Psicosoma | Carnestolendas

La vida es un carnaval

y las penas se van cantando...

Celia Cruz

 

17/02/2026.- Las Carnestolendas son fiestas previas a la Cuaresma y representan los jolgorios más importantes de Venezuela y de otros países católicos. Ojalá existan acciones presentes para la paz, la vida, la reconciliación y el amor, y que se borren pasados y odios para trabajar por el bien común con esperanza. Sumarnos es uno de los pilares fundamentales para rehacernos. Estas fiestas se prestan, en estos tiempos, para reparar la salud mental, cognitiva, neurológica y social.

No es la desmemoria; todo lo contrario. Al evaluarse cada individuo o al propiciar espacios humanos, abrimos nuevos aprendizajes y podemos cicatrizar heridas individuales, colectivas y globales. No se puede vivir "metiendo el dedo en la llaga" o rumiando venganzas, porque se incendia el alma con guerras fratricidas. El Carnaval logra catarsis colectivas y estados adecuados para la convivencia con las diferencias individuales. Amar es compartir con tolerancia.

Por supuesto, el lema "Nadie me quita lo bailado" es pertinente. Lo escucho casi siempre en personas mayores y recuerdo errores, traumas o el "poner la torta". Así, saltan alegrías invisibilizadas por las rutinas, mientras se normalizan el "corre-corre", el estrés condicionado, la hiperquinesia, los likes y los amores furtivos.

Por evolución de nuestra especie, tendemos a recordar hechos negativos o de miedo. Según estudios científicos y neurológicos, esto servía para preservar la vida. Todavía el miedo funciona y nos ayuda; sin embargo, "olvidamos" las alegrías diarias, como el despertar o el amor mutuo de pareja y familia, porque las presuponemos y las tachamos de aburridas. Se prefieren seres de pura adrenalina y cortisol, sin manejo de la inteligencia emocional, con "asaltos" o locuras de la amígdala del sistema límbico; dramas, violencia o celos que son respuestas de seres machistas y abusivos. Esos "machos alfa" que atraen con sus pasiones prohibidas, o incluso esos ídolos vampiros y "mujeres fatales" o “devoradoras de hombres” que tienen más atractivo.

Se le canta al amor imposible y poco al amor de las parejas supervivientes al paso de los años; a ese vivir amante, portador de bienes hacedores y creadores en la crianza de hijos e hijas. Esa supuesta "felicidad" se reconstruye hilando fino, con suertes, desgracias o enigmas del destino. Todas las vueltas posibles suceden y siempre tenemos la posibilidad de elegir. Ese proceso lo vivimos sin darnos cuenta de la maravilla de criar una familia y ser conscientes de las etapas de la vida. Hoy vivimos las fiestas de las Carnestolendas que posibilitan sanaciones espirituales: desde los excesos al cuidado del dios Baco, hasta las alegrías de la fertilidad de la diosa Isis o la diosa Kama, del Kamasutra, de las máscaras y de las comidas traídas de la India a Europa por el pueblo gitano.

En esa búsqueda infinita del balance psicoemocional, pasamos por vidas estoicas y paganas, deseos y lujurias. Al conocer y poseer un cuerpo orgiástico, dador de vida, notamos cuán generosa es la existencia, que incluso en la muerte nada se consume, pues se transforma en abono en brazos de nuestra madre tierra, la Pachamama.

Sonrío tranquila en las entrevistas y encuentros sobre mi vida: vidas amorosas, tormentos y divinas gracias. Pude estar en el Hades a mis treinta años y apenas veía venir la vida con los tambores, el steel band, el calipso de El Callao, el brillo del oro y las minas; con la amantísima hospitalidad de las madamas, de Isidora, las comidas y el fresco de jengibre al grito de las entrañas, sudor del rumor callaoense. Vivir en el estado Bolívar y sanar bailando me "zurcía" para fundar una nueva familia en Maturín, Monagas, con sus Carnavales. Pero el amor en Carúpano marca mi carnaval amante, en comparsas con huidas al oriente venezolano desde la UCV con estudiantes; iba directo a buscar a mi poeta panadero en la avenida Independencia, cerca de la iglesia de Santa Rosa y la plaza, para comer pinchos de mejillones.

Aprender a sentir y ser dueña del cuerpo con las emociones reconstruye memorias y da paso a un nuevo paladear de goce erótico. Recuerdo la primera vez del casabe con cerveza, que todavía me hace volar, y el horno al fondo de la casa, la hamaca desnuda con sus poemas... Estaba de moda "Acaríciame" de María Conchita Alonso. Recuerdo a Luis Zerpa disfrazado del "Diablo Mayor" con la boca roja, los diablitos negrísimos con trineos, las carrozas, el anís y el ron. Nada como el papelón con limón, el cual conocen en Costa Rica como "agua de sapo", o el carato, los cuales comparto siempre en mis reuniones ticas.

Las fiestas ancestrales de Oruro y de los pueblos andinos, con bailes al son del tambor indio, antaras y quenas, junto al ritual del Takanakuy, son maravillosas. La fiesta alrededor del árbol, como la Yunza o la fiesta de la Candelaria, posee comidas típicas únicas. Pero la danza del trópico, del calipso con Same People, logró un mestizaje único con nuestra madre África. Esa riqueza cultural se realiza en cada estado venezolano con sus propias características. "Por la ruta de la paz en Carnaval" hace de Venezuela un renacer festivo. "Todo aquel que piense / que esto nunca va a cambiar / tiene que saber que no es así, / que al mal tiempo, buena cara / y todo cambia", nos hace bailar y pensar la negra universal, Celia Cruz, con su "¡Azúcar!" para todo el mundo.

Ojalá los buques con hidrocarburos y alimentos sostengan al pueblo digno de Cuba que, tras más de sesenta años de bloqueo, exporta profesionales y cultura al mundo. La amo por su diversidad y por la danza de la maga Alicia Alonso.

Con las imágenes del carnaval de Río de Janeiro, las rocas de la Puerta de Miraflores y el parque La Guaricha de Maturín, noto a niños y niñas con disfraces un lunes de carnaval. Casi ante el sublime desmayo del amor generoso, me inundan recuerdos. Hoy, con el regalo de un ramo de rosas rojas (Rosenmontag o "Lunes de Rosas"), espero el martes de carnaval, que marca las celebraciones típicas en muchos países cristianos antes del Miércoles de Ceniza. Este último da inicio a la preparación de la Pascua, con ayunos y la abstinencia de carne durante toda la Cuaresma.

 

Rosa Anca


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