Xin chào | Año del caballo

El que vence a los demás es fuerte. El que se vence a sí mismo es poderoso.

Hồ Chí Minh

13/02/2026.- Este 17 de febrero, la figura del caballo asumirá el protagonismo en el marco del zodíaco ancestral vietnamita, que hasta hace pocos días estuvo posesionado por la simpática serpiente, símbolo de buena vibra, que deja un crecimiento de la producción industrial del 21,5%, según la Oficina Nacional de Estadística. Se trata de un fuerte incremento atribuido a la mejora en el volumen de pedidos en el mes de enero de 2026, en comparación al mismo período de 2025, según el portal VietnamPlus.

Significativas fechas cierran el año de la serpiente, como la conmemoración del 96.º aniversario del Partido Comunista; los 85 años del regreso de Hồ Chí Minh a Vietnam tras una estadía de 21 años en Francia; los 40 años del arranque del Đổi mới (renovación) que abrió las puertas a la Economía de Mercado con Orientación Socialista, y la realización del XIV Congreso del Partido Comunista, que ratificó al dirigente To Lam como secretario general.

Desde que Vietnam aprobó en 1982 aquel famoso Đổi mới (renovación), se levantaron grandes urbes sobre las ruinas ocasionadas por los bombardeos estadounidenses durante 21 años, como el caso de Hanói, Đà Nang o Ciudad Ho Chi Minh, que hoy enorgullecen a los vietnamitas, por su sacrificio y amor por el socialismo.

La Economía de Mercado con Orientación Socialista abrió las puertas a una importante inversión extranjera que, por ejemplo, le dio entrada a la celebración navideña al estilo occidental, un evento que no se conocía entre los vietnamitas. De esa manera, las vitrinas de los centros comerciales comenzaron a mostrar nuevos ambientes en la tierra del Tío Hồ, entre copos de supuesta nieve o la palabra Santa Claus (San Nicolás), desconocida hasta ese momento en el vocabulario popular del país indochino, etiquetada con la figura risueña del mayor marchante decembrino del mundo, el gordito de atuendo rojo y de contornos blancos, cual copos de nieve.

Ciertamente, la Navidad era desconocida por la mayoría de los vietnamitas, camboyanos y laosianos, a pesar de que hacía un siglo, aproximadamente, el colonialismo francés había llevado el catolicismo (1858) hacia algunas ciudades del sur y el norte vietnamita. Ahí habitan comunidades que veneraban la figura del Niño Dios durante los días decembrinos, en sus humildes hogares o en las pocas iglesias católicas, pero esa figura de Santa Claus nada tenía que ver con el catolicismo.

Esa Navidad de Hanói, donde vivimos durante diez años, está más asociada con la imagen comercial de Santa Claus, en vallas o centros comerciales, no así en la vida de muchos vietnamitas católicos, aunque algunos muchachos y muchachas lucen el gorrito rojo sin complejos, a manera de moda decembrina.

Una de las iglesias más visitadas de la capital vietnamita es la catedral Saint Joseph, ubicada muy cerca del lago Hoan Kiem, referente por excelencia del centro de Hanói. Esa iglesia, réplica de la basílica francesa de Notre Dame, acoge durante la Navidad no solo a cientos de creyentes locales, sino en general a los turistas que frecuentan esa hermosa zona del llamado barrio francés, colmada de tiendas tradicionales y muchos restaurantes occidentales y de comida típica vietnamita.

En la provincia de Bắc Ninh, muy cercana a Hanói, se pueden visitar varias iglesias católicas. En los cementerios, es posible apreciar ese sincretismo religioso sobre las lápidas de las tumbas, donde se puede ver la cruz católica al lado de símbolos taoístas, varitas de incienso y hasta pequeñas banderas rojas de estrella amarilla de la República Socialista de Vietnam.

