Palabras... | Comunada. Parte II
05/02/2026.- Mientras se ejecutan las ideas colectivas: surco, siembra, agua y cosecha, la ideología como máscara hará su trabajo sucio vía los medios, televisión, redes, boca a boca, oreja a oreja con tarifa parasitaria, sin importar que no tenga asidero ni coherencia con la realidad. Es su guerra, cuadro, nos la imponen a los pobres, quienes no podemos reunir entre todos para comprar un misil y responderles, porque el camino nuestro tampoco es ese, sino vivir en “paz”, trabajar entre todos para todos, vestirnos, comer, educarnos como queremos y la enfermedad cuando llame, tendremos cómo medicarla. En medio de este gran conflicto, nos toca no ser cadáveres ambulantes, sino conscientes del papel histórico que tenemos que debatir.
Se está haciendo lo que se cree que tiene que hacerse para no dejarse joder en medio de esta coñaza. Nos corresponde entender eso y, además, dedicarnos a pensarnos en lo que se habrá de ejecutar más allá de esta batalla entre las ideas y las armas, entre la soberanía alimentaria y las conspiraciones. No derrochar más tiempo en la angustia de los problemas que genera el sistema capitalista; son sus problemas, pero eso no nos toca a nosotros resolverlo, ni podremos, ni nos interesa. Tampoco somos nosotros los pobres, los que generamos esa epidemia globalizada, pero sí pensar otra opción de vivir, como diseñar el porvenir fuera y lejos de su agua estancada. Y de ser pertinente sin nosotros, para no contaminar con herencia cerebral dominante dominado, ese llamado otro mundo posible.
Dejar a un lado la angustia de querer resolver un problema que no generamos nosotros y diseñar una pregunta distinta con respuesta de otro lenguaje y otra lejanía metafórica. Dejarnos de horizontes y futuros que nos ponen a esperar esperanzas empaquetadas, que habrá de quitársele las cintas de colores en los recreos planificados de las fábricas: carnavales, semanas santas y navidades. Toca, no hay de otra, comenzar a trazar el más allá que lo volvieron brujería, el porvenir donde los porvenires vivan. Comprender que el horizonte somos nosotros, que la utopía también es esperanza religiosa que se persigue. Y hay que estar claros, toda revolución verdadera tiene sus episodios temporales dramáticos, y la nuestra no es la excepción. Y cuando llegue a existir, al lograr hacerse lo que consideramos previsto, como deslastrarse del presente, del pasado y del futuro, porque será realidad en un tiempo creado por quienes, por naturaleza, hacen las revoluciones.
Hechos revolucionarios sencillos y comprensivos son los que se necesitan vivir para mantener la moral política nuestra activa y a la vanguardia. Y sobrará producción para otros pueblos, porque no solo nosotros comemos; come el mundo cómodo sin abrir un hueco para cosechar el sustento, come la alcurnia, los intermediarios sin sudar nada, y la pobreza en el mundo, como es costumbre, lo que queda. Y es de acotar que toda esa carga ha caído siempre en las manos callosas y cansadas de los indígenas, las y los campesinos, las y los obreros que durante siglos han mantenido a una perezosa humanidad. Bordando de oro los pasillos por donde van a sentar los glúteos en la silla que hizo el obrero, y a degustar los jefes, gerentes, patrones, el don, el amo, el dueño, con sus respectivas princesas, la comida que hicieron sus sirvientas o sirvientes. Indígenas, campesin@s y obrer@s: atlas de las tres comidas diarias del planeta que han sido la carne de cañón para aquellas desgraciadas deformaciones milenarias de producir.
Y aún hoy, sigue siendo masivamente en toda la geografía capitalista de la Tierra lo mismo, pero también junto a las y los estudiantes conscientes de esta realidad deberían ser el Atlas, la innumerable flota que se posesiona bajo el cielo y sobre la madre tierra latinoamericana y, específicamente, aquí en este país, para dar la pelea por la solución de todos los males, males caídos sobre el estómago de unas tres cuartas partes de los habitantes de este planeta, que lo que han hecho es laborar toda la vida para pavimentar mejor, sea por la explotación del ser por el ser, sea espiando, sea por la guerra, sea por las conspiraciones y métodos múltiples de la injerencia el camino a la realeza y al sueño americano.
Sin obviar que seguirá siendo así por un largo tiempo, mientras se constituyan las nuevas condiciones subjetivas y objetivas donde se desarrolle el inicio de vivir sin tanto show ni podredumbre humana. Ya se oye una canción de picos y palas, se va escribiendo el verso metro a metro en las zanjas que atan la respiración a las cloacas, por donde ronda la hora definitiva de dejar de ser pendejos o tendremos que volver a hacer la cola por los siglos de los siglos y de los siglos y ya no para comprar comida, sino para volver a esperar un mínimo de 500 años y más, este tiempo crucial. Y nuevamente sin poder abrir la boca ni siquiera para que entren las moscas, a nombrar su amén y su piedad. No se trata de liberar los precios, sino de liberar al oprimido.
