Pluma acústica | Quinteto Instrumental de Música Moderna

La crema de la evolución musical del Caribe

05/02/2026.- El Quinteto Instrumental de Música Moderna fue el laboratorio sonoro que definió la modernidad musical en Cuba a finales de los años 50 y principios de los 60. En un contexto donde la isla buscaba su propia voz dentro del lenguaje íntegro del jazz, estos panas construyeron el puente definitivo entre la tradición afrocubana y el bebop. Ellos reformatearon el ADN de la música cubana para que hablara un lenguaje universal sin perder la “esencia del guaguancó”.

El quinteto es una joya musical que a veces se pierde en el radar ante la inmensa cantidad de orquestas cubanas, pero ellos representan el germen de la modernidad, fueron los primeros que se atrevieron a romper el molde de lo meramente tradicional. Se dedicaron a cocinar una propuesta donde el jazz, lo académico y la raíz afrocaribeña se metían mano sin pedirse permiso.

Fundado en 1958, el quinteto nació de la inquietud de músicos que ya dominaban la teoría, la técnica y la escena musical cubana. Su formación original contaba con figuras que hoy son leyendas: Frank Emilio Flynn, en el piano; Tata Güines, en las tumbadoras; Orlando “Papito” Hernández, en el contrabajo; Gustavo Tamayo, en el güiro; y Guillermo Barreto, en la batería.

Innovación y estilo moderno

Lo que hacía a este quinteto una vaina de otro planeta era su capacidad de hibridación. No era jazz “agringado” ni tampoco un conjunto de son tradicional. Era una arquitectura nueva. Mientras Frank Emilio Flynn, un tipo que aun siendo ciego veía más que cualquiera, aportaba una elegancia pianística influenciada por el impresionismo francés y el piano de George Shearing, el legendario Tata Güines revolucionaba la percusión al introducir una técnica de dedos que permitía al cuero hablar con la agilidad de un instrumento melódico. Ellos empezaron a experimentar con polirrítmias donde la batería de jazz convivía con la tumbadora. Esa síncopa era dinamita pura.

El quinteto era un espacio para el virtuosismo individual y la improvisación extendida. Se enfocaba en lo experimental. Buscaban una sonoridad íntima, intelectual y sofisticada, alejándose un poco de lo bailable para centrarse en la escucha atenta, sin perder esa capacidad de sonar elegantes, pero con calle. A diferencia de las grandes orquestas de la época, apostaron por un formato de cámara. Esto permitía libertad de improvisación y daba claridad acústica donde cada nota contaba.

Fusionaron estándares de jazz con piezas de la música tradicional cubana y composiciones propias que desafiaban las estructuras armónicas convencionales de la época. Representaban la resistencia del talento frente a lo comercial. Mientras el mundo pedía pachanga fácil, estos tipos estaban metidos en un laboratorio buscando cómo meterle armonías complejas de Debussy o Ravel a una descarga de tumbadoras.

La curiosa discografía del quinteto

En 1959, el Quinteto Instrumental de Música Moderna graba su primer LP con el titulo homónimo del grupo. Ese mismo disco fue reeditado en 1964 y salió con el nombre de Jazz 6 P.M. En este álbum se encuentran sus temas más icónicos, destacándose: Sherezada chachachá; Gandinga, mondongo y sandunga; Triste letanía y Damisela encantadora, entre otros mandarriazos.

Otro dato curioso respecto a la discografía del quinteto es que en el año 1964, además de la reedición antes mencionada, salieron varios álbumes, constituidos por registros de descargas grabadas entre 1959 y 1964, además de ediciones especiales de recopilación de temas. Color y ritmo; Rico melao; Ritmo cubano y Algo bueno pertenecen a este período. Luego, ya en los años 90, aparecieron otras recopilaciones en formato CD.

Orquesta Cubana de Música Moderna

El Quinteto Instrumental de Música Moderna fue la semilla de lo que más tarde fue la Orquesta Cubana de Música Moderna y, eventualmente, de agrupaciones icónicas como Irakere. Aunque ambos nombres son muy parecidos y suelen generar confusión, el Quinteto nació casi una década antes que la Orquesta.

A diferencia del quinteto, la Orquesta Cubana de Música Moderna era una big band en todo el sentido de la palabra. Contaba con una sección completa de metales y una sección rítmica robusta. Llegó a contar con más de 20 músicos de primer orden. Fue fundada en 1967 bajo la dirección de Armando Romeu y fue la cantera de donde salieron grandes figuras de la música cubana como Chucho Valdés y Paquito D’Rivera, fundadores de Irakere.

Fue una iniciativa estatal, organizada por el Consejo Nacional de Cultura de Cuba, con el objetivo de reunir a los mejores músicos del país para crear una banda que pudiera tocar desde jazz y bossa nova hasta pop y música clásica contemporánea con un estándar internacional. Si el quinteto era el “secreto a voces” entre los melómanos, la orquesta fue el “cañonazo” que anunció una nueva era musical.

Coda

Mientras la orquesta buscaba un sonido potente y una puesta en escena espectacular, el quinteto se metía en la médula de la improvisación. Era jazz afrocubano destilado, pura crema de la buena, que buscaba texturas que en una orquesta grande se pierden. Hacían una música que no se rindió ante el mercado, sino que buscó la excelencia.

Al final del día, el Quinteto Instrumental de Música Moderna nos lega que la música no tiene fronteras si se tiene la técnica para respaldar una propuesta que para algunos hubiese resultado descabellada. Fueron tipos que no se conformaron con lo que ya estaba inventado. En dos platos: se lanzaron al ruedo sin miedo al éxito y terminaron fundando las bases de lo que hoy conocemos como jazz afrocubano moderno.

Kike Gavilán


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