Tinte polisémico | ¿Qué es el llano?

A mi madre, Gladys Ramona Díaz, Teselma, quien me inculcó el amor por mi tierra.
A mis hijas, porque siempre tengan y amen su patria, la RBV.
A Mercedes Elena Chacín Díaz, la primera dama del periodismo venezolano; Aquiles José Silva Fernández, poeta campesino, educador y motivador, y Rubén Omar Wisotzky Papponetti, dificultor y editor de mi primer libro.
19/02/2026.- La pampa y el gaucho identifican parte del gentilicio argentino, así como el tango es manifestación bonaerense, pero todos ellos forman parte de la identidad nacional del país austral. A Venezuela la refieren e identifican los llanos y sus pobladores. Considerar el llano solo como accidente geográfico es darle un sentido restringido; su dimensión y concepción como región involucra y tiene una connotación profunda en significados y alcances.
Algunos la llaman la tierra llana; otros, más poéticos, la denominan la llanura infinita, la tierra amplia o extensa. Los que son originarios de estos lugares, las mujeres y los hombres recios, los llaneros y las llaneras, le dicen simplemente la sabana.
Sea por la aproximación de índole geográfica, las faenas típicas, los quehaceres de sus habitantes o las descripciones que normalmente se escuchan en los pasajes y joropos llaneros —dos de sus más representativas manifestaciones musicales por excelencia, además de la tonada, los cantos de faena y el contrapunteo, entre otros—, todos ellos generan una identificación con el gentilicio que define y caracteriza al venezolano.
El llano, la llanura o la sabana, esas planicies de territorio que se unen con el cielo hasta donde alcanza la vista al contemplar el horizonte, donde por extensos espacios a cielo abierto no aprecias montañas, colinas o promontorios, ese mar u océano de tierra plana conlleva o involucra una conjugación de elementos, una dimensión más densa, la configuración de una amalgama de sentimientos, reflexiones, hechos, visiones y mitos con una carga histórica, antropológica, emocional y literaria.
Venezuela, como país megadiverso y tropical del sur global, cuenta con una singular variedad de regiones geográficas con sus particularidades definitorias, especificidades, gentes, costumbres, expresiones, formas de generarse el sustento y de concebir la vida con enfoques y perspectivas propias.
Así, Barlovento, oriente, los Andes, el sur, occidente, entre otros, como regiones con sus idiosincrasias, también son Venezuela, la Tierra de Gracia, como la llamó Cristóbal Colón al desembarcar en Macuro en el año de 1498.
La pregunta entonces sería: ¿por qué el llano define el gentilicio venezolano?
Cada quien tendrá su opinión, apreciación o una gran conclusión, independientemente de la reflexión o el análisis, que será válida en virtud de sus argumentos y razones, expresados en la coherencia y congruencia de un discurso.
No obstante, tomo la aventura, además, por no ser llanero. Soy lo que denominan las mujeres y hombres de la sabana un "central", el no nacido en sus terruños. Uno que no ha cabalgado monte adentro cruzando caños, ordeñado una vaca cantando una tonada, marcado un animal con hierro al rojo vivo o atravesado un río crecido prendado al cuello de su caballo, en cuyas aguas pueden habitar caimanes, babas, caribes o anacondas.
El clima llanero muestra su inclemencia a las mujeres, hombres y bestias bajo el cielo de un mediodía incandescente por el brillo de un sol como el Ra de los egipcios; o por sus crepúsculos vespertinos, de color naranja intenso, que ellos y las llaneras llaman el sol de los venados; o con los torrenciales aguaceros que inundan sus tierras más llanas con las crecientes de los caudalosos ríos. Son esas partes de las estampas y sus paisajes las que le hacen componer al llanero las letras, acompañadas de un cuatro, que conmueven el alma al cantarle al amor, el despecho, los héroes, las batallas, la geografía o a la misma naturaleza que lo circunda.
Al pasear por los esteros, plenos de agua de lluvia y adornados por las palmas de los morichales, evocas lo que los narradores y poetas han descrito en sus obras, las hazañas bélicas y refriegas contadas por historiadores. Por solo citar algunas de ellas, están las Queseras del Medio y el grito de "Vuelvan caras (o carajo)", la toma de Puerto Cabello por el Catire Páez, lo que cuenta y dibuja Uslar Pietri en sus Lanzas coloradas o el lance en el monte de Santos Luzardo con el tigre (jaguar), según Gallegos; todo ello refleja cómo ha influido el llano.
No se trata de que no se sienta el tambor de Curiepe, de Borburata o el de las costas de Aragua y el litoral de La Guaira, o un golpe tocuyano, un vals merideño, una gaita zuliana, una guasa oriental o un galerón margariteño; pero cuando se escuchan los compases y acordes de un arpa, cuatro y maracas, y el grito de inicio de un pajarillo, o el ritmo tramado de la prima y el bordón de un arpa o una bandola guaribeña en un seis por derecho, a usted se le nubla la mirada. Es muy simple, y a la vez profundo, lo que se siente al oído; le brota e irrumpe el gentilicio desde las entrañas, desde las vísceras, porque "eres venezolano".
En mi caso, no lo dudo. Tomo las maracas y, con el movimiento de mis manos y antebrazos, me desato en percusión rítmica al hacer sonar los capachos y me emociono al acompañar las notas que emiten el cuatro, el arpa y la garganta del coplero.
Expresan siempre las llaneras y los llaneros que cuentan con la envergadura moral acorde a las circunstancias que deben afrontar, pues su espíritu tiene las dimensiones de la bóveda celeste nocturna, constelada y limpia, cuando se mira con asombro su profundidad, el inconmensurable e insondable cielo de la sabana llanera.
Héctor Eduardo Aponte Díaz
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