Si un pueblo no es capaz de darse el sustento, entonces todavía no es pueblo, y ¿qué hace mientras tanto?, ¿qué hace? O no ha logrado engranarse a la nueva organización del poder popular o al poder popular le falta todavía estar completo y debe ser redistribuido. No se puede esperar que el enemigo histórico vaya a la vanguardia por indecisión revolucionaria. Hay que traspasar el poder a la nueva sociedad comunal porque para eso fue la lucha y, por consecuencia, la victoria. No siendo así, es arriesgado pensar que gobierno alguno, sin empoderar totalmente al pueblo, pueda estar en capacidad de vencer desde las mismas estructuras del enemigo, atendiendo asistencialmente la deuda social a la gente, desarrollando las nuevas políticas de defensa al pueblo, equilibrando los desajustes propios de una sociedad naciente, mientras pelea contra fuerzas reaccionarias poderosas y criminales, incluso muchas de ellas invisibilizadas desde los cuatro puntos cardinales, y azuzadas por el trans poder de la injerencia.
Hay que estar vigilantes en cuanto a lo que puede surgir de esa realidad desgastante que busca detener el avance, tal vez minar la moral y el credo en la idea por otro desprendimiento atroz: la formación de una nueva clase superior explotadora desde el seno de la lucha y el descuido de un flanco perverso, que se irá empoderando de las políticas creadas y pensadas, citando muchas de ellas, en las oficinas de los cerebros dominantes, para ingeniar soluciones otra vez para los pobres, cuando es harto sabido, como dice el verso, que no hay proyecto hecho en oficina que pueda superar la versión del poder popular. Allí pudiese comenzar el secuestro inicial de un gobierno revolucionario por un sector de la cúpula siniestra que acecha en las sombras, asociado a una nueva clase parasitaria, a través del maltrato al pueblo, las vejaciones, el torpedeo de los logros sociales, que no son cualquier cosa, y la corrupción espiritual, que es la que da el salto a todas las perversiones. No hay revolución que se haga para perpetuar gobiernos en el lecho del mismo Estado burgués que pretende desmontar. Quienes lo han intentado han sido tragados por la misma cama del enemigo.
Se trata de destornillar esa sociedad de opresores y oprimidos en una opción estructural que produzca una acorde actitud, una revolución cultural que vendría como consecuencia de la misma transformación estructural; la nuestra es comuna o nada. Donde la acumulación y el personalismo den paso a la acción conjunta para producir bienes que resuelvan lo esencial de la gente. En primer lugar, alimentación y dignidad, restituyendo la solidaridad entre los comunes, donde se eduquen y vistan de acuerdo a los principios éticos de los juntos, hasta lograr con el tiempo el disfrute del ocio creador y un arte venido de los mismos procesos políticos de base. Y otro, comprender que se avanza más simplificándonos en el consumo cotidiano que queriendo ser potencia. Ya lo vivimos con la Unión Soviética, que decidió por el camino más largo para reencontrarse con su dignidad, debido a que colocó casi toda su economía en el cielo para caer en la trampa de su contrincante con la estafa de la Guerra Fría, mientras los iba consumiendo el mercado “negro”, atragantándose de McDonald's y Coca-Cola, dejando solitario a Lenin, en aquella extraordinaria Plaza Roja de Moscú, viva y digna de tanta historia; y el pueblo, doblando el lomo sin poder ver las estrellas, pero estrellado por los acaparadores, las mafias y los conspiradores internos y externos.
Competir en su propio terreno con un enemigo no confiable, que lo que produce es dinero, mezquindad, trampas y tecnología bélica, en tanto que una revolución lo que busca es devolvernos la dignidad de ser gente; los análisis nos dicen que pareciera que no fue, ni es ni será una buena opción. Se necesita tiempo para parir estructuras revolucionarias apropiadas al contexto y consolidarlas, por lo que no se debe titubear en complicaciones. Menos perder de vista que el Estado que se intenta desmontar está imbricado, perfectamente cohesionado y asociado a un mundo neoliberal globalizado. No avanzar en profundizar la idea porque seguramente un cerco de sabios dice que todavía no y otros sí, implica seguir dependiendo de sus redes, de su producción, de sus vividores, y seguiremos estando en sus manos, y todo será obstaculizado como ha pasado con el bloqueo a Cuba que aún resiste, incluso habiendo desmontado la estructura total, salvo algunas subliminales del poder. Salvando las distancias, por supuesto, dada la diferencia que fue por las armas y no electoralmente. Posiblemente, la realidad entonces nos esté gritando algo.
