Venezuela lleva el estandarte de la moral latinoamericana

A un mes del artero ataque imperialista, el pueblo es el mayor ejemplo de dignidad

Venezuela pide la liberación del presidente Maduro y de la primera combatiente, diputada Cilia Flores.

 

03/02/26.- La historia no es un libro que se empolva en los estantes, es un cuerpo que respira y que a veces sangra. Caracas es hoy la capital de las venas abiertas de América Latina. Nos sacuden las páginas que se escriben, pero nos conforta nuestra característica rebeldía.

Al desandar los caminos de Nuestra América en este inicio de 2026, nos tropezamos con las huellas de un siglo marcado por la sombra del invasor, que bajo el pretexto del “narcoterrorismo” intentó, con bombas, convertir nuestras tierras en tablero de ajedrez y nuestro destino en su “patio trasero”.

A un mes del artero ataque imperialista contra nuestra nación, el pueblo venezolano es un vivo ejemplo de dignidad. “No somos ni seremos colonia de ningún imperio”, se escucha a menudo en las calles donde la gente exige, con diversas actividades, la liberación del presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente, la diputada Cilia Flores.

Por estos días la resiliencia se fecunda en cada rincón como el escudo de la patria, porque la memoria del pueblo no es una consigna vacía sino la síntesis de una identidad que, alzando el legado de los libertadores, se niega a ser colonia. 2026 será, seguramente, el año donde la alborada soberana se imponga sobre el rastro de la ignominia.

No hay duda, la huella de esa madrugada se siente como un eco, como un escalofrío que recorre el espinazo de la historia. Sin embargo, mientras el imperialismo sigue ejerciendo sus nuevas doctrinas de presión, nuestra gente se reafirma en su identidad y levanta un muro de consciencia que permite continuar con la vida en toda la cotidianidad venezolana.

“A Nicolás y a Cilia se los llevó Trump, los secuestró”, se escuchó esa noche oscura, ya cayendo el amanecer, cuando nos invadió en la capital un silencio triste y aterrador, como cuando la derecha opositora nos desapareció al Comandante Chávez el 11 de abril de 2002.

Despliegue militar dio inicio a la amenaza

Trump desplegó sus buques supuestamente para combatir el narcotráfico.

 

Con el ataque y secuestro del presidente Maduro el pasado 3 de enero, el imperio sintió que coronó la operación militar que inició en agosto y que desplegó durante cuatro meses sobre el mar Caribe, tiñendo de sangre las aguas con su “Lanza del Sur”. Hasta hoy se contabilizan 123 asesinados y 37 embarcaciones destruidas.

El pasado mes de septiembre de 2025, Donald Trump inauguró el operativo anunciando, el día 2, el bombardeo de una embarcación vinculada al supuesto grupo delictivo Tren de Aragua. Dejó el saldo de 11 personas fallecidas. Luego el día 11 anunció un segundo ataque letal contra una “narcolancha” venezolana, sumando tres bajas más.

Un tercer operativo fue confirmado cinco días después, pero esta vez no se mostraron vídeos del ataque en el que el Comando Sur habría asesinado a tres pescadores caribeños más. Sin piedad, pasando por encima de la comunidad internacional, de las leyes jurídicas y también de las leyes humanas.

El 3 de octubre, el secretario de Guerra gringo, Pete Hegseth, informó sobre un cuarto ataque frente a las costas venezolanas que dejó cuatro asesinados y elevó la cuenta a 21 personas. Luego el 14, el 16 y el 17 atacaron nuevas embarcaciones. Y el día 22 incursionaron en el Pacífico, frente a Colombia, con otro ataque y más muertes.

A estos días le siguieron tres ataques simultáneos que destruyeron cuatro embarcaciones más, y en los que resultaron 14 personas asesinadas y un sobreviviente, que a la postre fue rescatado en México. También el 29 anunciaron el hundimiento de otra lancha y cuatro muertos en las aguas del Pacífico.

Durante los meses de noviembre y diciembre el imperio yankee, el de siempre, continuó la letal ofensiva. Más muertes, más sangre derramada, sin ningún proceso judicial, sin pruebas de ningún tipo, sin mostrar los supuestos cargamentos de droga.

A cada ataque le siguió el discurso triunfalista de Trump, que se estrenó en el robo de petróleo venezolano el 10 de diciembre con la incautación, frente a nuestras costas, del buque petrolero Skipper, que transportaba un millón de barriles de crudo.

Los llamados "ataques cinéticos letales" tienen algo en común: la poca información al respecto. Hasta hoy el Pentágono no ha aportado de manera oficial las coordenadas, los datos de geolocalización, los nombres de las víctimas, ni los delitos que se les imputaban.

Tampoco se ha informado sobre la cantidad de droga que supuestamente llevaban en las embarcaciones donde viajaban, ni cuál habría sido el proceso legal que culminó con la orden de que fueran bombardeados y no llevados a prisión.

La noche más oscura

El imperio derramó su odio sobre nuestro territorio creyendo que nos iba a derrotar.

