Pluma acústica | Batacumbele: el tambor boricua avanzado

12/02/2026.- El término "folclórico experimental" en el contexto de la música afrocaribeña nos lleva inmediatamente a pensar en el Grupo Folclórico y Experimental Nuevayorquino y, en un ámbito más local, en el Grupo Madera, quienes muy frecuentemente se presentaban así. Sin embargo, una agrupación puertorriqueña hizo de este término, sin mencionarlo en su nombre, un hecho. Se trata de Batacumbele, un experimento musical que desafía el oído y también las caderas.

A principios de los años ochenta, mientras la salsa comercial empezaba a ponerse romanticona y erótica, Batacumbele surgió como un terremoto que devolvió el protagonismo al tambor y a la experimentación, sin perder el sonido callejero. Fue una iniciativa de Ángel "Cachete" Maldonado, que nació con una misión clara: investigar y exponer las raíces afrocubanas y puertorriqueñas bajo un prisma contemporáneo. El nombre mismo, de origen lucumí, traduce "arrodillarse ante el tambor", lo que sugiere una conexión espiritual y física con el movimiento y la tierra.

La banda se convirtió en un refugio para músicos que estaban picados por la curiosidad de sus ancestros. Se metieron de frente con el songo, ese ritmo que venía de Cuba con Los Van Van, pero le pusieron la sazón boricua de la bomba y la plena, y lo mezclaron con armonías de jazz explosivas. Allí confluyeron Erick Figueroa, en el piano; Eddie "Guagua" Rivera, en el bajo; y Pablo "el Indio" Rosario, Giovanni Hidalgo y Cachete Maldonado, en la percusión, entre otras leyendas.

Ángel "Cachete" Maldonado no era solo un percusionista que tocaba duro; era un acucioso investigador. Su viaje a Cuba fue clave para la adopción del songo. Él entendió que aquello era una evolución natural del son, y como él estaba obsesionado con la raíz, hizo que el songo de Batacumbele sonara más orgánico. Mientras en Cuba el songo a veces se iba hacia lo electrónico o lo muy estructurado, Cachete le metió el barril de bomba, un instrumento tradicional boricua que es una especie de pandereta sin sonajas, lo que le dio una sonoridad local.

 

El concepto de los tambores batá y la innovación rítmica

Antes de Batacumbele, mucha gente veía los tambores batá (Iyá, Itótele y Okónkolo) como algo netamente religioso, encerrado en un cuarto de ceremonias. Aunque, ciertamente, no fueron los primeros en adaptarlos a una música fuera del contexto religioso, Cachete, con todo el respeto y siendo un conocedor profundo, sacó esos lenguajes y los llevó al formato de orquesta con su toque particular. Así nacieron los ritmos de batarrumba y cumbele.

No era solo meter el tambor por meterlo; era que las trompetas, el piano y el bajo empezaran a hablar como lo hacen los tambores en una ceremonia yoruba. Esa comunicación cruzada es lo que hace que cuando uno escucha a Batacumbele sienta una fuerza que no tiene la salsa común. Es una energía que te mueve la fibra interna.

 

La universidad de Mañenguito

Batacumbele fue una universidad para muchos músicos. Por ahí pasaron figuras que luego se convirtieron en leyendas mundiales. Tal es el caso de Giovanni "Mañenguito" Hidalgo, quien en esa época estaba chamo, pero ya era un fenómeno. Lo que hizo con las congas en temas como En los 20 es para estudiarlo con un estetoscopio. Ese talento lo llevó a ser un pilar fundamental y el motor rítmico del grupo.

Considerado uno de los percusionistas más importantes de todos los tiempos, Mañenguito revolucionó la percusión al adaptar técnicas de rudimentos de batería y movimientos de dedos propios de instrumentos como el bongó o la tabla de la India a las tumbadoras. Esto le permitió alcanzar una velocidad y claridad rítmica asombrosas. Su habilidad para tocar redobles y frases melódicas en los cueros transformó la conga en un instrumento solista de primer orden.

 

Discografía de Batacumbele

Batacumbele grabó cinco discos que representan uno de los capítulos más interesantes de la historia de la música afrocaribeña experimental. En 1981 graban su primer álbum, titulado Con un poco de songo. En este trabajo es donde presentan ese sonido inspirado en Cuba, pero con el swing de Puerto Rico. Fue el debut donde Giovanni Hidalgo, con solo veinte años de edad, ya demostraba que venía de otro planeta. De aquí se destacan temas como Se le ve y Batacumbele.

Para el año 1983 graban En aquellos tiempos. Este es, probablemente, su disco más sólido. Es de esos álbumes que los coleccionistas buscan "como palito de Romero" porque marcó una época dorada para la experimentación musical afrocaribeña. De esta grabación son muy recomendables los temas Báilala, Sin egoísmo y En aquellos tiempos.

Cuatro años más tarde, en 1987, publican el disco Afro-caribbean jazz. Aquí le bajaron dos a las revoluciones del songo para meterle más armonía y descarga de jazz, yéndose por un camino más instrumental. Es el disco que los consolidó en el mundo del jazz internacional. Una versión increíble de Cachita y el tema Nutville son la piedra angular de este palo de disco.

En 1988 tocan en la Universidad de Puerto Rico, graban el concierto y lo publican con el nombre de In concert at the University of Puerto Rico, un disco que captura la energía que Batacumbele soltaba en la tarima. Aquí se nota que no había trucos de estudio; era talento puro. Es un álbum doble donde todos los solos de percusión son de antología.

Su último disco, grabado en vivo en 1999, se titula Hijos del Tambó. Este fue un regreso con fuerza luego de una década de inactividad pública, un reencuentro que sirvió para dejar claro que el legado seguía vivo. El espíritu de la banda se mantuvo intacto, rescatando la raíz africana con un sonido moderno. En 2015 lanzaron un sencillo llamado La negra Tomasa, que mantiene esa sabrosura característica del grupo.

Dicho esto, no cabe duda de que Batacumbele es a la música afrocaribeña lo que un buen ron añejo es a una reunión entre panas: algo que se disfruta con ardiente calma, que tiene cuerpo y que deja un sabor de boca que no se quita fácilmente, un buqué a vaina buena.

 

Kike Gavilán


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