Por otro lado, vemos el ejemplo de los subsidios a los alimentos, que resembró masivo en tierra de nadie, una mafia interaliada retadora, donde pudimos darnos cuenta de que en el murmullo popular hervía la lucha definitiva. Donde en el 2016 se comprobó que el cuento chino era verdad: comerciantes asiáticos maltratadores, árabes imponentes, comerciantes venezolanos desclasados y de diversificados rangos, estafando a la gente, junto a gran parte del pueblo en general sobreviviendo de esas migajas mal habidas, para subir el derecho al sustento a través de un trabajo informal ilegal, especulativo, lo que despectivamente se le ha dado el nombre de bachaqueros, y que dejó ver la alta estadística de desempleo, venida de las empresas cerradas, quebradas intencionalmente, paradas para acaparar. Sumado al deterioro del salario explotador, porque era más rentable hacer una cola para comprar productos y revender que trabajar para la explotación del empresariado directamente o para el Estado burgués. Incluyendo muchos que renunciaron a un trabajo bien remunerado (y estos son los más peligrosos, entre otros), para encargarse de las mafias que financiarían parte de las colas. En tal sentido, una sociedad al desfasarse de la economía internacional fomentando los subsidios es una política peligrosa, pero necesaria, decían otros, mientras se consigue profundizar en el desmontaje del entramado. Política acechada por la marabunta del mercado negro o catire sin discriminación, porque necesitaría ipso facto tener un pueblo policialmente organizado, únicamente para la protección y distribución de la comida.
Metafóricamente, mover un tornillo de la economía capitalista sin tener una carta en el bolsillo, un segundo y hasta un tercer plan al margen de ese engranaje para avanzar en la idea que necesita posicionarse, engendrará posiblemente una cita con el caos, reimpulsado por la reacción o necesario para avanzar en la correlación de fuerzas. Las misiones educativas, Barrio Adentro, Misión Cultura, Corazón Adentro, Misión Alimentación, entre tantas otras decisiones revolucionarias para enfrentar el monopolio institucional, ejecutando el desarme estructural de la sociedad opresora, eran adecuadas, pero hasta cierto tiempo. Inmediatamente habría que darles el poder legal total para quitarle el peso a la reacción institucional de conspirar, a través de sus campañas mediáticas feroces. Es decir, sustituir con esas mismas misiones el engendro estructural que dobla con burocracia la columna y estado de ánimo de la gente. O sea, quitarles peaje para consolidarlas con autonomía, exactamente desapareciendo los ministerios respectivos y, por ende, su alto poder instituido: por ejemplo, los ministerios de Educación, Salud, Cultura, Alimentación, y así sucesivamente; si no, como volvería a decir Alí Primera, estaríamos perfumando mierda. Incluso, al no decidirlo, se termina por crear un situado constitucional más, amplificando la familia burocrática. Un situado tradicional reaccionario, digamos Asamblea Nacional, gobernaciones y cuerpo legislativo, alcaldía y cámaras municipales, parroquias y pare de contar, y otro para el poder popular y las nuevas políticas públicas. ¿Qué proyecto aguanta tal dispersión económica, refinanciando a una estructura que conspira diariamente para que no se consolide ninguna política que vaya en función de profundizar la idea?
El día que sacaron de circulación el billete de cien, ejercitamos quedarnos sin dinero y saber de qué materialismo estábamos hechos. Pasamos del capitalismo al comunismo de un solo salto, sin intermediarios, ni avance de efectivo, ni tiros. Más limpio no canta un gallo ni llora el rico. Y yo sin ti en este peo.
Mover un tornillo de la sangre del capitalismo, que es el dinero, incluye un gran riesgo inevitable, como hemos detallado, y nos dimos cuenta cuando se decidió sacar el billete de cien bolívares de la circulación monetaria cotidiana. Por un lado, salió a la palestra el acaparamiento que había de ese billete por las mafias nacionales e internacionales conspiradoras, entre ellas los vecinos de la hermana República, que nada más en Cúcuta guardaban más de 300.000 millones de bolívares, y por el otro nuestra actitud materialista de preocupación incómoda por esa decisión gubernamental de nuestro aliado, para avanzar revolucionariamente. Evidenciando además una prueba de fuerza entre el sistema instituido y el otro buscando ser. También se comprobó allí cómo los poderes internacionales de la globalización se apertrechan para incumplir compromisos cuando les dé la gana, sin que la OEA o la ONU digan algo, en este caso no dejando entrar a tiempo el dinero que iba a sustituir el desbalance producido por la guerra económica. Desde que el mundo es mundo nada ha sido imposible para los pobres. Observamos aquí que si nos deshacemos del patrón del campo y su método de producir, pero no del intermediario, del capital industrial, de la privatización de las relaciones económicas capitalistas, ni del empresariado que compra para revender lo que produce la explotación, seguiríamos estando muy en desventaja.
Carlos Angulo
