Rostro de mujer|El compás de una vida entre el arte y la comunicación

21/02/2026.- Hay personas que no solo habitan el mundo, sino que lo interpretan. Para Bárbara Pacheco, la vida ha sido una partitura que comenzó a escribirse con notas de alegría y pinceladas de curiosidad. Comunicadora social de profesión y artista de alma, ha logrado amalgamar la estructura del periodismo corporativo con la libertad del mundo cultural, demostrando que la sensibilidad es, en realidad, una de las formas más elevadas de la inteligencia.

Su historia no se entiende sin la presencia de su madre, Elsa Pacheco. En una infancia marcada por la exclusividad —siendo hija única hasta los nueve años—, su progenitora fue la gran alquimista que supo transformar la timidez de su hija en pasión artística.

Bárbara recordó con una sonrisa el punto de inflexión en el preescolar: una niña tímida que, tras el primer aplauso, descubrió que el escenario era su hogar. Desde entonces, no hubo acto escolar que no contara con su presencia. Su madre, atenta y dedicada, no solo alimentó esa llama artística a través de actividades escolares, sino que le abrió un abanico de posibilidades entre el deporte y la cultura, permitiéndole elegir el camino del arte como su lenguaje principal.

"Le doy gracias a mi mamá por ser el motor que me convirtió en el ser humano que soy hoy", expresó Bárbara, reconociendo en la maternidad ese poder sagrado de ser dadoras de vida y propósito.

Su juventud fue un período de expansión. Estudiar periodismo le permitió conectar con la gente, mientras que la música le daba las herramientas para sentir. Sin embargo, el camino no estuvo exento de matices oscuros.

Durante la entrevista con el equipo de Rostro de mujer, recordó con especial sensibilidad el impacto de cubrir pautas con niños en situaciones de salud críticas, experiencias que profundizaron su faceta espiritual. "Me tocó cubrir la historia de un niño con una enfermedad muy difícil; ese contraste me sensibilizó y me hizo reflexionar sobre la fragilidad de la vida".

Bárbara es un caleidoscopio de habilidades. Toca la mandolina, el cuatro, la guitarra y la bandola llanera; es cantante y una apasionada de las manualidades. Su búsqueda, sin embargo, ha ido más allá de lo estético: se ha sumergido en las terapias holísticas y la motivación. Para ella, estar bien por dentro es la única forma de hacer las cosas con amor y excelencia.

Esta visión integral la ha llevado a ser una "embajadora cultural". Recientemente, participó en un proyecto con Corea del Sur. En este programa, se formó para ser vocera de la cultura coreana en Venezuela, aprendiendo técnicas audiovisuales de vanguardia, que hoy aplica en su gestión de redes sociales y marketing digital.

Al mirar atrás, se siente orgullosa. Ha aprendido que la vida no es una línea recta y que "los retrasos son aprendizajes". Ha dejado de exigirse la perfección cuadrada que buscaba en la universidad para abrazar la fluidez del proceso.

En cinco años, se visualiza sentada en la silla de su propio emprendimiento audiovisual, con la estabilidad económica que nace del talento propio y la calidez de una familia formada por ella misma. Su filosofía de vida es simple, pero inquebrantable: "La luz siempre vence la sombra". Con esta convicción, invita a las mujeres a no dejar de creer en sí mismas, a detenerse, respirar, agradecer y continuar, sin importar qué tan difícil se torne el trayecto.

Bárbara Pacheco no solo comunica noticias; ella misma se ha convertido en un mensaje de luz, amor y resiliencia. Al fusionar el rigor del periodismo con la sensibilidad artística, demuestra que, ya sea pulsando las cuerdas de una mandolina o editando contenido audiovisual, el arte es la herramienta más poderosa para la transformación social y la conexión humana.

Bárbara Pacheco: arte, voz y resiliencia

 

Nirman García Berbeo

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