Crónicas y delirios | Trump, el mundo en su caja registradora

07/02/2026.- Estados Unidos de Norteamérica, con Donald Trump a la cabeza, resolvió mostrarnos descaradamente que, como adalid de los antivalores del planeta, estima letra muerta la Carta de las Naciones Unidas, la Constitución de los respectivos países del orbe, las leyes de comercio, los tribunales mundiales y cualquier normativa internacional que limite su ámbito de acción y expansión.

Asimismo, personificada en Trump y su grupo, se agrega a lo anterior la codicia irrefrenable por la propiedad ajena, las aguas de cada país, el petróleo de subsuelos foráneos, los minerales raros, el gas de los otros y hasta los icebergs de Groenlandia, conforme a una irrefrenable doctrina trumpiana en búsqueda del poder infinito y los bienes de los demás. Su mensaje al respecto aleja cualquier duda: “Nadie puede detenerme, no necesito el derecho internacional” (declaraciones de Donald Trump a The New York Times, 9 de enero de 2026).

En provecho de los fines comerciales, políticos o expansionistas de EE. UU., Trump aplica al voleo aranceles de presión a las demás naciones para que acepten sus reglas, como si se tratase de un juego de Monopolio universal y perverso o de las máquinas lúdicas con trucos a favor de la casa, instaladas en el Trump International Beach Resort de Miami.

Lo último en la enunciación de la política exterior de EE. UU. es, como sabemos, la llamada Nueva Estrategia de Seguridad Nacional, Protocolo Trump, definitoria de los objetivos geopolíticos del país y con basamento en la antigua Doctrina Monroe de América para los americanos, hoy rebautizada como America First con la declaratoria de su intención: “Una hoja de ruta para garantizar que EE. UU. siga siendo la nación más grande y poderosa de la historia de la humanidad”, a costa, agregaríamos, “de los otros países de nuestro continente”.

El documento no deja resquicios para la duda: “Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente”; se abandona a Europa por considerarla una civilización moribunda como consecuencia de la inmigración, agregando que ella debe asumir la responsabilidad de su propia defensa; desestima al Medio Oriente como su foco central (quizás para dejárselo a Israel); e implica tácitamente, según algunos especialistas, una relación de competencia-cooperación con China por el inmenso déficit comercial que tiene Estados Unidos.

Apenas algunas semanas de aprobado el Protocolo Monroe, Trump empezó la mise-en-scène de cercar militarmente la zona central del mar Caribe, bajo la falsa excusa de que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dirigía el Cartel de los Soles, supuesta organización del narcotráfico que llevaba drogas a EE. UU.; y como bien sabemos, el 3 de enero en la madrugada, un terrible comando gringo invadió nuestro país y, después de asesinar a cien guardias venezolanos y cubanos de la brigada presidencial en Fuerte Tiuna, se llevó a Maduro y a la primera combatiente Cilia Flores para juzgarlos en Nueva York.

Muy pronto la realidad determinó la verdadera intención imperial: apoderarse de nuestra riqueza petrolera; y ello coincidió (el tiempo lo despejará) con una modificación de la Ley de Hidrocarburos propuesta por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez; la visita inmediata a Caracas de John Ratcliffe, director de la CIA; el mecanismo acordado por EE. UU. con el gobierno interino de Venezuela para que nuestro país pudiese financiarse con ingresos petroleros depositados en una cuenta en Catar supervisada por Washington, según reveló el secretario de Estado Marco Rubio; la designación veloz de Laura Dogu como embajadora en nuestra nación, una experimentada diplomática y asesora de Política Exterior del jefe de Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, general Dan Caine, quien dirigió desde allá la aludida intervención en Venezuela; y para terminar el recuento por causa del espacio periodístico, solo añadiremos el aserto de Trump a través de su red Truth Social, autoproclamándose como “presidente interino de Venezuela”.

Concluimos el tema con el más reciente desafuero de Trump: la orden ejecutiva que impone aranceles hasta el 100% a países o entidades que suministren petróleo a Cuba, buscando por esa vía la total asfixia de la isla como presión para un sistémico cambio de gobierno. El presidente Díaz-Canel manifestó su voluntad de diálogo con Estados Unidos bajo el supuesto del respeto mutuo; Rusia y China rechazaron decididamente la inhumana orden; la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, busca caminos colaterales para ayudar a Cuba; nuestro gobierno nacional todavía no se ha pronunciado.

                               Manchones y manchetas

—"¡Comuna o nada!” gritaron ante Delcy algunos trabajadores petroleros!

—Ahora, por su alianza con el Gobierno, los llaman Fedecamaradas.

—Bill Gates y Bill Clinton compiten con Epstein para determinar quién es el más vil.

—El problema de EE. UU. en Colombia no es el petróleo, sino Petro.

—Alguien preguntó: "¿Cuál es el móvil secreto que está detrás de la Exxon en Venezuela?".

Igor Delgado Senior 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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