Trinchera de ideas | En Irán se juega el destino de la humanidad
En Irán se juega el destino de la humanidad.
Sergio Rodríguez Gelfenstein
A la República Islámica de Irán
en el 47.° aniversario del triunfo de
la revolución del 11 de febrero de 1979.
12/02/2026.- El líder no miente. No puede hacerlo. Dejaría de ser líder. No podría ser ayatola. El islam no lo permite. Cuando el ayatola dice que un ataque a Irán se transformaría en una guerra regional, se puede tener plena convicción de que así será. Los países occidentales deberían dedicar parte de sus cuantiosos recursos financieros a constatar que nuestro planeta está constituido por múltiples civilizaciones, que no hay una visión unívoca del mundo y, en ese marco, deberían conocer los preceptos, valores y principios del islam chiita para saber que… el líder no miente.
Además, un nuevo bombardeo a Irán significaría otra vez que Estados Unidos habría faltado a su palabra… si es que alguien todavía cree que la tiene. Sin embargo, ahora la respuesta sería distinta; la República Islámica aprendió de la guerra de los doce días y sacaron las experiencias necesarias para que los hechos no se repitan.
También deberían saber los genios occidentales que Ciro el Grande, rey de reyes de los persas, creador del mayor imperio de su época, tomó Babilonia en 539 a. C. (más de 2.300 años antes de que naciera Estados Unidos) para lo cual tuvo que desviar el cauce del río Éufrates. Ciro liberó a los judíos, eliminó la esclavitud, promulgó la tolerancia religiosa y el respeto a las culturas locales y decretó lo que se considera la primera declaración de derechos humanos de la historia, todo lo cual está contenido en el llamado "Cilindro de Ciro". No es precisamente Estados Unidos el que le va a dar lecciones de derechos humanos ni de multiculturalidad o tolerancia religiosa a los persas.
En junio del año pasado, sentados en la mesa en Omán, traicioneramente Estados Unidos "hizo un alto" para atacar a Irán. Hoy de nuevo están conversando indirectamente en el mismo país y, por segunda vez en menos de un año, Washington amenaza con agredir. Israel, que desea organizar un holocausto propio, insiste y presiona a Estados Unidos. No le basta con el genocidio en Palestina; ahora quiere hacerlo en toda la región. Por eso también desarrolla acciones bélicas contra Siria, Líbano, Irak y Yemen. La paciencia de los musulmanes está a punto de desbordarse.
Tampoco es difícil imaginar que en las condiciones actuales una guerra regional podría escalar ampliando su extensión hasta incluso transformarse en un conflicto planetario que, a su vez, en la medida de la situación circundante, el tipo de armamento utilizado y el alcance del mismo, podría devenir en guerra nuclear, porque si —como es de esperar— Irán responde destruyendo Israel, las 19 bases militares de Estados Unidos en la región, los enormes campos petroleros de cualquier país árabe que osara apoyar a Washington y cerrara los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, ¿qué le quedaría a Estados Unidos sino emplear sus armas atómicas?
En el "mejor" de los casos, que sería que la conflagración se mantenga en términos del uso de armamento convencional, el cierre de los estrechos significaría poner el precio del barril del petróleo en 200, 300 dólares o más. De inmediato, sobrevendría el colapso de entre 120 y 140 países del globo. El ataque a Irán se habría transformado en guerra regional y esta, en guerra mundial.
Este es el nivel de "racionalidad" al que Estados Unidos e Israel, Trump y Netanyahu, han llevado al mundo. Hiroshima y Nagasaki quedarán como una anécdota más en el proceso de destrucción planetaria que propone Trump a fin de sostener el infinito afán de lucro y ganancia del 1% de la población mundial.
La ignorancia y la estupidez no exoneran a nadie. Se debería saber que para el islam chiita sería un pecado construir el arma nuclear. Por supuesto que pueden hacerlo, y en muy pocas horas, pero ni el ayatola, con todo el poder y la autoridad que tiene, está acreditado para tomar una decisión de ese tipo. Tendría que emitir una fatwa específica y solo podría hacerlo si está en juego el futuro del islam.
