Letra invitada | Trump y la caza de la gran ballena blanca Moby Dick

14/02/2026.- En este instante me siento a escribir porque me vino a la memoria la gran obra del afamado escritor estadounidense Herman Melville, Moby Dick (1851). Esta célebre novela, en síntesis, trata de la persecución implacable y obsesiva a una gran ballena blanca por parte de un barco ballenero, a cuyo capitán el cetáceo le cercenó una pierna. La obsesión del capitán, de nombre Ahab, se debe a la búsqueda de venganza contra la osadía cometida por este gran animal. En el desarrollo de la trama, se pone de manifiesto una serie de emociones y sentimientos de venganza, conducta obsesiva, narcisismo herido y la naturaleza salvaje de un personaje con una emocionalidad alterada e inestable que impregna totalmente esta narrativa. Aunque se pueda argumentar el hecho de la pérdida de la pierna del capitán como justificación para la venganza y ataques inclementes al animal, que es herido en varias oportunidades por arpones, no es posible equiparar la racionalidad humana, que debería primar en un individuo en circunstancias difíciles, con la naturaleza instintiva y salvaje de supervivencia de una ballena atacada en su medio natural de vida.

 

El gran imperio del norte

Estados Unidos es una gran nación. Sus hombres y mujeres han realizado extraordinarios aportes en todos los órdenes —científico-técnico, salud, deportes, cultura, etc.— para propiciar el bienestar de la humanidad, pero con una falla de origen, como ha sido el deterioro progresivo de la élite en el poder. Comencemos por un respetable y fructífero padre fundador, George Washington, pasando por un James Monroe —"América para los americanos", pero los del norte...— hasta llegar a un Donald Trump, que más bien parece el capitán de una flota de barcos balleneros que se desplaza por mares y océanos de todos los continentes tratando de cazar obsesivamente pueblos, gobiernos y presidentes como si fueran ballenas que hay que destruir, en un afán por demostrar un narcisismo extremo (y extremista). Hemos pasado así de una ficción excelsa como la de Moby Dick a la realidad brutal del exterminio de pueblos y gobiernos que lanzan misiles como si fueran arpones balleneros y secuestran al presidente y la primera dama de un país como Venezuela, pacífico y democrático, que no tiene afán de conquista ni de poner en riesgo la seguridad de ninguna otra nación.

 

La lucha de los pueblos irredentos

De la misma manera que las distintas especies de ballenas no han podido ser eliminadas de los mares y océanos por los balleneros, los pueblos irredentos no han podido ser eliminados de la faz de la tierra por los otros, los balleneros imperiales, léase Donald Trump y la élite imperial fragmentada y corrupta que lo secunda.

Las ballenas pueden vivir hasta doscientos años, pero ni los pueblos ni los imperios pueden vivir toda la vida.

No hay balleneros capaces de eliminar todas las ballenas, ni imperios que logren desaparecer todos los pueblos.

Así como en Moby Dick el capitán Ahab murió ahogado, enredado en la cuerda de un arpón disparado a la ballena, los imperios desaparecen ahogados en su propia madeja de enredos para desaparecer o conquistar pueblos. Así fue el caso del Imperio romano, el griego, el otomano, el español y, en América, los imperios maya e inca. Así será con el imperio norteamericano. No lo verá quien esto escribe, pero sí las civilizaciones posteriores, que estudiarán las realizaciones de su grandeza y las causas de su caída.

 

Humberto Castillo Gallegos


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