Psicosoma | Transnacionales territorios trumpistas
La democracia es la peor forma de gobierno, con excepción de todas las demás que se han probado de vez en cuando.
Winston Churchill
Parodiando al Manifiesto Comunista, un fantasma recorre el mundo: el fantasma Trump, con su combo de sátrapas, mete miedo a los que se dejan y, bienvenidos despertares, insurgencias populares, que revolucionan las sangres, como las Panteras Negras, que les laten en su cueva. Recuerdo que hace años estuvo en la UCR de Costa Rica Angela Davis, a quien admiro desde niña y la conozco por mi tía abuela Susanna Anka, la superviajera que también me contaba de los kibutzim, de Jerusalén; del padre fundador Ben Gurion, los olivares, del ahorro del agua, del aeropuerto de Tel Aviv que se quedó en mí, y ahorita me motiva la resistencia y discurso de aborígenes de Groenlandia ante la amenaza trumpista, las vocerías de la Comunidad Europea liderada por el presidente francés Macron y todas las marchas y protestas por la dignidad y libertad frente al retorno del vasallaje.
Las comunidades, cantones, comunas, familias, grupos humanos, hordas, o como se les llame, necesitan de discusiones dialógicas, consensos, convenios o acuerdos para desarrollar normas y una mínima ética de convivencia a fin de reconstruir las fuerzas ante las garras bárbaras. Es casi imposible descansar con el enemigo, "dormir con el enemigo", y las diferencias ideológicas de los adversarios políticos son propicias para el debate, y "cuánta agua corrió bajo el puente" y corre por las famosas mesas de diálogo, y de un bando y otro casi no concertaban y ya el tiempo iba sumando para crear el "caballo de Troya" para sitiar Caracas, Venezuela, y meterla en la caja del juego de Kubrick.
No le tenemos miedo, ¿quién dijo miedo? Porque hasta la muerte se cansó de visitarnos y huyeron cual degenerados que piden matar, bombardear a los que no piensan igual que sus amos; no se cansan de maldecir y piden venganza del salvador, de los héroes de Mattel. No hay conciencia ni empatía por la situación geoestratégica mundial del ataque certero al país, ni se piensa en las secuelas; como una amiga profesional que ruega que los negocios se hagan directamente con las transnacionales y se pague en dólares por la situación crítica del trabajador y del humo del pago en bolívares.
Para nadie es un secreto la reconstrucción del país en todos los campos, pero pasar a estar tutelado, borrar la Constitución, las leyes; o sea, retornar al siglo pasado, como si no hubiera pasado nada y pensar en los nuevos Rockefeller que hicieron su agosto con la burguesía apátrida al explotar el petróleo...
Por la sindéresis y salud mental, no puede haber un negacionismo adrede, que es un mecanismo de defensa cognitivo para rechazar ideas, hechos que disgustan, como la historia, en cuanto a logros desde la nacionalización del petróleo. ¿Qué sirve? Existen avances e investigaciones y no se pueden rechazar hechos innegables por evitar dolor, incomodidad, estrés; al priorizar los mandatos torcidos, sesgados, se niegan a ver las evidencias, no las creen y se convierten en patología del pensamiento. La divergencia, la pasión y el deseo inviolable de vivir libre, en soberanía, no los podrán borrar de un pueblo libre con conciencia, del valor de lo que somos, hemos sido y seremos. En divergencia podemos convivir con las cartas claras sobre la mesa.
La República Bolivariana de Venezuela, orgullosa de sus libertadores, se mantiene en resistencia continua, diferente al "continuismo" que hereda la nueva presidenta costarricense de derecha conservadora, Laura Fernández. Somos un país con una realidad identitaria de luchas y resistencias, con amor a la igualdad y justicia social. No hay huequito, calle, casa, donde se comparta un café, una sonrisa, un abrazo, gente que nos escucha y damos lo que no tenemos con un fervor solidario, desde una hamaca para dormir, un espacio, una empanada, una fruta y alguna abuela que nos adopta y da la bendición. La capacidad amorosa, de espíritu alegre, bromista "en las peores circunstancias", es infinita y nuestra alegría nos da alas.
