Retina | La celebración de la muerte
02/02/2026.- Nunca he celebrado ninguna muerte, a pesar de tener noticias de gente que fue detestable hasta su último día. La desaparición física de esas personas fue únicamente el punto final de una biografía infame que no tuvo razón de ser y que siempre espero que no se repita. Sin embargo, no fue motivo de alegría y ni siquiera de alivio.
Solo los fascismos celebran la muerte. Incapaces de sentir la vida política, y menos la vida democrática, en su imaginación nada más existe el exterminio como expresión de poder, control y victoria. No anhelan convencer. Sueñan con aplastar porque sienten que son el instrumento de una venganza contra la vida que les ha tocado. Es así: celebran la muerte porque están en contra de la vida que viven.
Es curioso que la mayoría de las personas dispuestas a celebrar muertes —en nuestro caso, dispuestos a celebrar muertes chavistas—, en general, defienden teorías individualistas, narrativas supuestamente motivadoras y orientadas al "éxito", en las que se supone que los límites que tienen son creaciones propias que se pueden superar con conductas individuales.
En alguna parte de su cerebro estas teorías no terminan de encajar. La mediocridad de la vida que viven termina siendo atribuida al entorno y, en especial, a los partidarios de la solidaridad, del poder popular, de la independencia y de la soberanía. Contra ellos sueñan un día de exterminio.
En su imaginación, piensan que la falta de "éxito" es el resultado de una suerte de "robo" de oportunidades que ha ejecutado una parte de la sociedad que es "inferior" a ellos. Cada emprendimiento que triunfa o cada persona que obtiene reconocimiento por su trabajo pasa a ser percibida como alguien más que les ha robado una oportunidad que era suya.
Como todo fascismo, se sienten parte de un bloque que es "superior" y que debería tener en sus manos el poder, la propiedad, los títulos y el control de toda la sociedad. Su "superioridad" dicta su predilección por la muerte. Piensan que el exterminio de las personas que no están amargadas es la cura de su propia amargura; es su oportunidad de "éxito".
Supe de cómo Somoza ordenaba lanzar estudiantes de izquierda desde helicópteros al volcán de Masaya. Conocí personas que sobrevivieron a ser quemadas con gasolina encendida en manifestaciones contra Pinochet. Sé de las muchachas liceístas atormentadas y violadas por la dictadura argentina. Conocí a torturados por la dictadura de Pérez Jiménez. Crecí conociendo las denuncias sobre los crímenes de la dictadura de Franco en España.
No sentí alivio, menos alegría, por la muerte de los seres detestables que cometieron estos crímenes. Lo que me alegra es la victoria de los humildes. Lo que siempre celebro es el triunfo de las ideas de los pobres.
Freddy Fernández
