Araña feminista | Carta para una hermana que no está sola

02/02/2026.-

Querida compañera Delcy:

Te escribimos desde la gratitud, desde la sororidad y desde el más profundo reconocimiento, porque sabemos que el día que accediste a juramentarte como presidenta (encargada) de la República Bolivariana de Venezuela —la primera en la historia de nuestro país en acceder a tan alto cargo—, sabías exactamente a lo que te enfrentabas. Estabas consciente de que lo que tenías por delante no eran solo las responsabilidades administrativas, políticas y diplomáticas que el cargo demanda. Sabías que el momento era uno de los más duros de la historia de nuestra República, uno en el que se juega la sobrevivencia de Venezuela como nación soberana. El más peligroso, incluso para nuestra región.

"No daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma hasta ver a Venezuela en el destino que le corresponde, como una nación libre y soberana...", te escuchamos decir con emoción, sabiendo que no eran palabras formales de protocolo. Era el juramento de una mujer valiente, de una sujeta histórica que se comprometía a defender a su pueblo de una amenaza, esta sí, inusual y extraordinaria, de un imperio que en su caída se ha vuelto más peligroso y agresivo que nunca.

Tú, presidenta, sabías que tendrías que caminar por un hilo muy delgado, pues tenemos no una pistola, sino un misil apuntando a las sienes de la República, de sus infancias, de sus adultas y adultos mayores, de sus mujeres y hombres, de su vida toda. ¡Qué duro momento, hermana Delcy! Así como cuando la delincuencia secuestra a un familiar y te ves obligada a negociar con los secuestradores, así entendiste que debemos negociar para salvar a nuestros familiares Cilia y Nicolás.

Negociando por la parte de los secuestradores, están dos de los personajes más siniestros que podamos imaginar: por un lado, un macho violador, simbólica y literalmente; un narcisista inseguro y psicópata, adicto a infligir dolor sobre cuerpos humanos y otros seres vivos. Al lado de él, un lugarteniente resentido y acomplejado, domesticado, lleno de odio contra el pueblo de su padre y su madre, producto quizás del odio que se debe tener él mismo por no ser tan anglosajón como le gustaría. Ambos machos son la cara visible de este imperio colonial, patriarcal y capitalista, de corte sionista y fascista. A esto te enfrentas, hermana. No son cualquier cosa estos tipos.

Ambos personajes, a quienes se les ha comprobado que mienten el 80% de las veces que abren la boca, lo primero que hicieron fue tratar de desacreditar tu imagen, retratándote como su subordinada, su obediente sierva, para consumo interno de la población estadounidense. El objetivo es mostrar algún resultado concreto de los millones de dólares invertidos en esa acción criminal e ilegal contra un pueblo en paz. Por otro lado, tienen la pretensión de destruirte moralmente y, de paso, dividir y desmoralizar al pueblo venezolano chavista.

Sin embargo, como tantas otras veces, han subestimado al pueblo. Al igual que antes, pensaron que con las medidas coercitivas unilaterales, este iba a reaccionar contra su gobierno y derrocarlo. De nuevo se equivocaron de plano: no ha habido ni la desmoralización ni la división esperadas, porque ni el pueblo venezolano es cualquier pueblo, ni la lideresa que tenemos es cualquiera de las que EE. UU. acostumbra a extorsionar y a torcerle el brazo. Delcy, tú sabrás enfrentar al violento violador como lo haría cualquier luchadora en una situación de desventaja física: usando la fuerza del enemigo a tu favor. El agresor, mientras más pesado sea, con más fuerza caerá y se hará más daño.

Este momento, insistimos, es crucial y peligroso para el futuro de la patria matria, de nuestra región y de la vida en el planeta, pero tú, querida hermana, tienes en tu ADN el linaje de todas las heroínas de la patria grande. Llevas contigo el legado de Manuela Sáenz, de Josefa Joaquina Sánchez, de Josefa Camejo, de Ana Luisa Campo, de la guerrera Anasoli, de la reina Guiomar, de la diosa María Lionza, de Argelia Laya, de todas las mujeres que por siglos han luchado contra la crueldad de los imperios coloniales. Delcy Eloína, compartes el ADN de todas las mujeres que sostenemos esta revolución, de ese 80% de los liderazgos de base, de las que no nos rendimos y miramos de frente al macho patriarcal, racista y colonial para decirle que no nos vamos a arrodillar. Tú, hermana, eres todas nosotras y nosotras somos tú. Somos una. Somos millones. Qué simbólico que sea una mujer la que ocupe tan gigante responsabilidad en este momento histórico y decisivo para la vida de este pueblo aguerrido y de la humanidad.

Querida hermana, nos despedimos con la promesa de acompañarte, de no dejarte sola, de resistir juntas. Al mismo tiempo, queremos que sepas que confiamos en ti, que te respaldamos y estamos convencidas de tu sabiduría, conocimientos y trayectoria y de que ese recorrido histórico que has transitado nos conducirá a una victoria definitiva.

Querida Delcy, presidenta constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, que llegue hasta ti este abrazo sororo y feminista, chavista y socialista. Nosotras venceremos.

 

Araña feminista


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