Sin embargo, no se pueden analizar los hechos internacionales desde una perspectiva unilateral y unilineal. Siempre hay más de un actor, aun cuando uno de ellos pueda ser más poderoso que el otro o los otros. De ahí que estudiar lo que ocurre en el mundo al margen de la situación interna de Estados Unidos conduzca a conclusiones incorrectas que conllevan un pesimismo estructural. Eso es lo que Washington quiere que exista para llevar a los pueblos a pensar que todo ha terminado y que no hay posibilidades de reversión de la tendencia fascista que Estados Unidos le está imponiendo al mundo.
En otro momento, un "intelectual" asalariado en Estados Unidos escribió que la historia había finalizado tras la desaparición de la Unión Soviética. La propia historia se ha encargado de demostrar cuán equivocado estaba. Ahora, Estados Unidos transita por una crítica situación interna que Trump pretende revertir con más y más represión a su propio pueblo. En ese marco, considera que solo la guerra puede salvarlo.
Este mecanismo, conocido y utilizado por gobernantes desprestigiados, se propone resolver a través de acciones externas las graves crisis internas que se viven. Por ello, se recurre a exaltar un ultranacionalismo que se imbrica con el fascismo y su consecuencia es desatar un espíritu guerrerista encaminado a provocar inestabilidad a través de la amenaza, la coerción, el chantaje y, en última instancia, la guerra.
Como se dijo antes, Irán sacó las experiencias de la guerra de los doce días. También China y Rusia se dispusieron a colaborar para evitar que esta potencial guerra regional y mundial pueda llevarse a efecto. Las tres potencias diseñaron escenarios catastróficos de conflicto que incluyen una confrontación abierta con Estados Unidos en la que —a fin de evitar dudas al respecto— China y Rusia ya se involucraron a través de la iniciada dotación de armas y tecnología de información satelital y de inteligencia a Irán. La misma permite la ubicación de barcos y lanzadores de misiles estadounidenses, hoy totalmente observados y monitoreados por la República Islámica. ¿Se entiende por qué sería una guerra mundial?
Por supuesto que Estados Unidos y sus aliados podrían desatar guerras de menor intensidad para lograr objetivos inmediatos específicos en los países que conforman el eje de la resistencia. Esta posibilidad sería enfrentada en su dimensión local o regional por un cuerpo de diez millones de combatientes encabezados por Irán, que ya están dotados con armamento moderno, entrenados para el combate, provistos de una sólida fe religiosa y de una superioridad ética y moral que rompe el equilibrio con la fuerza que podría estar construyendo Estados Unidos. En las últimas semanas, los países del eje de la resistencia han anunciado su decisión de incorporarse directamente con sus tropas al conflicto, si Irán es atacado.
Para Irán está claro que una eventual guerra será abierta, a largo plazo, y en la que, como ya lo han anunciado, se incorporarían fuerzas populares y militares de Irak, Líbano, Yemen, Palestina y de muchos otros países árabes y musulmanes, haciendo temblar a sus gobiernos si osaran apoyar al enemigo imperialista y sionista. Se iniciaría un conflicto en varios frentes y se podrían reactivar otros que están latentes o "dormidos", como el existente entre Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita en Yemen. También se podría activar un "frente africano" para contrarrestar la presencia sionista en Somalia, que obligaría a Yemen a bloquear la navegación Mandeb a cualquier navío del enemigo por el estrecho de Bab el Mandeb. Ya demostraron que quieren y pueden hacerlo.
En Líbano, a pesar de las contradicciones políticas internas y del actual gobierno prooccidental, Estados Unidos sigue presionando para intentar que la resistencia y los civiles aliados de Hezbollah no puedan seguir recibiendo armas y apoyo financiero de Irán, sabiendo que, en el marco de un conflicto regional, este sería el frente norte de la guerra por la recuperación de los territorios palestinos ocupados.
Irak, por su parte, también amenazado por Estados Unidos y en medio de la intervención directa y la presencia por 23 años de las fuerzas armadas imperiales en su territorio, ha sido capaz de organizar un poderoso ejército popular conformado por alrededor de un millón de combatientes que enarbolan las banderas del islam chiita, profundamente antiimperialista y antisionista. En Irak se ha estructurado la principal reserva de combate del eje de la resistencia para una eventual guerra regional.
