La dos orillas | Walter, el disposicionero

05/02/2026.- En este texto pretendo dar cuenta de cuánto aportó Walter Martínez a la democratización del análisis geopolítico en Venezuela. Diría más, a la popularización de ese análisis. Para aquellos a quienes les gustan las tipologías generacionales, mi generación es esa que se conoce como la Generación X. A menudo les caracterizo esta generación a mis estudiantes, más por hacer cercano y pertinente nuestro encuentro semanal que por creer mucho en esas nominaciones, por demás arbitrarias o muy parecidas a las citadas por Borges en el ensayo El idioma analítico de John Wilkins, texto que aprovecha Michel Foucault para incorporarlo en la introducción de Las palabras y las cosas. En el caso de Walter Martínez, esas taxonomías generacionales no aplican.

Walter, así nos acostumbramos a llamarlo quienes lo veíamos aún siendo adolescentes en la televisión, fue una persona de la cual es difícil hablar sin incurrir en la sobreadjetivación, pero es incuestionable la impronta y el peso que tuvo como figura paradigmática en nuestra televisión y en la radio, amén de espacios públicos donde era frecuente tener noticias de su actuar, que era centralmente su vocación.

Cuando esa televisión de Walter fue cambiando del blanco, negro y gris al color, en la década de los ochenta, ya él tenía un trecho andado. Un hombre de fe y erudición que, además, supo configurar un método de análisis y presentación de información y datos que, sin duda, se adelantó a su tiempo.

Desde la cobertura de conflictos o “acontecimientos en pleno desarrollo” en la terraza de un edificio con una radio de onda corta —escuchando la BBC o Radio Habana— como único canal para recibir la información del evento, hasta el uso efectivo de los télex, Walter utilizaba pinzas y un aparato analítico envidiable que no era lo común entre los conductores de ese formato en otros canales de televisión. Walter les sacaba el jugo a los télex y a los fax y eso implicaba ir más allá de la mera información, agregando valor a los hechos con las finas interconexiones que hacía casi en vivo, pizarra y mapamundi mediante.

Los clavos en la pared

Tuve la oportunidad de conocer a Walter varias veces, pero nunca pasó. La primera, cuando trabajé en VTV como productor audiovisual entre 2006 y 2008. Recuerdo que para esa época, y creo que hasta ahora, no sabían qué hacer conmigo y me asignaron a una estructura, la Coordinación de Investigaciones, que habían creado en aquellos años y que “coordinaba” un compañero que luego, en otra televisión del Estado, se declaró sionista. El tipo era tan sionista que cuando cambió la dirección del canal y, siendo que la entrante no lo quería, pues, se le ocurrió postularme a mí como coordinador, o sea, salió “echando coñazos”. Yo le decía “el Colita”. Más nunca supimos de él. Averiguaremos.

Recuerdo que los espacios que ocupaba esa Coordinación, que nunca cuajó, eran justamente los que hasta hace meses había ocupado Walter y su equipo —tenía uno especial— de producción de Dossier. Ya Walter se había ido y lo que quedaba de ese espacio ubicado en el último piso de la planta original de VTV era una amplia oficina vacía donde nos reuníamos a conversar, realmente a escuchar las peroratas transmodernas de Colita. Lo que me llamaba la atención era que las paredes estaban llenas de clavos. Yo pregunté la primera vez que entré en esa oficina: "¿Por qué hay tantos clavos en las paredes?". Un compañero me respondió que esos clavos eran donde Walter Martínez colgaba sus premios, reconocimientos y condecoraciones.

A lo largo de su carrera en los medios, Walter llegó a acumular un total de nueve premios nacionales de periodismo. De estos galardones, seis fueron obtenidos de manera individual y tres como parte de un equipo de trabajo. Ya en 2014 había recibido la distinción Félix Elmuza de la Unión de Periodistas de Cuba. En 2016 se le otorgó el Premio “Único” Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

Un melómano detrás de las cámaras

Pasaron pocos años y me tocó, una vez más, la oportunidad de coincidir en el mismo espacio laboral con Walter Martínez. De VTV me habían dado la responsabilidad de la Dirección del Canal Informativo de Radio Nacional de Venezuela (RNV). Ya Walter había dejado de hacer el programa que tenía en el Canal Clásico de RNV. Me cuenta mi querido amigo Manuel Lazo, quien para esa época y hasta años después fue el director del Canal Clásico de RNV, que “el programa de Walter en el desaparecido Canal Clásico fue más que un espacio para comentarios internacionales y entrevistas con personajes muy destacados de aquel momento en que el comandante era presidente (…) lo dedicaba mayormente a la música, colocando discos de su extensa discoteca de discos de vinil, que lo hacían un espacio de altísimo nivel, por el conocimiento que tenía sobre la música, de muchos géneros, mayormente de jazz... Entre comentarios de actualidad internacional, lectura de materiales sobre esos temas, podíamos disfrutar de dos horas de alto contenido”. Así era Dossier en la radio.

Hay personas con las que uno no logra superar los “6 grados de separación”, o quizás son los tiempos de la coincidencia que no están pendientes de los grados. Me quedo con la percepción de Walter que nos deja mi amigo José Negrón Valera, quien, luego de peripecias similares a las mías, al final pudo compartir con el señor de Dossier. “Soy un privilegiado por poder estar en una cena familiar y preguntarle: 'Walter, cuéntame, ¿cómo fue que te enteraste en 1991 de que Estados Unidos atacaría Irak?', o dime, '¿cómo te sentiste al entrevistar a Fidel, a Gaddafi o a Gorbachov?', o '¿En dónde fue que conociste a la Boston Pops y a John Williams?', o '¿Podrías decirme cómo Uruguay salvó la producción de vinos y champaña de Francia?', y así por el estilo, a través de cientos de historias y memorias”.

Armando Carrieri

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