Delcy Rodríguez: la hija del maestro, la mujer que asumió el timón

Abogada, diplomática, política y primera mujer en asumir la presidencia del país

Delcy Rodríguez es también la primera Comandante en Jefa de la FANB.

 

31/01/26.- Existen mujeres que vienen al mundo con la historia fluyendo en su sangre. Que no necesitan buscar su lugar en el mundo porque lo traen marcado en la piel, en la memoria, en el nombre. Delcy Eloína Rodríguez Gómez es una de esas mujeres.

Delcy Eloína Rodríguez Gómez nació el 18 de mayo de 1969 en Caracas, Venezuela. Es abogada, diplomática y política, con una trayectoria destacada en la Revolución Bolivariana. Hija del dirigente revolucionario Jorge Rodríguez padre —maestro de juventudes y mártir de la lucha contra la represión en la Cuarta República—, Delcy creció en un entorno profundamente comprometido con la justicia social y la defensa de los derechos del pueblo.

Se formó como abogada en la Universidad Central de Venezuela y amplió sus estudios en Derecho Social en la Universidad París X Nanterre, así como en Política y Sociedad en Birkbeck, Universidad de Londres. Domina varios idiomas, entre ellos inglés y francés, lo que ha potenciado su papel en la diplomacia internacional.

Como canciller, enfrentó al mundo con firmeza y dignidad en defensa de Venezuela.

 

Desde los primeros años del proceso bolivariano, Delcy ha ocupado cargos claves en el Estado venezolano. Fue ministra del Despacho de la Presidencia en 2006, ministra de Comunicación e Información entre 2013 y 2014, y ministra de Relaciones Exteriores entre 2014 y 2017, donde se destacó por su firme defensa de la soberanía nacional frente a los ataques internacionales. Posteriormente presidió la Asamblea Nacional Constituyente (2017–2018) y fue designada vicepresidenta Ejecutiva de la República en 2018, cargo que desempeñó hasta 2026.

Durante su gestión, también asumió responsabilidades como ministra de Economía, Finanzas y Comercio Exterior, y más adelante como ministra de Hidrocarburos. Su capacidad de gestión, su lealtad al proyecto bolivariano y su temple en momentos de crisis la convirtieron en una figura central del alto gobierno.

La mujer que asumió el timón

Delcy creció con esa herencia y desde muy joven entendió que la política no es un juego de poder, sino un acto de amor por el pueblo. Se formó como abogada, estudió en el extranjero, domina varios idiomas, se preparó para el mundo, pero nunca se despegó de su raíz: la lucha por la dignidad de los humildes.

Su trayectoria en la Revolución Bolivariana ha sido tan firme como versátil. Ha ocupado cargos claves en momentos cruciales y en cada uno de esos espacios, Delcy ha demostrado que la inteligencia política no está reñida con la sensibilidad, que la firmeza no excluye la ternura, que una mujer puede ser estratega, oradora, negociadora y combatiente al mismo tiempo.

Como canciller, enfrentó con altura y contundencia los embates del imperialismo. En cada foro internacional, su voz se alzó para desmontar las mentiras mediáticas, denunciar las agresiones económicas y defender el derecho de Venezuela a decidir su destino. Con serenidad y agudeza, convirtió cada ataque en una oportunidad para reafirmar la soberanía nacional.

Tras el secuestro de Maduro, Delcy asumió la jefatura del Estado con temple y lealtad.

 

Pero la historia, siempre impredecible, le tenía reservado un papel aún más desafiante. En medio de una nueva arremetida del imperio, cuando el presidente Nicolás Maduro fue secuestrado por el Gobierno de los Estados Unidos (EEUU) Delcy Rodríguez asumió la Presidencia de la República y, con ello, la jefatura oficial de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), convirtiéndose en la primera mujer en la historia de Venezuela en ejercer el cargo de Comandante en Jefa.  

Su asunción no fue un gesto simbólico. Fue un acto de responsabilidad, de coraje, de continuidad revolucionaria. En un momento de incertidumbre, Delcy fue certeza. En medio del asedio, fue escudo. En el desconcierto, fue dirección. Y lo hizo sin estridencias, sin protagonismos vacíos, con la misma convicción con la que ha caminado cada tramo de su vida política.

Porque Delcy no improvisa. Delcy construye. Con paciencia, con rigor, con visión. Es una mujer de ideas claras y verbo afilado. En ella conviven la diplomática y la militante, la hija del mártir y la madre del porvenir, la que abraza y la que combate.

Hoy, su figura representa mucho más que una coyuntura. Representa la madurez de un proceso que ha sabido parir liderazgos femeninos sólidos, coherentes, capaces de asumir las más altas responsabilidades sin renunciar a su esencia.

Y mientras el imperio cree que puede doblegar a un pueblo secuestrando a su presidente, Venezuela responde con una mujer al frente. Una mujer que no se rinde. Una mujer que no olvida. Una mujer que, como su padre, enseña con el ejemplo. Porque hay herencias que no se heredan por sangre, sino por lucha. Y Delcy, la hija del maestro, sigue enseñando.

NAILET ROJAS / CIUDAD CCS


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