En los hogares que conocimos en Hanói y otra ciudad del norte, como Sa pa, provincia de Lào Cai, ese encuentro religioso se puede apreciar en los altares domésticos, donde se rinde homenaje a los ancestros y a los héroes de la patria, como Hồ Chí Minh y Võ Nguyên Giáp, al lado de imágenes de santos católicos.

Anualmente, la presencia de la celebración a lo occidental se hace sentir más en Hanói y otras metrópolis del lejano sur, con gigantescas y coloridas concentraciones en medio de grandes espectáculos musicales promovidos por empresas extrajeras relacionadas con la promoción de vehículos automotores, motocicletas y marcas de cervezas. Sin embargo, la actividad laboral citadina en general no se detiene. Como muestra, los centros educativos cierran solamente el primer día del nuevo año occidental, pero en estos momentos el país inició un nuevo período de preparación para la auténtica celebración masiva y espiritual asiática con la atención puesta en la fiesta del tết o del nuevo año lunar. Esta vez verá la partida del año de la simpática serpiente y el advenimiento del caballo (elemento fuego).

Finalizada la fiesta a lo occidental hace mes y medio, las tiendas retiraron de las vitrinas los trajes rojos del simpático gordito para abrirles espacio a las figuras del imponente caballo de fuego y diversos adornos y diseños propios de la celebración ancestral. En este caso, el caballo simboliza vitalidad, perseverancia y éxito. Las personas nacidas en el año del mencionado cuadrúpedo son consideradas hacedoras, vibrantes y muy agradables. De esta manera, el relato muestra el origen de la etnia originaria vietnamita.

 

Chúc mừng năm mới

Cuando el reloj marque el primer minuto del nuevo año lunar, con el tradicional saludo chúc mừng năm mới (feliz año nuevo lunar), en el caso del jolgorio vietnamita, resonarán los cohetes alrededor de los grandes lagos de Hanói, Ciudad Ho Chi Minh, Da Nanh o Hoi An —patrimonio histórico reconocido por la Unesco— para celebrar el advenimiento de la celebración ancestral.

Las pagodas budistas, los templos taoístas y confucianistas comienzan a vestirse de alegría. Los altares familiares son renovados y están listos para recibir a los millones de visitantes del más allá, que viene a reunirse con el entorno familiar.

Las flores de melocotón y los arbolitos de naranjitas china coparán parques y jardines de las casas, mientras los hogares renuevan el altar ancestral para entregarse durante los primeros tres días a honrar a los ancestros.

El altar ancestral es un lugar sagrado, en cuyo centro se coloca un envase o cuenco para ubicar varillas de incienso, que representan el universo, mientras que en los extremos se encienden luminarias (velas). La de la derecha representa la luna y la de la izquierda el sol. El altar también muestra un plato sobre una base, donde se colocan cinco frutas diferentes, y justo detrás del bol de los inciensos generalmente se ubica un incensario de tres patas, cuya tapa está decorada con la imagen de un unicornio, representativo de la superioridad de los ancestros sobre cada entorno social. Algunas familias utilizan objetos de color amarillo, en imitación del oro, y se colocan fotografías de los ancestros de las últimas cuatro generaciones, con su nombre completo, título y fecha de nacimiento y fallecimiento. Todos los eventos ocurridos durante el año en el seno familiar son informados por el líder del lugar donde está ubicado el altar ancestral.

En la ocupación entre 1858 y 1975, se turnaron los franceses, japoneses y estadounidenses, y muchas pagodas y templos fueron destruidos, pero los pueblos improvisaban lugares para rendirles honores a sus ancestros mientras los invasores intentaban cambiar las creencias de la población. En su mayoría, se negaron a cambiar su cultura milenaria. Además, asumiendo el socialismo desde 1936, cuando el Partido Comunista de Indochina se puso al frente de la revolución antiimperialista hasta liberar a Vietnam, Laos y Camboya.

 

Ángel Miguel Bastidas G.

 

Referencia:

V. N. Khanh. (2009). Leyenda y cuentos de Vietnam. Editorial Thế Giới.


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