 

El viernes 26 de diciembre el presidente Nicolás Maduro dijo: “Nuestra América tiene que ser una América de tolerancia, de entendimiento, no una América donde se imponga la intolerancia y la mentira, el enfrentamiento de la ultraderecha extremista colonialista contra el resto de los movimientos democráticos nacionalistas, progresistas, revolucionarios, bolivarianos y martianos”.

Desde el Salón Néstor Kirchner del Palacio de Miraflores, en Caracas, Maduro agregó que el Gobierno Bolivariano continuaba con la plena disposición de diálogo con cualquier sector político, y dispuesto a conversar con el Gobierno de Estados Unidos (EEUU) en base a relaciones de respeto mutuo, por el bienestar del país y de la región.

Asimismo, al final de la tarde del 31 de diciembre, cuando ya faltaba poco para que se acabara el año 2025, el mandatario bolivariano le dijo al periodista Ignacio Ramonet: “Yo todo se lo encargo a Dios Todopoderoso. Creador del cielo y de la tierra. Sobre todo un día como hoy, 31 de diciembre. Con un cielo maravilloso, majestuoso, con ese color mientras la tarde va cayendo, en esta Caracas pacífica y bella. Yo todo se lo encomiendo a Dios, él sabe lo que hace. Nosotros actuemos con ética, con moral, con patriotismo, con amor a nuestra patria”.

Durante la conversación, el presidente manifestó: “Para el 2026, que es el año que he llamado Año del Reto Admirable, nosotros vamos a superar perturbaciones, problemas y vamos a poder seguir consolidando un país como Venezuela, que sea un país en paz. Y al pueblo de Estados Unidos yo le digo lo mismo que le he venido diciendo, que aquí, en Venezuela, tiene a un pueblo hermano. Al pueblo de Estados Unidos, inclusive le digo, que tienen a un gobierno amigo”.

Dos días después, Trump mandó las bombas. El acto brutal gringo reveló una verdad profunda: ya no puede imponer su orden mediante el consenso, ni siquiera mediante el miedo sostenido; necesita secuestrar presidentes, asesinar civiles a mansalva, y fabricar enemigos existenciales para mantener su ilusión de control.

“No escribo desde una teoría, escribo desde el suelo de mi sala que tembló, escribo con el olor a pólvora incrustado en las paredes. No fue una noticia, sentí en mi carne la agresión imperialista. Conté los segundos entre el sonido lúgubre y la explosión que sacudía los cimientos de mi ciudad. Mi autoridad es el terror vivido”, dijo al día siguiente el artista Jorge Aruca.

Lo que relató no es una información, sino la herida fresca de un testigo del bombardeo que cayó sobre la Gran Caracas esa nefasta madrugada en la que el imperio decidió activar el cañón contra nuestra Venezuela. Estados Unidos aplicó su fuerza bruta para hacer colapsar la soberanía de nuestra nación.

Lealtad a nuestra historia

El pueblo sigue en pie con la frente en alto.

 

“De verdad que sigo buscando palabras para dar salida a esos sentires, porque vivir eso es algo verdaderamente impactante. Estábamos durmiendo y de pronto los estallidos. Uno piensa, mientras baja la escalera, que en cualquier momento va a estallar su casa. La gente gritaba de pánico. Todo fue muy feo”, describió el cantautor José Delgado.

El mismo día del bombardeo, a pocas horas de la barbarie gringa, el pueblo de Venezuela ya se estaba juntando en las calles, ya había salido a denunciar el atroz secuestro. Sintió el llamado de la patria, de la lealtad hacia su historia libertadora.

Desde el corazón de Caracas salió una marea de gente que no se amilanó, no se achicó, no se intimidó ni con los misiles que atravesaron nuestros cielos. El pueblo organizado se hizo sentir y retomó las calles de su ciudad como un día cualquiera de lucha, de batalla, de unidad y decretando que va a haber victoria.

“La comunidad se reunió, nos hemos estado encontrando y tratando de recomenzar el circuito cotidiano. Vamos a estar fortalecidos cada vez más. Confío en que es así porque nos toca; nos llamaron nuestros libertadores hace muchos años. Esto nos trasciende. Es un llamado de nuestros ancestros y nosotros no tenemos otra cosa que hacer sino cumplir esa orden”, se escuchó en las voces callejeras.

El pueblo venezolano no es un peón, es la primera línea de trincheras en la batalla por un mundo donde los países puedan respirar sin miedo. Venezuela se crece en las tempestades. Pueblo y Gobierno Bolivariano van unidos, con el legado de Bolívar en las manos, atravesando las peores presiones jamás vistas y jamás existidas sobre nación alguna.

El país va caminando y creando, inventando y también errando, pero lleno de dignidad, ganando respeto y levantando el estandarte de la moral latinoamericana. El mundo ha tenido que aceptarlo, Venezuela es libre, soberana e independiente y en este territorio mandan quienes nacieron con el amarillo, azul y rojo pintado en sus venas.

SABINA DI MURO / CIUDAD CCS


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