Historia viva | Memorias subversivas de Chávez y el 4F
04/02/2026.- Cuando Hugo Chávez apenas fue detectado por la inteligencia militar sobre sus movimientos subversivos dentro de las Fuerzas Armadas, fue enviado a un destierro interno, alejado de los centros neurálgicos de comando en las tierras llaneras de Elorza, a mediados de los años 80. Aquel pueblo con calles de tierra, distante a cuatro horas de la ciudad de Barinas, un día de camino desde San Fernando de Apure y a dos días de tránsito terrestre de Caracas o Maracay. Es decir, prácticamente lo confinaron al olvido para ponerlo a riesgo de una muerte probable ante los límites de la guerra entre parlamentarismo, guerrillas y el propio ejército en la inmediata frontera con Colombia.
Pero como el cuero de res seco, cuando lo pisan por una punta se levanta por la otra; a Chávez le sobró tiempo para hacerse líder popular. De allí la memoria del poeta Luis Alberto Crespo, quien, junto con el escritor José León Tapia, fue tras la búsqueda de la nombradía de aquel joven oficial subversivo. Al preguntar a un amigo común, elorzano, por el capitán Chávez, este le dijo: “Cuando veas una polvareda en la lejanía, un jeep militar con un gentío arriba, ese es el capitán Chávez Frías”.
A la espera del nieto de Maisanta, ambos poetas vieron la espectral polvareda lejana como un remolino de viento huracanado que se llevaba la brisa de la sabana apureña; iba apareciendo aquel soldado, cantando y manejando a la velocidad de un rayo y echando vaina con los campesinos llaneros que venían “encolados” de polvo, amarillentos de tierra, pero contentos de llegar al pueblo. Ese mismo remolino huracanado popular devolvió a Chávez al centro del país, donde siguió conspirando contra la corrupción y el desmadre. Según sus propias palabras, el tiempo en Elorza fue su mejor momento porque se encontró a sí mismo y encontró la savia del pueblo humilde que todavía lo acompaña.
En algún momento de 2009 tuve la fortuna de conversar con Eneas Perdomo en su casa de San Juan de los Morros, donde Chávez se hizo amigo y compadre de uno de los mejores romanceros de Venezuela, tanto que, días antes del levantamiento militar, alguna tarde de diciembre de 1991, Chávez le confió a su compadre, palabras más, palabras menos: “Compadre, debo confiarle algo y pedirle un favor”. La pregunta de Eneas abrió la caja de sorpresa. “¿Qué será?” La respuesta: “Nosotros vamos a tumbar el Gobierno, pero en caso de que me maten, yo le pido el favor que me cante ante mi tumba Fiesta en Elorza. Eneas confesó que aquello le pareció un disparate y no lo podía creer; sin embargo, le aseguró que le cantaría, pero además le preguntó: “Ajá, y en caso de que usted se monte en el coroto, o sea, en el Gobierno, ¿usted me va a ayudar?” Ante la pregunta, Chávez se sonrió y le aseguró que lo haría, y así lo hizo Chávez porque hacía falta alguien en el mando del Estado que dejara de mentir y de incumplir promesas. Chávez asumió sus responsabilidades desde aquel memorable día 4 de febrero.
La memoria casi olvidada del imaginario popular antes del 4 de febrero de 1992 rememora un pulso del decir común que se sintetizaba en la esperanza de que viniera un militar para que pusiera orden y decencia en el desempeño del Gobierno ante la demagogia, las ruinosas instituciones en desorden, la corrupción y el clientelismo despilfarrador. Y así como lo pensaba el pueblo en sus tertulias callejeras, ese pulso popular se manifestó cuando la madrugada del 4 de febrero de 1992 se alzaron los jóvenes militares liderados por Hugo Chávez, que luego se concretó al elegirlo presidente masivamente en 1998.
A Chávez no se le puede olvidar nunca; hay que volver a Chávez y sus propuestas, que están vigentes, sus consignas, discursos e ingeniosidades políticas en creación fecunda con conexión emocional popular. Jorge Rodríguez, como psiquiatra, sabe la dimensión simbólica de volver a Chávez siempre.
Ese imaginario unitario y aluvional que se incubó en el pueblo venezolano antes del alzamiento militar en 1992 se mantuvo después de las elecciones del 98 con la unidad que articuló Chávez por la base y no por las cúpulas de los partidos de izquierda, pero se ha mostrado de nuevo como una unidad monolítica ante los diversos escenarios que ha afrontado la Revolución bolivariana; el más reciente fue el 3 de enero de 2026 con el secuestro del presidente Nicolás Maduro.
Aldemaro Barrios Romero
