Psicosoma | Destinos disímiles

                                                            

                                          Yo creo en muchas cosas que no he visto / y ustedes también, lo sé / No se puede negar la existencia de algo palpado / Por más etéreo que sea / No hace falta exhibir una prueba / De aquello que es tan verdadero.

Willie Colón

24/02/2026.- Quizás amar sea el "eslabón" perdido de la humanidad y, hasta llorar apoyada en el féretro mirando su rostro, barba cuidada, gorro y corbatín, no me la creía; que la muerte se lo lleve y solo me salva ese pensar rumiante: "Es un sueño, una pesadilla por la indigestión".

A los meses o años, se cree vivir sin la otra mitad del cuerpo en duelo y no sé del extraño pacto lento, sin sufrir; se ama más en los sueños, se recorren paisajes oníricos, se notan gestos frescos, cuentos del viaje, retornos, encuentros y charlas desconocidas, enigmas de conversas olvidadas con todo el tiempo a la escucha al revisar los mediodías del almuerzo con las teclas de Franz Liszt.

Ya no es la convivencia normal, la certeza visible, porque es un proceso del puro sentir, de la sensibilidad ajena al mundo conceptual; se vive en íntima soledad compartida con los seres idos y, al conversar sin hablar, se "cuentan vivencias", como acontecimientos por el aumento de la familia, con tres nietos varones que los describo, y es casi una orden risueña: "Me gustaría conocerlos" y siempre repetías en tu convalecencia: ¿cómo serán? Y, a partir de ese día, en pleno silencio cumplo ese deseo, que pasó del soñar al escucharte en un tiempo especial, y comento mis años sin ti, sentidos en otras formas intempestivas... Aprendo a leer signos, espacios y tejer la memoria en voces.

Estuve muy triste por la noticia de la muerte de Willie Colón y recuerdo cómo gozamos en Caracas en el bar restaurante Tío Pepe y en el bar Gibus, del Callejón; veíamos el amanecer y subíamos a nuestro Cristal Azul. Eran viernes chiquitos, o sea, un jueves, y siempre lista para el viernes a bailar salsa brava durísima, al son del trombón, cálida voz de Willie, quien reinventa la salsa brava y los bailarines con sus pasos de quiebre tango-calipso con su picante caribeño.

Época de ser tu gitana y la canción era para mí; me llamabas gitana y me la creía porque echaba las cartas, leía las manos... pero hoy es 21 de febrero, estamos en Piscis, Año Nuevo chino, la Cuaresma; no podía resistir la avalancha de imágenes, tu sonrisa y esa seductora mirada al acariciar mi rostro. Recuerdo a mi amiga tica Katísima al llamar "Corre, corre, Anka". Medio me sonrío y corren goterones; bajo rápidamente y le cuento a mi vecina de la planta baja que estaba fumando con su marido y responde: "Qué tristeza", y le digo: voy a salir a cantar y bailar; cierro el portón, veo un cielo medio oscuro, cuando revienta un torrencial aguacero que no me daba pie a regresar y la amiga del negocio de las empanadas me socorre con el paraguas. Voy a medio correr, cruzo el semáforo y a una cuadra el bar restaurante con mis amigas nicaragüenses: María y Érika, que me atienden muy contentas; hay un gentío de personas mayores y pocos adultos jóvenes. Saludo a la pareja adulta que pide una canción del "diablo de la salsa", Oscar D'León, que estuvo en Palmares de Alajuela el mes pasado.

Los amigos no sabían de la muerte del trombonista y fue una conversa dolorosa, de recuerdos, la música del difunto que solicitábamos y el espacio era digno de su despedida; la parca nos lleva, es el destino de los mortales y no sabemos nada, pero sí podemos sentir con las antenas del amor, energía, cambios, fantasmas, visitas y del amor inmortal, a pesar de la desaparición física...

Al dejar de llover, me preparo para regresar a la casita y entran dos jóvenes adultos, quienes se dedican a ver fútbol. Juega el Saprisa, me dicen, y que ligue a ganar, y les comento de Willie Colón, de sus giras a Venezuela; estos jóvenes tenían una cultura general, sensibles al arte, comprensivos de la situación geopolítica mundial y la de Venezuela, así como de las elecciones en Costa Rica, que marchan hacia una derecha conservadora, como es la del líder de la secta satánica Charles Manson, cuyo rostro estaba plasmado en la franela que David tenía puesta.

Las fuerzas del mal, del dogmatismo, de los crímenes de lesa humanidad, confrontan al bien, al amor y a la solidaridad, y con el arte se pueden subvertir por medio de la resistencia cultural, como las canciones de Willie Colón y de Bad Bunny, cuya presentación en el Super Bowl LX nos dio algo de respiro por el canto digno de la identidad latinoamericana y la capacidad resiliente de los migrantes.

Hubo una especie de déjà vu, con esos chicos casi cuarentones y las barras de Caracas con jóvenes artistas, poetas, migrantes colombianos, sureños, con canciones de la trova cubana, los pasillos de Humanidades, la parroquia de la UCV, los libreros, el reloj, la tierra de nadie, Sierra Maestra del 23 de Enero, que se le puso en honor a Fidel Castro al visitar Venezuela. Las "coincidencias" de mundos paralelos, similitudes, y siempre le cantaremos al amor, a las incertezas, a la esperanza de paz y justicia social, porque todo pasa en un instante y no sabemos si despertaremos mañana o quizás haya gente dormida, sonámbula, zombi, tragada por el desprecio e inhumanidad.

Nada se detiene al morir, ser pasajeros del penúltimo tren, rumbo al tercer milenio, y creo que nos merecemos vivir en sana paz activa, porque todos y todas nos pertenecemos en un punto luminoso humano.

Oh, ¿qué será?, ¿qué será? / Que anda suspirando por las alcobas / Que se oye susurrando en versos de trova / Que anda combinándonos preguntas locas / (...) Que vive en las ideas de esos amantes / Que cantan los poetas más delirantes / Y juran los profetas emborrachados / (...) Que me despierta por la noche / Y me hace temblar, me hace llorar / Oh, ¿qué será? / Son fantasmas, somos fantasmas, siento la puerta tocar tres veces...

Rosa Anca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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