Cine para llevar | Sueños de juventud

La serie de los 90 exalta valores universales

06/02/2026.- La serie Beverly Hills, 90210 (1990) es tan ingenua como entretenida. Dicen que el tiempo pone todo en su lugar y los más de treinta años que han transcurrido desde el estreno de esta ficción han servido para exponer su verdadera naturaleza.

El seriado producido por Aaron Spelling es adictivo porque nos cuenta una historia políticamente correcta sobre personajes imperfectos que buscan caminos de redención constantemente. A pesar de lo que se podría pensar, por su nombre y el lugar donde se desarrolla, nos regala la posibilidad de vivir historias cándidas e intensas.

La juventud es un momento de la vida donde tenemos todas las ilusiones intactas, todo comienza, nada ha sucedido o, al menos, no del todo. El futuro es un lugar incierto que promete mucho; queremos experimentar, saborear la existencia hasta las últimas consecuencias.

Los jóvenes interpretados por Jason Priestley, Shannen Doherty, Jennie Garth, Ian Ziering, Gabrielle Carteris, Luke Perry, Brian Austin Green y Tori Spelling viven en un mundo más afable que frívolo, más lleno de luz que de oscuridad. La serie es cálida, como muchas otras ficciones en los años 90 donde la realidad se utilizaba solo como base endeble para contar una historia que siempre tendía a la romantización de la vida cotidiana.

En Beverly Hills los amigos son para siempre, aunque existan inconvenientes, aunque se presenten un millón de confrontaciones. Los sentimientos de los protagonistas son nobles; se relata la vida desde una perspectiva idealizada.

En la serie, la adolescencia es un paraíso donde la única lucha es saber quién eres y tratar de vivir en consecuencia, disfrutando a plenitud esa etapa con todo y sus pequeñas desgracias, sus fantasías, sueños y necesidades, que pueden llegar a materializarse o no; en realidad no importa. Cuando se es joven, perder la ilusión no es parte del plan. 

Sobre todo en las primeras temporadas (tiene más de diez), los personajes desarrollan su personalidad viviendo situaciones que siempre tienen moraleja. Beverly Hills nos presenta una paradoja: es profundamente moralista mientras narra vidas que no son para nada ortodoxas. Los guionistas predican valores universales mientras hacen pecar a los protagonistas para finalmente escarmentarlos y dejar un mensaje a la audiencia.

Darren Star, su creador, tenía 28 años cuando la serie comenzó a salir al aire. No había nada parecido en la pequeña pantalla. Beverly Hills es mucho más valiosa las primeras cuatro temporadas porque luego se descontrola: “Incluso las comedias de situación se convierten en culebrones después de tantos años porque, cuando los personajes se desarrollan, quieres ver que tengan vidas que sean continuas. No quieres sentir que sus vidas se reinician en cada episodio”, dijo Star en 2024 en una entrevista para el portal Vulture.com.

A pesar de eso y de otros inconvenientes, la serie ha envejecido bien.  Provocadora, arriesgada, atrevida, entretenida, pero sobre todas las cosas ingenua, se ha convertido en un clásico; refleja que no importa el grupo social al que pertenezcas o en qué lugar del mundo vivas, ser feliz y despreocupado cuando eres joven es casi siempre inevitable.

 

Luisa Ugueto Liendo

Instagram: @luisauguetoliendo

 

 

 


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