Al derecho y al revés | La sociedad yanqui contra Trump

04/02/2026.- El presidente Trump, barril con patas violador de leyes y mujeres indefensas, defraudador inveterado de socios y del impuesto de su país, tendría razones para creerse intocable sobre la base de sus millones, y así sería de no ser que, apartando las instituciones que pretende acabar, tiene ante sí los más profundos valores del pueblo estadounidense.

Valores que en otras oportunidades esos mismos yanquis han violado en contra de otros pueblos, pero que en este caso se ven obligados a defender porque, de lo contrario, Estados Unidos dejaría de existir como se le ha conocido.

De esos valores, el principal ya lo había notado Alexis de Toqueville, cuando después de viajar por Estados Unidos regresó a Francia maravillado por lo demócratas y solidarios que eran esas gentes.

Dos comentarios de Alexis de Toqueville, quizás el más agudo de los europeos que en los siglos XVIII y XIX viajaron por Estados Unidos, resaltan esas cualidades que ahora afloran contra los desmanes de Donald Trump.

Lo demócrata en este caso no se refería a elegir por votación universal, salvo los afrodescendientes y mujeres, sino a creer que, respetando las leyes que ellos mismos se habían dado, en especial las de resguardo a la propiedad, se vivía mejor y en paz.

Alexis de Toqueville narra cómo estando él en un campamento del ejército inglés —todavía EE. UU. no se había independizado— apareció a caballo, custodiado por soldados casacas rojas, un estadounidense que portaba bandera blanca.

No era un soldado buscando diálogo, sino un juez de paz que venía a nombre de un vecino a cobrar el alquiler del terreno donde el ejército inglés se asentaba.

El incidente se zanjó cuando, ante la negativa a pagar del general inglés, De Toqueville ofreció pagar él, y el general, viendo que el alquiler era una bagatela, lo canceló entre risotadas.

El rasgo de los estadounidenses solidarios lo menciona De Toqueville cuando se sorprende porque en un viaje al interior del país, al llegar cansado a una casa, pide algo más de agua, pienso que para su caballo, y los colonos le ofrecen dormir y comer en sus casas, además de agua y techo para el caballo, sin pedir nada a cambio.

Cuando intrigado el viajero le preguntó a uno de esos benéficos colonos el porqué no cobraban sus servicios, la respuesta fue tajante: “Cuando nosotros viajamos, queremos encontrar por el camino colonos que nos atiendan a nosotros y nuestras monturas, así es mejor”.

Esos valores han servido para enfrentar a Donald Trump, quien pretende violar las leyes para hacer lo que le venga en gana y para apoyar a sus víctimas.

Por ejemplo, en Minneapolis, ciudad donde Trump envió un pequeño ejército de malhechores que, escondidos tras pasamontañas, han asesinado a un hombre y una mujer, golpeado a cientos y deportado incluso ilegalmente a miles, la institución a la que esos delincuentes con carnet alojó en un céntrico hotel para tenerlos unidos y a salvo de la razonable furia de los habitantes de aquella ciudad, se encontró con esos valores.

Bien, como muestra de solidaridad y repudio a la chusma invasora, entre el alcalde y el gobernador de Minnesota colocaron frente al hotel, con su debida permisería, una inmensa y bella tarima dotada de sonido escandaloso y luces más brillantes que el día, según dicen quienes la han visto. Allí tiene lugar un eterno concierto de 24 horas, donde estrellas del rock, el country y el folk, etcétera, cantan.

Por allí han pasado desde el nobel de literatura Bob Dylan, el boss Bruce Springsteen, autor de una bella canción por Minneapolis; Joan Báez y cantidad de  estrellas de Hollywood o del Grammy que expresan su rechazo mientras las luces atacan las ventanas del hotel donde el ICE está alojado, y el sonido les recuerda a estos policías delincuentes el tormento de sus víctimas.

¡Contra eso no podrá el barril con patas del presidente Donald Trump, más que su mal gobierno, los abusos contra nuestro país, los insultos a la Comunidad Europea y la pretensión de apoderarse del Canal de Panamá, Groenlandia, Canadá, Colombia, Cuba, Nicaragua y parte de México, es el pueblo yanqui y su cultura quien lo derrotará en las elecciones “de medio término”, previo a que el Congreso de ese país lo saque a patadas y ojalá lo dejen en una celda, la misma donde han metido al presidente Maduro!

¡Los yanquis están frenando al fascismo, lo que los alemanes con Hitler no pudieron!

Domingo Alberto Rangel


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