Letra invitada | A 41 años de su partida

El cantor que no puede llamarse muerto

19/02/2026.- Aquel sábado de carnaval de 1985, el país se detuvo. Entre el estruendo de la redacción de Últimas Noticias y el llanto compartido con Desirée Santos Amaral, me tocó cambiar el lente de la fiesta por el del duelo. Los negativos de aquel día se extraviaron en el laberinto de los archivos, pero la escena sigue revelada en mi memoria con una nitidez que el papel no alcanza a sostener. Esta es la crónica íntima de un viaje en Wagoneer, una amistad forjada en Anzoátegui y el retrato de un hombre que, cuatro décadas después, se niega a ser silencio.

¡Uno, dos, tres golpes... a la puerta de mis sentimientos!

Llegué temprano a cubrir la guardia del fin de semana. Era el sábado 16 de febrero de 1985 y comenzaba la fiesta de Carnaval. Yo era "avance" en Últimas Noticias; apenas estaba llegando a Caracas a finales del 84 cuando entré a aquella redacción fría.

Allí estaba mi compañera de guardia, Desirée Santos Amaral. Me vio y, con lágrimas en los ojos, me soltó:

—¡Coño, Frasso, se mató Alí! ¡Qué triste!

Nos abrazamos y estallamos en un gran llanto. Yo conocía a Alí años antes de llegar a la capital. En mi pueblo, Santa Ana de Anzoátegui, fue a cantarnos y allí nos hicimos amigos. Pocos días antes de su muerte nos encontramos en las Torres del Silencio; compartimos una cerveza en un bar, como tantas otras veces cuando yo me quedaba a dormir en su apartamento de El Valle. Manteníamos un encuentro permanente.

El jefe de redacción del periódico, un viejo cubano anticastrista, apellidado Galán, me ordenó con su acento marcado:

—Oye, tú, vete a cubrir la muerte de ese carajo que llaman Alí. Vete con Desirée.

Salimos más que a cubrir una noticia; salimos a participar en un acto que era un duelo para los dos. Era la partida de un camarada que nos dejaba un legado inmenso de amor.

Alí, Alí, Alí... Jugamos fútbol en las calles de mi pueblo, al cual fuiste por un día y te quedaste más de quince, cantando en el colegio para nosotros. Estábamos fundando el Ateneo y había que buscar plata... y tú ahí, cantando.

Alí, Alí, Alí... El camarada con el que fui al Nuevo Circo para el acto de la Canción Bolivariana. Tuviste aquella tremenda discusión con Teodoro Petkoff.

Yo militaba en el MAS, dormí esa noche en tu casa y, al día siguiente, desayunando, todavía tenías una gran rabia por lo pasado. Me decías: "Esos masistas del carajo...". Yo solo te respondí: "Recuerda que yo también soy masista...".

Alí, Alí, Alí... Con el que estuve en la Plaza de Toros de Maracay, viendo el ruedo lleno. Te emocionabas porque el público coreaba tus canciones de principio a fin.

Alí, Alí, Alí... El que me presentó a Alfredo Zitarrosa en Puerto La Cruz. Ese uruguayo de las milongas, de voz hermosa, que llamaba a sembrar la tierra para defenderla.

Zitarrosa demostró ser un gran amigo y hasta me regaló un par de zapatos en Caracas. También conocí a la cantora Gloria Martí.

Alí, Alí, Alí... El que me preguntó: "¿Cuándo te vas para Anzoátegui?". Le dije que el fin de semana, y me invitó: "¿Por qué no me acompañas a Carúpano? Voy a llevarle un regalo a mi amigo y hermano, el Poeta de Canchunchú, Luis Mariano Rivera". Yo no sabía quién era Luis Mariano ni conocía Carúpano, pero me aventuré con Alí hacia las tierras orientales.

Salimos tarde de Caracas y nos agarró la madrugada. Como a las doce de la noche paramos en una bomba en Marigüitar. Él llamó desde un teléfono público a aquel personaje que lo esperaba en su conuco. Me preguntó cuánto faltaba y me dio el carro para que yo siguiera manejando; así me convertí en su aprendiz.

Le dije: "Alí, vienes todo el camino cantando esa misma canción que le llevas a Luis Mariano... ¿Tú no te sabrás otra cosa?". Allí empezó mi concierto privado. Alí cantó para mí solo en su camioneta Wagoneer durante el resto del viaje.

Al llegar al pueblo, preguntamos por el conuco de Luis Mariano Rivera. Eran casi las dos de la mañana. Allí estaba ese hombre, vestido con guayabera blanca, bluyín y alpargatas. Alí entró con su peculiar caminar, cantando la canción dedicada al poeta. Fue un himno de amistad. Luis Mariano lloró de tanta emoción.

Alí, Alí, Alí... Esa fue la primera vez que me enamoré en Carúpano. Luego volví trabajando con Wilmer Merly, después recorrí el estado con mi hermano José Luis Meza, y finalmente me casé con Norbelys Elena y nació nuestro hijo caraqueño, Sebastián Francisco.

Alí, Alí, Alí... Cómo no recordarte 41 años después con todo lo que ha significado en mi vida la "poesía y la música necesaria". Con el tiempo fui a tu apartamento a conocer a tus "carajitos", como solías llamarlos. Allí estaba tu Sol, tu sol de vida, sol de amor.

Sol se la vio dura para criar a los chamos y educarlos. A pesar de que en la escuela Bianco les negaron el cupo por ser tus hijos, Sol lo logró para bien del país.

Hermano, no has muerto. "Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos" y si algo tienes tú es que estás más entre nosotros.

¡Viva Alí Primera!

 

Francisco "Frasso" Solórzano


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