Vitrina de nimiedades | Fauna algorítmica

21/02/2026.- Las plataformas digitales que nos encierran en una burbuja llena de aquello que solo deseamos saber también pueden ignorar nuestros deseos. Como el obstinado vendedor negado a perder a un comprador que jamás lo fue, más de una vez se nos ha impuesto un tema de nulo interés para nuestros propósitos. No importa cuántas veces le pidamos a Don Algoritmo alejarlo de nuestros ojos. Lo veremos tanto como se le antoje, como lo hace con los therians.

Si oyó hablar de quienes se identifican como animales y ha tratado de eludir el tema en las plataformas digitales que usa, es parte de una gran comunidad que ya no encuentra la forma de evadir publicaciones que van desde chistes hasta debates sobre esas personas. Son clasificados como practicantes de una moda, protagonistas de un fenómeno viral o expresiones de un problema psicológico. Uno, ignorante de la vida, no sabe qué pensar. En todo caso, son ineludibles, tanto como la forma rocambolesca en que son presentados en cientos de reels y carruseles, hechos o no a punta de inteligencia artificial. ¿Rigor? Parece no haberlo.

A diferencia de otros temas, donde la ficción se mezcla con la realidad sinuosamente, el discurso en torno a los therians parece plantarnos ante lo irreal. Los chistes, las burlas y la ironía obligan a sacudir la cabeza, a dudar y a alejarnos de un abordaje serio sobre esta comunidad. Y si se habla con otro fuera del mundo digital, solo hay dos posibles preguntas para iniciar la conversación: "¿Con cuál animal te identificas tú?" y "¿Viste eso de los terión, terrien… digo, therians?". Se opta por la fantasía hasta que salen a la luz pronunciamientos de instituciones obligadas a aclarar la inexistencia de algún nexo con el tema, como ya ocurrió con autoridades universitarias.

A todas estas, ¿los therians son una novedad? ¿Qué son? Basta husmear en una búsqueda web clásica y conseguirse con términos como teriantropía clínica. Una publicación de Neuroscience & Biobehavioral Reviews, difundida en 2025, la define como "la creencia delirante de que uno se transforma en un animal y asume sus características". Ese concepto obliga a revisar otras nociones como el zoomorfismo y advierte de más tendencias como los furries (mantienen comportamientos para resaltar su predilección por los animales) o los otherkins (personas que no se sienten del todo humanas). Estos comportamientos, de acuerdo con el artículo, no necesariamente equivalen a una patología clínica. Por tanto, dejemos los diagnósticos a los expertos.

Así como la ciencia frena nuestro instinto para etiquetar, la literatura y la historia nos recuerdan que nuestro vínculo con el mundo animal no es asunto nuevo. Mitologías, historias fantásticas, apodos y hasta nombres de equipos deportivos nos recuerdan que, para despecho de muchos, los humanos hemos identificado en otras especies atributos que desearíamos tener. De algún lugar de nuestra imaginación habrán salido frases como "Vista de águila", "Tiene olfato" o "Tiene garra".

En las redes sociales, donde casi todo se difunde, se funde y se confunde, conviven figuras como las "Karen" (mujeres que tienen gatos como mascotas), los "perrhijos" y los "humanos" (jocosamente usado para definir al dueño de un perro o un gato como su sirviente). Gracias a la IA, también les hemos dado a los animales comportamientos humanos, como ser infieles o pretenciosos. Visto lo visto, el abordaje de los therians en plataformas digitales es solo un signo de las complejidades y distorsiones con las cuales pretenden imponernos la idea de una fauna algorítmica.

 

Rosa E. Pellegrino


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