Letra invitada | Día de la mujer y de la niña científicas

14/02/2026.- El pasado miércoles, los espacios del Auditorio de la Cantv, en Colegio de Ingenieros, se llenaron de luz para celebrar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. El evento central fue la presentación del segundo volumen del libro Mujeres de las ciencias en Venezuela, que rinde homenaje a las investigadoras de nuestro país, una iniciativa impulsada por el Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y Tecnología.

La jornada estuvo presidida por la vicepresidenta sectorial de Ciencia, Ecosocialismo y Salud, doctora Isabel Iturria, quien estuvo acompañada de la ministra de Ciencia y Tecnología, Gabriela Jiménez Ramírez, y de otras otras destacadas autoridades, quienes resaltaron la importancia de visibilizar el talento femenino en la construcción de la soberanía nacional.

Sin lugar a dudas, uno de los momentos más memorables fue la participación de la profesora Carmen Bohórquez, homenajeada en este segundo volumen. Su discurso —que compartimos a continuación— trascendió el reconocimiento individual para proponer una reflexión profunda sobre la responsabilidad política y moral de las y los creadores. Bohórquez nos invita a ver estos "autorretratos" no como un ejercicio de vanidad, sino como un faro para las nuevas generaciones que buscan transformar la realidad a través de la ciencia, la belleza, la solidaridad y la paz.

Aquí el discurso íntegro:

Creo interpretar a todas las mujeres y niñas que hoy nos encontramos autorretratadas en este libro, de apariencia sencilla, en el que cada una se fue dibujando a medida que nos veíamos compelidas a responder las preguntas que la entrevistadora nos hacía respecto a las diferentes etapas por las que cada una fue pasando a lo largo de su vida y en las cuales, sin darnos cuenta, nos fuimos construyendo como seres creadoras de saber.

El hecho mismo de responder cada pregunta nos hizo poner en movimiento toda la escala personal de valores y, además, entender cómo nos fuimos construyendo desde nuestra infancia, casi sin darnos cuenta, en esa otra que latía en nuestro interior y a la que estábamos obligadas a darle vida, si queríamos sentirnos originales y al mismo tiempo útiles para la comunidad que nos rodeaba.

Estos autorretratos literarios significan, fundamentalmente y antes que nada, un compromiso y una gran responsabilidad con la nación, con la patria, con la propia cultura, con el pueblo todo y, en particular, con las nuevas generaciones que puedan estar viendo en nosotras una forma encomiable de realizarse como venezolanos y venezolanas.

De modo que también desde esta perspectiva personal hay algo bueno en estos reconocimientos; aunque más no sea la certeza que te dan, de no haberte pasado la vida arando en el mar.

Ver tu vida reproducida en este libro no es para considerarlo un trofeo para la vanidoteca individual. Estar incluida en el mismo es, fundamentalmente, un compromiso; pero sobre todo es una gran responsabilidad y un gran desafío moral y político, en el sentido fundamental de la pólis; por cuanto has aceptado presentarte ante las generaciones que vienen detrás, como un modelo a seguir.

Siempre he pensado que un/una intelectual o un/una artista que no está comprometido/a con su tiempo y con su realidad es un intelectual o un creador inútil a su pueblo, e incluso inútil para sí mismo. La erudición, el éxito o el simple perfeccionismo personal servirán para masajear el ego, pero no para ayudar a construir un mundo mejor. Y este mundo que hoy vivimos necesita urgentemente ser transformado para que la belleza, el amor, la solidaridad y la paz, que son los valores más sublimes del espíritu humano, puedan volver a florecer entre los pueblos.

Cada una de las que aquí aparecemos contando nuestra historia personal, no lo hemos hecho por mera vanidad, ni por seguir las vacías tendencias que imponen los medios digitales; sino porque creemos que es necesario contrarrestar con ejemplos reales la tendencia que siembran esos medios digitales de conformarnos o de querer identificarnos con las vidas ficticias de personajes ficticios.

Vivimos un momento histórico crucial para lograr este propósito. El destino de la humanidad está en manos de las presentes generaciones. No habrá otro tiempo ni otra oportunidad. El horror de la guerra y de la destrucción de la naturaleza se han extendido a escala planetaria, pero también la esperanza y la lucha por la paz resurgen en la misma escala. Venezuela es hoy vanguardia para los pueblos que luchan por su dignidad y soberanía. Somos protagonistas y portadores de la esperanza de ese otro mundo posible; y los y las creadoras, entre las de mayor responsabilidad.

Que estas historias personales, que estos sueños realizados; como también los sueños a los que debimos renunciar por razones de fuerza mayor, puedan servir de ejemplo o de contraejemplo, según el caso, para que las nuevas generaciones puedan descubrir que hay muchísimas acciones creativas que los seres humanos de verdad pueden llevar a la realidad con esfuerzo propio y permanente, sin comprometer su voluntad y su autonomía; y, sobre todo, sin que tu yo naufrague en los océanos informáticos.

Hagámonos, pues, capaces de asumir este desafío; pero, sobre todo, seamos capaces de abrir nuestros oídos, nuestras mentes y nuestros corazones para escuchar la polifonía del saber profundo que viene de aquellos que son los verdaderos forjadores del sentido de la nación y de la patria toda: el pueblo participante y actuante que está escribiendo hoy su propia historia.

Muchísimas gracias.

Carmen Bohórquez

 

 

 

 

 


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