En una elevada prueba de madurez política, las fuerzas chiitas iraquíes han dejado de lado las diferencias políticas y sus propias y legítimas pretensiones, para unirse a la postulación del ex primer ministro Nuri al Maliki en su aspiración de regresar al cargo. Al Maliki es rechazado por Washington por sus firmes convicciones respecto al valor estratégico de una alianza iraní-iraquí. Su candidatura unificada es expresión del fracaso de la política estadounidense en Irak (como lo ha reconocido el propio Trump), que ha tenido que abandonar el país tras 23 años de intervención militar, que le costaron la pérdida de más de un millón de sus hijos. ¿Se entiende por qué sería una guerra de alcance regional?
Por esto digo que, si la actual confrontación de Estados Unidos contra Irán llegara a manifestarse en el terreno bélico, se desataría una guerra extremadamente destructiva que se generalizaría en la región y que señalaría un antes y un después en el mundo contemporáneo.
Esta conflagración, igual que en 1945, daría origen a un nuevo orden regional en primera instancia, pudiendo marcar el fin de la presencia masiva de Estados Unidos en la región y la desaparición del sionismo como instrumento de administración y control de Israel. Incluso si en esta situación Estados Unidos siente que su hegemonía regional está en entredicho y pretende responder, amenazando al mundo con el uso del arma atómica, lo más probable sería que la mayor parte de la humanidad se levantaría para exigir que se implemente un nuevo orden mundial.
Por esta razón, un ataque de Estados Unidos contra Irán implicaría un riesgo que desafiaría la paz y podría ser el inicio de una tercera guerra mundial si es que antes no se establece un nuevo orden en favor de la armonía y la concordia entre los pueblos del planeta. Todo indica que si en Estados Unidos primara la sensatez, no debería desatarse una guerra contra Irán, pero esa no es precisamente una cualidad de las administraciones estadounidenses. Todavía hay un espacio para que la diplomacia evite una guerra regional y mundial, que podría ser de carácter termonuclear. Sin embargo, hay que estar atentos: mientras más se agrava la situación política, económica, social y jurídica interna de Estados Unidos, y en tanto se sigan vulnerando sus alianzas geopolíticas, más peligrosa se tornará la vida en el planeta.
Para concluir, y a fines de conocimiento y alerta, se deben tener en consideración las palabras del comandante en jefe del Ejército iraní, mayor general Amir Hatami:
Nuestras capacidades de misiles y defensa hoy se encuentran en una posición mejor y más elevada que antes de la guerra de los doce días […] Enfrentamos al enemigo con toda su ciencia, tecnología y métodos de guerra integrados y descubrimos sus debilidades y fortalezas, así como las nuestras. Hoy estamos plenamente preparados […] Tenemos el dedo en el gatillo. La República Islámica de Irán es indestructible.
También es importante conocer las apreciaciones que ha hecho el almirante Alí Shamkhani, asesor del líder supremo de Irán, Alí Jamenei:
La guerra no es solo un intercambio de disparos ni el sonido de cañones. Vivimos en condiciones de guerra reales y estamos preparados para cualquier eventualidad […] La preparación militar significa aceptar la guerra, no iniciarla. Sin embargo, nos enfrentamos a una guerra injusta y a amenazas, y ellos se están preparando con todas sus fuerzas […] Están intentando absorber a Irán, pero eso es imposible mientras exista la República Islámica. Espero que se den cuenta de que Irán no es algo que se pueda absorber. Antes de gastar su dinero y amenazar la seguridad de la región, deberían abstenerse de este tipo de acciones […] Nosotros en el ejército debemos considerar la guerra inevitable, pero según la realidad política, aún hay tiempo y estas oportunidades deben aprovecharse adecuadamente […] Occidente no entiende, o no quiere entender, que cuando decimos que está prohibido religiosamente producir o poseer armas nucleares, esto no puede traducirse en órdenes prácticas […] En rondas anteriores, emitimos tres firmes "no": no buscamos tener armas nucleares y no las produciremos, no las almacenaremos, y ellos deberán pagar el precio […] Fuimos testigos directos de esto durante la guerra y poseemos información sobre las zonas de donde han salido las amenazas. No se repetirá esa paciencia. Hemos dejado claro que no seremos moderados y consideramos que el deseo de algunos países de la región de evitar la guerra constituye un esfuerzo sincero […] Sin duda, continuaremos con el camino que elegimos. Nuestro apoyo a los pueblos de la región en resistencia continuará.
Como dice la Biblia, "el que tenga oídos, que oiga", pero si no lo quieren hacer, recuerden siempre que "el líder no miente".
Sergio Rodríguez Gelfenstein
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