Las guerras de cuarta generación, asimétricas, las cognitivas del "lavado cerebral" se repiten en diversas formas y hacen mella en esas mentes débiles, carentes de amor al prójimo, y no quieren darse cuenta de que "el sol sale para todos y todas", que somos tan iguales y nos fajamos para redondear la arepa, y es terriblemente estúpido creer que los gringos nos vienen a salvar. Entendamos que fuimos invadidos, estamos en guerra con el botín de la pareja presidencial; no se puede normalizar la violencia. ¿Bombardeo quirúrgico? Y menos besar las manos del psicópata, por favor; se abrió la puerta a la confusión, mentiras de quienes creen en los chocolates de la Segunda Guerra Mundial y están en acción global... Están experimentando desde el covid, con teorías conspirativas, antivalores, invasiones necesarias y muertes merecidas; ponen a pelear a los cobayos, rearman a Frankenstein.
Ayer domingo primero de febrero fueron las elecciones presidenciales en Costa Rica y, a la par, en algunos centros de votaciones, centros comerciales, Museo de los Niños, la Casa del Periodista y otros, realizaban simulacros con niños votantes en las elecciones presidenciales, cuyo objetivo era motivar en la educación y participación democrática, política, la fiesta electoral; me llama la atención el discurso de un niño de casi nueve años en la entrevista televisiva cuando nos invita a votar, para que salgan las familias a ejercer su voto y a salvar la democracia de tiranos, como Maduro, que está bien preso en Estados Unidos, y lo dice con una alegría ingenua.
Me ubica in situ y se me quitan las ganas de ver televisión, y reviso mensajes y respondo acerca de las elecciones y manifiesto que la ganadora será la pupila del presidente Chávez, porque les cuento del carajito y mis encuestas personales a los choferes, obreros y señoras de servicio doméstico que me afirmaban que "al presidente no lo dejaron gobernar y él habla duro, nombrando a los ricos y dueños de Costa Rica".
Amanecimos con nueva presidenta y anoche sus mensajes fueron directos, con amenazas de portarse bien. Habló de heridas, de los malos que son los que piensan distinto; ella, tan bella y "bocona", se partía en halagos a su camarilla y el pueblo eligió a su salvadora. Se desatan rumbas, alcohol con banderas celestes orgiásticas. ¡Qué vaina!, porque ser mujer no basta para tener conciencia de género y ojalá declare emergencia nacional por el alto índice de femicidio; pero veremos el reino de la hija del jaguar, de lenguaje golpeado. Mientras la educación expulsa a niños y jóvenes, el estado de la nación educativa señala el abandono y carencia comprensiva en lenguaje y matemáticas; la gente se muere en espera de una cita médica y es casi imposible salir en las tardes o las noches por la inseguridad, drogadicción y maleantes que rodean y duermen en las paradas. Para mí, es casi imposible tomar el tren de las cinco en la estación de Francisco de Heredia porque se ha convertido en un hotel y da miedo interrumpirles el "descanso".
El mapa geopolítico de la supervivencia supremacista gringa es cuadrar la subordinación al mercado y acólitos políticos que usan a los ciudadanos electoralmente. Entonces, ¿qué es la democracia y para qué sirve? ¿Se vive bien con la democracia o a quiénes les toca el pastel?
Lo que importa son los resultados para mantener el modelo neoliberal, la mentalidad colonizada con un liderazgo populista de un bocón, matón "del mundo al revés" que polariza, crea broncas, con apoyo de sus egos y niños traumatizados, con sus juguetes de las transnacionales y perversiones.
Un proyecto político que combina neoliberalismo económico, conservadurismo social y prácticas autoritarias, articuladas mediante un discurso de apariencia populista. Lejos de abordar las causas estructurales de la desigualdad, este tipo de liderazgo gestiona el malestar social mediante la simplificación del conflicto político, la polarización y la construcción de enemigos internos. Parece ser el "continuismo" que nos gobernará hasta el 2030 en Costa Rica, y en Venezuela, ¿cuál será la agenda?
Rosa Anca
