemos porque es malo. Conspiran y atacan por cada flanco débil, ¿o es casual que de la noche a la mañana capten una oveja y le financien una iglesia, y hasta dos, en cada cuadra de la miseria o donde avanza el pueblo organizado? Donde haya un bolsa, conspira el capitalismo expoliando, pues exportaron su manera ambiciosa de vivir, y donde estén esos enlatados, sucede lo mismo en todas partes del mundo: la mezquindad, la pobreza, la exclusión, el desempleo, la inseguridad, etc. El surgir enterrando a otros, la masificación de la estafa, el fortalecimiento del contravalor de la vida. Si eres solidario, te dicen que eso no está permitido; si no robas en las instituciones, eres un pendejo; si vendes más barato, te cae la mafia, y cuidado con el peso alterado cuando compras un pescado...
Cada puesto que sobre tiene un precio; el peaje lo cobra el pran, y si te vas en tu carrito, encontrarás unas diez alcabalas de expertos con sus respectivos conos rosados, tal vez comprados con su primer sueldo, donde te matraquearán a como dé lugar o, si no, tendrás que darles algún producto del mercado que acabas de hacer; tal vez por ahí igual andan socavándonos. Si estudias, tiene que ser para algo que dé dinero. Si buscas un albañil, tiene que ser de mucha confianza. Si vas a un mecánico, tiene que ser tu amigo. Si vas al abasto o supermercado, vuelves a saber que el cuento chino era verdad: te maltrata, burla los impuestos y acapara, incluyendo el dinero para revenderlo. La oligarquía, desde su sillón, cobra sin ensuciarse las manos públicamente.
Donde persistan esas prácticas, ahí estará el enemigo de clase. Realizar un sueño solo sin el pueblo es como hacer un tamunangue sin invitados o celebrar teniendo a un lado a la mamá muerta. ¿Una sociedad que funcione con hasta dos celulares, un televisor, seis pares de zapatos per cápita y pagando al día su renta básica, pasa hambre porque quiere? ¿O su conciencia ya está desbordada de capitalismo? Con esa desviación, ¿qué no se puede esperar? Evidentemente, es una sociedad retorcida de consumo como primer valor, heredado, que para sostenerse en pie insiste en no dejar morir sus instituciones, con que cercan otra idea en desarrollo. De tal manera que los diputados de salón que hacen vida en casa prestada y con símbolo ajeno, en el simulacro del Partenón, por ejemplo, terminan siendo no solo representantes, sino también intermediarios entre el desamparo del pueblo. Ante tal alienación y descomposición de la oligarquía patronal, para que no se embochinche la producción, atraca y que siga la westernización de la vida cotidiana. Salvo excepciones, por supuesto, pero están expuest@s a ser tragad@s por ese poder imitador y milenario ajeno a la idea de los pueblos. Donde esté la corbata está el símbolo del progreso individualista subiendo la escalera. El capitalismo sin corrupción no existe. Es su mano derecha. Eso nos dirá claramente en qué sistema estamos todavía.
Mal poniendo y confundiendo ex profeso, dicen los vendidos medios de comunicación privados contrarrevolucionarios —no pueden ser otra cosa— que se quiere matar a los ricos y quitarles los cuartos de la casa a la gente y que se adoctrinará a los niños, como si eso no fuera lo que ellos han hecho siempre. Se trata de construir esta oportunidad histórica sin tanto puñal en la espalda, en otra manera de vivir en colectivo. Oportunidad nunca dada en toda la historia total, y desde que cada quien ha tenido uso de conciencia, y peleada por todas las vías y sorprendentes entuertos. Alternativa a otro sistema solidario, equitativo y de justicia social, de producir en cayapa para la vida, tranquilamente juntos, sin tener que empobrecer a nadie ni desperdiciar tanto corazón y tanto malestar hirviendo, mirando la corruptela bancaria privada, el sermón del diezmo de la gerencia episcopal y sonar las alhajas de la opulencia en los brindis de las celebraciones suntuosas para despistar la melancolía del pecado capital. Sin embargo, el librito de su película ya ha preestablecido el guion oligárquico.
