Rostro de mujer | El arte de sanar con las manos y el corazón

15/02/2026.- La enfermería es mucho más que una disciplina asistencial; es la columna vertebral de cualquier sistema de salud y el puente humano entre la técnica médica y la recuperación del paciente. Esta profesión implica dominar un equilibrio perfecto entre el rigor científico y la sensibilidad emocional, convirtiéndose en la presencia constante que garantiza la dignidad del ser humano en sus momentos más vulnerables.

En el contexto actual, esta labor ha evolucionado para liderar procesos de gestión humanista, donde el profesional no solo administra cuidados, sino que actúa como educador, guía y soporte vital para las comunidades. En Venezuela, la enfermería es sinónimo de resiliencia y vocación; cada profesional aporta una historia de sacrificio y heroísmo cotidiano que trasciende los pasillos de un hospital.

Es por ello que nuestra invitada en Rostro de mujer es Marianela Barreto, una enfermera con una hoja de vida de 21 años de servicio, quien no solo busca curar patologías, sino también aliviar el alma a través de la escucha y la calidad humana.

Esta profesional con una maestría en Educación entiende que su labor trasciende lo técnico: "La gente a veces viene porque quiere ser escuchada. Les pasas la mano y se les quita el dolor", reflexionó con una sonrisa. Para ella, el equipo médico es una orquesta, pero la enfermera es quien sostiene la partitura del cuidado diario, incluso sacrificando Navidades y cumpleaños porque "el deber llama" y la solidaridad no permite dejar un puesto vacío.

Su historia comenzó con una niñez marcada por la unión familiar. Aunque los recursos fueran pocos, su madre María del Carmen Barreto siempre le enseñó que un "cumpleaños feliz" se celebra el día que corresponde, dándole valor a lo esencial. Fue precisamente la salud de su progenitora el detonante que cambió su rumbo profesional. Aunque soñaba con la educación inicial, el deseo de cuidar a los suyos la llevó a la enfermería, donde descubrió su verdadera vocación de servicio.

Para Marianela, el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales del Paraíso es un organismo vivo, que funciona las 24 horas gracias a un equipo multidisciplinario. Sin embargo, hace un año, su propia salud le puso una prueba: tras el fallecimiento de su padre y el desgaste físico por su cuidado, desarrolló una condición cardíaca. Este suceso la obligó a reflexionar: "Debo cuidarme más para poder estar para otras personas".

Esa vulnerabilidad reafirmó su rol durante la pandemia, donde el sacrificio de atender pacientes con dificultades respiratorias fortaleció su convicción: "No somos héroes solo por un tiempo; las enfermeras somos héroes toda la vida".

Su vida cambió por completo con la llegada de sus tres hijos: Kevin, Cristofer y Kleiber. "Las mujeres somos creadoras", afirmó con orgullo. Fuera del uniforme, es una mujer que busca lo simple: subir al Parque Nacional Waraira Repano, abrazar un árbol para conectar con la naturaleza y disfrutar de la música.

A pesar de las cicatrices, decide no mirar atrás. Su sueño es una casa inmensa con jardín para reunir a su familia y culminar otra de sus metas académicas: una maestría en Sexología, área donde sus amigas ya la reconocen como una orientadora natural.

Cada día pide a Dios que guíe sus manos, su herramienta más poderosa para salvar vidas. Su mensaje para otras mujeres es de apertura: "Si te caes, te sacudes las rodillas y te levantas".

En la actualidad, nuestra invitada sigue apostando por Venezuela. Es una enamorada de sus playas, sus montañas y, sobre todo, de esa calidad humana que entrega en cada turno. Su relato es un testimonio de cómo la sensibilidad y el profesionalismo coexisten para salvar vidas, recordándonos que somos "héroes permanentes" en la construcción de un país más humano.

Una heroína de blanco con esencia humanista

 

Nirman García Berbeo

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