Tejer con la palabra | Ni fuimos humanos, ni Roma cayó. Parte II

A la memoria de Walter Martínez

 

15/02/2026.- El estribillo de esa bonita canción de Alí: "Ayúdenla, ayúdenla / a ser humana / la humanidad", probablemente entrañe un anhelo, ya pueril, de muchas personas de buena fe. Cantidad de gente vive y se desgarra las vestiduras por el concepto, ya caduco, de los derechos humanos, una farsa que se ha desplomado ante nuestras atónitas narices, al unísono de las edificaciones, hogares, hospitales y universidades del pueblo gazatí. Con las caretas rotas de la desalmada élite del mundo polarizado, se ha demostrado que tales "derechos" son válidos solo para los ricos.

En este escenario distópico, urge una politización renovada en sus fundamentos, que trascienda el —también caduco— eurocéntrico, patriarcal y reduccionista modelo marxista. Si esto no ocurre, corremos el riesgo de repetirnos "como humanidad": las fuerzas extremistas serán eventualmente "controladas" por un grupo de demócratas y "gente de bien" a quienes no les conviene tanta matazón, tanto silencio, tanta inacción y, unidas como "fuerzas aliadas", se volverán a repartir la torta del mundo.

En ese pastel, los pueblos más débiles —pero los que tenemos los "recursos naturales y energéticos"— salimos siempre perdiendo. A menudo hago alusión a una prédica del comandante Chávez, extrapolable a distintos escenarios: “No cambies el clima, cambia el sistema”. En esta contingencia, lo previsible es que cambien los monigotes y la escenografía, no el guion. Cambiar el sistema pasa por entender, de una vez por todas, que el bendito sistema no se llama capitalismo, sino que este es solo un modo de producción, y que el sistema —dragón al que hay que apuntar en la garganta— se llama patriarcado.

La caída va en picada; el declive de la noción liberal del derecho humano es vertiginoso y con ella las simientes de la civilización occidental-patriarcal. ¡Enhorabuena!, aprovechemos la ola. Es el momento de los pueblos, de la gente que no se deja abatir, como la madre que amamanta al bebé rubí en mi sueño miyazakiano*. Lo malo es que en esta montaña rusa, podemos salir disparadas/os de la silla vomitando. ¿Cómo sobreponernos, por ejemplo, al dantesco hecho de un grupo de millonarios que fueron "de safari" a Sarajevo a "cazar" personas (bebés incluidos)?

Una manera puede ser recordar que nada de esto es nuevo. Al sur del continente nuestroamericano, hace poco se descubrió que aún estaba viva una terrible práctica de hombres blancos, nietos de colonos. Llaman "chinear" a cazar, violar y matar niñas indígenas. Los pueblos originarios del Abya Yala, de África y, más antiguamente, nativos del este de Europa, vivieron masacres, genocidios e incluso la antropofagia por parte de blancos, sajones y demás guerreros, herederos de Esparta y Roma. Más allá de todo lo que nos hartó la industria cinematográfica con "el holocausto" del siglo XX, ese no fue, en modo alguno, el único holocausto de la historia de "la humanidad". En el propio suelo venezolano, habría que recordar en pleno siglo XX la masacre de La Rubiera, en el estado Apure, en la que hacendados llevaron a un grupo de personas de los pueblos originales del territorio cebados "para darles de comer" y les aniquilaron a todes en un hato con ese significativo nombre. Cuando se les apresó e interrogó, dijeron que siempre habían hecho eso, que era algo "normal". Las comunidades afrodescendientes tienen sus venas arquetípicas bien marcadas por las atrocidades que cometieron los europeos con sus ancestros/as en medio de la esclavitud, la cual en esencia nunca desapareció.

Aceptando este hecho, el de la continuidad de la barbarie racista y patriarcal sajona, heredera de Esparta y Roma, podemos visionar no "un mundo nuevo", sino renovar nuestros fundamentos para enfrentarlo. Debemos abrazar la idea de que no somos "humanos" y que no existe tal cosa como la sagrada familia donde vivimos en "libertad, igualdad, fraternidad", en tanto no somos hijos de un dios humanizado, ni hechos a su imagen y semejanza; tampoco les elegides para manipular el mundo a nuestro hedónico antojo. Pensemos: ¿cuánto maltrato animal se ha perpetuado en nombre de la "humanidad"? ¿Cuánto se ha explotado a la madre natura en nombre de supuestas necesidades de la "especie humana"? En virtud de esta visión especista, la ciencia ha usado a cualquier cantidad de seres no considerados humanos para cualquier cantidad de espeluznantes prácticas experimentales.

Aferrarse a "las humanidades", "humanizar condiciones de vida", promover que el parto sea "humanizado" y "trabajar en pro de los derechos humanos" pareciera ser una empresa fútil: arar en el mar del liberalismo, donde nunca seremos dignos/as, porque la vara de lo humano está muy alta (¿o es fantasía inexistente?). Todas estas premisas han sido creadas desde el androcéntrico hegemón griego y ratificadas por las religiones monoteístas patriarcales; nada de lo cual ha caído, solo se ha transformado.

¿Qué tal si entonces nos concebimos como meros seres sentipensantes, o seres vivos o seres amorosos (para retomar una idea de Mariátegui)? Mamíferos, seres vitales cuidadores de la vida en su conjunto, acompañantes del proceso vital de otros seres vivos, incluyendo "nuestra querida, contaminada y única nave espacial", que agoniza y pide a gritos una vuelta de tortilla donde la VIDA sea el centro y no la humanidad, la propiedad o el poder.

 

Penélope Claret Toro León

 

* Buscar la referencia en la parte I de este artículo.


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