Somos nosotros los pobres los que repasamos la trama desde la educación sistémica en la familia, que es la misma hasta el final de la educación "superior", donde te graduarás de obediente y reformarás a los que vienen a imitar morir. O son para la oligarquía las riquezas o no son para nadie. De ahí la pobreza y la delincuencia que crece, porque sin trabajo, o con un salario que quintuplica la explotación y te hunde en la miseria —puesto que los magnates de lo privado echan a la calle a los trabajadores, paran las empresas, esconden la producción o se van del país para sabotear la idea colectiva, encareciendo los productos de primera necesidad—, entonces, con esa guerra económica, ¿qué burgués no saldrá con su ostentación a completar el embate, diciendo con burla: "Pero tenemos patria"? ¿Y qué delincuencia de cuello blanco enquistada en la media y alta sociedad no se envanece frente al esfuerzo sobrehumano de los pueblos por ser gente? ¿Y qué modelo delictivo como ese no se copia por los medios privados, cumpliendo el papel ideológico de la esperanza?
En el capitalismo, donde te paguen mejor, te vendes. Ahí no se trata de ideales, sino de ingresos para el confort personal que ellos publicitan mundialmente, y para eso se nos ha educado, y por eso es que existe la reacción, para repetir la historia del privilegio y que las nuevas generaciones de pobres sigan sirviendo al don. Nunca habrá tiempo mejor que el de estar vivo para insistir. Si el imperio globalizó esas plagas desde el gobierno de Estados Unidos, centro de acopio de todas estas calamidades, entonces el malestar es universal. Por eso, si se deportara al dios que crearon en nuestras vidas, pudiese devolverse al cielo su confort, y el diablo, con todo su infierno, regresárselo a su imperio. A pesar de errores comprensibles, debilidades, traiciones, patinaje y poco tiempo, porfiamos en otra manera justa de hacer política digna. Este país, nuestro país, aún sometido a esa propaganda mundial malsana, y habiéndonos aplicado y ejecutado incontables escaramuzas contrainsurgentes y probadas conspiraciones descaradas, ha logrado estar en sitiales y niveles que jamás hubiese alcanzado ni alcanzará una triste sociedad capitalista, en lo que refiere a la inclusión en todas las oportunidades habidas y por haber del pueblo venezolano. No obstante el entrabado sistemático, el saboteo general y una campaña atroz de desestabilización económica, programada desde los centros financieros internacionales bajo la bandera estrellada del Pentágono, aún estamos y estaremos aquí, en la pelea.
La aparente no organización del pueblo es en estos tiempos su organización anónima, para no ser ubicado ni ser visto en su estrategia. Si hacemos lo justo que hacemos sin dudar y aún estamos vivos, ¿qué miedo futuro podrá, si el pasado atroz no pudo? Tenemos fiebre en nuestros cuerpos; una ofensiva fascista tiembla de arrechera porque no nos dejamos joder del capitalismo. El horizonte capitalista hace su trabajo extraño de alegrar a la obrera y al obrero cuando regresan de la fábrica. Uno de esos 365 días del año, nuestro enemigo común se habrá de acercar torpemente a esa única línea derecha natural que lo acecha, y volverá círculo en su cuello, como una bufanda, la amorosidad desechada que nunca usó para nuestras cansadas manos.
Todo el dolor histórico de los pueblos se define en una lágrima y su alegría se siente mirando crecer una semilla donde una cultura ajena nos hace preferir ver el horizonte en otra parte. Si se va a distribuir el poder que por vía electoral ha logrado una revolución, no hay experiencia más enriquecedora en estos momentos que la venezolana. Sobre todo, por los innumerables ataques y conspiraciones masivas que ha sorteado, como guerras de última generación no hechas antes a ninguna nación y que por menos destrozaron a otros pueblos; por la inmensidad de ideas de todo tipo que ha creado y puesto en práctica, unas para defenderse, otras para desarrollar el proyecto político y muchas para situarse a la vanguardia por encima de la hegemonía de los miserables.
Este texto de "Comunada", como casi toda intelectualidad que se produce en la transitoriedad de una multidiversidad de asuntos políticos, nos ha insistido en el detalle. Tal atrevimiento quizás es motivado por la preocupación de que en ocasiones sobresale el envalentonamiento de los enemigos mediáticos y nos llama la atención, o nuestra particular visual analítica de que pareciera necesario empujar más profundamente, porque el enemigo sí lo hará.
Carlos Angulo
