Punto y seguimos | Bad Bunny y las dos Américas
10/02/2026.- El espectáculo musical del medio tiempo del Súper Tazón estadounidense es un producto estrella de la industria cultural: masivo, comercial y —yéndonos a la teoría crítica— parte del sistema de dominación ideológica que obedece al régimen económico. En ese sentido, cuando hoy se alaba la presentación del puertorriqueño Bad Bunny en términos antisistema, resulta difícil no ver la contradicción. Ciertamente, la ocasión se presta para el debate; habrá quienes consideren que es desde adentro el lugar preciso para generar cambios y “explotar” estructuras, mientras que otros podrán decir que es una anomalía, una suerte de rebeldía calculada y permitida dentro de un sistema en crisis evidente. Probablemente sea un poco de ambas y de algo más.
Que un boricua cante en español, en un espectáculo lleno de ritmos latinos y de símbolos de la cultura local, llamando a la unión del continente expresando que todos somos América en un espectáculo yanqui por antonomasia, que es la expresión del máximo provecho comercial en un deporte que poco y nada tiene que ver con la cultura latinoamericana, resulta en una paradoja: es disruptivo —cómo no—, pero para aquellos blancos racistas y supremacistas que lo consideran una afrenta a su americanidad, no por nada Donald Trump se refirió al show como "¡absolutamente terrible, uno de los peores de la historia!" ; pero al mismo tiempo consolida los valores del establishment y llama, no a la independencia, sino a la incorporación. Es un llamado a la aceptación del latino migrante o el latino colonizado como uno más, como un "americano más", y no en el sentido de la América de Bolívar, sino la de Monroe. Bad Bunny no llamó a un Puerto Rico y América libres, llamó al respeto por los latinoamericanos como seres humanos. ¿Un buen mensaje? Sí, pero se queda muy corto.
La identidad atravesada por la migración la transforma; es humanamente imposible que no se creen lazos con los nuevos lugares de vida que conviven con el ser del lugar de origen, generando heridas, contradicciones y paradojas, especialmente si ambas culturas son muy diferentes en valores y modos de ver y entender el mundo. El miniconcierto de Bad Bunny refiere a ese público, que es el que hoy sufre directamente las atrocidades del ICE y del desmadre de la administración Trump, que no los considera ciudadanos ni personas; es una latinidad permeada por la dominación imperial en la que, lastimosamente, también se ven reflejados muchos de los que no viven en EE. UU., pero que, producto de la colonización cultural, ven en esos latinos exitosos en Hollywood una especie de modelo aspiracional. Latinos, sí, a mucha honra, pero con sueños de ser la estrella del Super Bowl.
Mariel Carrillo García
