Un mundo accesible | El humanitarismo como un pilar para el progreso

19/02/2026.- En una sociedad donde a menudo subestimamos la generosidad y la gentileza, me considero afortunada al afirmar que a lo largo de mi vida he atestiguado actos colmados de amor y generosidad, que mantuvieron mi moral en alto cuando más lo necesitaba. Con estas palabras no procuro encarnar un discurso alusivo a la lástima o la conmiseración; por el contrario, considero que la empatía se remonta a la capacidad de trascender más allá de nuestras vivencias y situaciones; dicho de otra manera, es la comprensión más vívida del estado emocional de otro ser humano, un acto más que digno de mención y que tiene el potencial para propulsar la intervención activa por el bien ajeno más allá del interés personal, señalando con un gran fervor y vehemencia el estado que emerge ante una muestra de sintonía interpersonal. Cultivar dicho estado de inteligencia emocional tiene una labor fundamental hacia la cohesión social al permitir reconocer la dignidad ajena sin importar las diferencias, superando el egocentrismo y la estigmatización para fomentar la cooperación intercultural y el bienestar común.

En otras palabras, la importancia de la empatía radica en su facilidad para dejar un legado prolífico y dotado de la cualidad de ir más allá de los límites físicos, temporales o del conocimiento ordinario, superando una realidad concreta para alcanzar una mayor importancia, impacto o elevación espiritual, pues, aunque muchos menosprecian dicha manifestación de humanidad, otros nos deleitamos ante un llamado conforme a la virtud y a la moralidad que representa, más allá de la conceptualización o de la categorización filosófica que ello supone. Personalmente, vislumbro en este gesto un ejemplo práctico que puedo integrar a mi cotidianidad; es posible involucrar ciertos matices a nuestra personalidad que nos hagan un poco más humanos, comprensivos y accesibles.

Creo fervientemente que una sociedad cohesionada que ve con buenos ojos tal manifestación de bondad será capaz de beneficiarse del progreso que ofrece la diversificación en lugar de optar por los mismos prejuicios desgastados; después de todo, en cada ser humano habita una voz auténtica desde que viene al mundo y aún conservamos la oportunidad de abrir los ojos a un nuevo y mejor mundo mediante un corazón auténtico y una mente despejada ante el horizonte de posibilidades que nos es permitido concebir.

Una vez dicho esto, no puedo evitar echar un vistazo en retrospectiva para hacer justicia a un escritor sumamente influyente que, sin lugar a dudas, me hizo reflexionar sobre temas semejantes y concebir la postura que hoy proclamo tan firmemente. Indiscutiblemente, hablo del gran Walter Lippmann, y me corresponde señalar tanto su narrativa como sus pensamientos, ya que atañen directamente a la amplia temática que busco plantear en este artículo.

El día de hoy, no puedo evitar conmemorar su cita más audaz, cual reconocimiento póstumo, que ha sobrevivido a su muerte durante más de medio siglo. Ciertamente, imprimió en ella el más célebre de sus pensamientos, uno que, de hecho, se encuentra directamente vinculado con la filosofía que expongo en cada una de mis modestas líneas: la importancia de ser leales a nosotros mismos, una idea tan humana como progresista, que nos indica desde distintas aristas el poder de la identidad y de una sociedad que aprenda el valor de convivir con la diversificación de nuestras mentes y nuestros cuerpos, de las fortalezas y capacidades que la vida nos ha permitido cultivar hasta el momento presente.

Es lamentable traer a colación que en este momento muchas comunidades vulnerables son infravaloradas por su aspecto, su edad, su condición médica y un sinfín de estigmas: este comportamiento no solo es la antítesis de la empatía, lo que inevitablemente lleva al desistimiento y a la renuncia de cualquier vestigio de humanidad. Es mediante esta cita que dejo, por lo tanto, en manos de mis queridos lectores, más que una curiosidad, una invitación hacia la reflexión crítica, en donde el concepto de identidad proviene de un paraje de transparencia y de pensamiento crítico. Es por ello que hago mención de la respuesta que introduce nuestro célebre personaje, quien ofrece un sentido de justicia y de humanidad renovado, que brinda una guía ante las dificultades de estos tiempos modernos: “Donde todos piensan igual, nadie está pensando”.

La frase en sí misma sugiere que cuando un grupo adopta una postura unánime sin cuestionarla, se anula la reflexión individual, la libertad de pensamiento, la identidad y la capacidad de innovación, promoviendo la repetición de ideas ajenas que tienden a arraigarse cual verdad absoluta que solo desata divisiones y actos bélicos. Es por ello, querido lector, que te invito a cultivar un mejor concepto de ti mismo, en lugar de moldear tu comportamiento para encajar, ya que no solo renuncias a tu identidad, sino que también apartas de tu persona cualquier indicio de humanidad y, subsecuentemente, de integridad y progreso.

 

Angélica Esther Ramírez Gómez

 

 

 


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