Rostro de mujer | Un tejido de cultura, deporte y compromiso
07/02/2026.- La identidad venezolana se construye con historias que entrelazan tradición, resistencia y compromiso social. Este relato explora la trayectoria de Omaira Borges, cuya vida ha sido un diálogo constante entre el legado de sus ancestros y su propia determinación.
Su historia comienza en el frescor del campo, en el seno de una familia donde la cultura se respiraba con naturalidad. Séptima de nueve hermanos, creció bajo la guía de sus cuatro abuelos, quienes marcaron su destino. Omaira recuerda con especial afecto las "arpas vagabundas" de sus abuelos: instrumentos que parecían cobrar vida propia mientras los acompañaban en cada rincón donde compartían su arte.
Aquellos hombres no solo eran músicos, sino también trabajadores incansables; propietarios de una agencia de automóviles y comerciantes de ganado. Por su parte, sus abuelas eran la alegría personificada: bailadoras de Miranda y Aragua, tan reconocidas que sus nombres resonaban con orgullo en la Radio del Tuy. Entre ríos y juegos, forjó una niñez que hoy define su vibrante espíritu caribeño.
A los diez años, siguiendo el consejo de sus maestros, descubrió el poder del deporte. Lo que comenzó con una sugerencia escolar se convirtió en una pasión de alto rendimiento. Con resistencia, logró representar a dos regiones en disciplinas opuestas: llevó con orgullo la bandera de Miranda como fondista y la de Distrito Capital en voleibol. Esa etapa de sacrificio físico moldeó a la mujer luchadora que es hoy, a sus 62 años.
En el marco del encuentro con Rostro de mujer, compartió que celebra cuarenta años de matrimonio junto a su esposo Humberto, con quien formó un hogar de tres hijos, hoy profesionales realizados. Su camino académico fue, en sí mismo, una carrera de fondo: inició con estudios de comercio, y, a pesar de los obstáculos, logró titularse como periodista.
Su vocación comunicadora nació en la calle, trabajando codo a codo con las comunidades. Fue productora de televisión y, motivada por la necesidad de entender los procesos sociopolíticos del país, realizó una maestría en Estudios Internacionales en la Universidad Politécnica de Mérida.
Para Omaira, la cultura trasciende el baile; es medicina ancestral, tejido, cocina y amor por lo común. Actualmente, desempeña una labor fundamental en el Frente de Mujeres en Cultura, donde trabaja para unificar las voces de la mujer campesina, la pescadora y la profesional.
Al mirar hacia el futuro, se visualiza plena: bailando en la plaza El Venezolano, sana y en absoluta paz. Su mensaje para las nuevas generaciones es de amor propio y fe:
Crean en un Dios vivo. Ámense a sí mismos para poder dar amor a los demás. Como dice la canción de Joan Manuel Serrat: "Caminante, no hay camino; se hace camino al andar". La vida no tiene un destino predeterminado; la existencia y el futuro se construyen mediante las acciones y decisiones de cada persona. Vean la palma de sus manos y verán que aún hay un camino por trazar.
Hoy, Omaira sigue de pie, orgullosa de las mujeres combatientes de su país. Está convencida de que Venezuela es un referente de paz y creatividad para el mundo, recordando siempre que, en la lucha por la vida, "no basta con rezar"; hay que amar, hacer y vencer.

Nunca es tarde para florecer
Nirman García Berbeo
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