Palabras... | Comunada. Primera parte

Tenemos una profunda fe en nuestro pueblo. Por él seremos mosca y abeja.

Moscas porque nos meteremos en la mierda para defenderlo y sacarlo de ella y abejas porque añoramos la flor de la victoria.

No añoramos la flor solamente, sino que cuando llegue el tiempo, lucharemos contra la mierda y la llamaremos por su nombre.

 

Alí Primera

 

29/01/2026.- La pasión por una revolución no es hacerse de los insumos materiales de una sociedad vencida para traspasar la decadencia a otros. Tampoco, tratar de copiar al Estado burgués para echar a andar una revolución dentro de ese mismo Estado que ha sido objeto del deterioro previsto históricamente.

El objetivo ético es insistir en una calidad de vida justa para el pueblo, en cuanto a sus necesidades y sueños postergados, a través de su propio empoderamiento. Esa es su razón de existir y lo que no debemos olvidar mientras se lucha. Por eso se milita allí, en ese credo y sentimiento, no malinterpretando que se arrancará a los ricos el patrimonio para hacer de los pobres nuevos ricachones, sino hacer accesible la infraestructura acumulada, empresas, tierras, comercios, tecnologías, vías de comunicación, puertos y aeropuertos, avances científicos, etc., para, de manera adecuada, en un esqueleto del todo diferente y creado según el contexto, ponerlo al servicio de la producción en colectivo, sin exclusión ni discriminación de ningún tipo. Supongo un proceso revolucionario arduo, recio, sostenido, en permanente movimiento y con contradicciones, inventando métodos y políticas entre todos, que se adapten a las nuevas formas de producción, sean acordes a la realidad variable y que permitan, simultáneamente, enfrentar la reacción violenta en la totalidad de sus máscaras.

Todo ese sobrehumano esfuerzo vendrá para ir solventando los exagerados e inconcebibles niveles de deuda social con la gente, obligada a orillarse en los rincones fríos de una humillante sociedad, con sus amos exclusivos. Se deben crear las nuevas condiciones para levantar la moral del pueblo, que sea capaz de volver a creer en sí mismo y en una idea, y que no sea la de los vivos mercantiles de siempre.

Esos momentos son únicos e inminentes para limpiar la contaminación política que posibilite ir devolviendo el cauce al río y construya otro lenguaje político no asociado al usufructo y la vileza. Son momentos cruciales, no de complacencias, comodidades ni privilegios, sino para que no haya olvido.

hay que ir hasta el final con identidad y aproximación al núcleo del asunto. Allí, tendremos conclusiones y cotejaremos las diversas teorías del fracaso y del buen vivir. No hay que perder la memoria: cuando las revoluciones toman el poder que pavonea la oligarquía y sus socios internacionales, sucede porque se conjugan las condiciones objetivas y subjetivas para que eso sea posible por fin. En nuestro caso, pudiésemos decir mucho más de quinientos años y su cola de conquista, para que tal proscrito sistema llegara casi a su agonía. Desempleo atroz, crisis de las instituciones de salud, deserción escolar, exclusión universitaria, niveles desatados de analfabetismo, pobreza extrema y crítica, desigualdad límite entre ricos y pobres, debilitamiento del aparato productivo, desempleo brutal, inseguridad total, delincuencia en todos los niveles, corrupción generalizada, transculturización alienante, pérdida de la "esperanza" en el capitalismo, déficit de las ganas de vivir en ningún mundo y el tiempo de mayor decadencia espiritual del individualismo.

Tal debacle es sostenida a medias por un aparato militar y sistemas de seguridad del Estado empobrecidos interiormente en sus diversos niveles. De ahí que sea bueno repensarnos otra vez, puesto que si todo eso es lo que hereda ese club social llamado sistema capitalista, donde el humanismo aparece como fase superior de la estafa del sistema y ardid manipulativo para postergar los acaboses, ¿con qué tamiz de inéditos andares podemos limpiar la sangre social de ese acumulado científico y tecnológico, para que no continúe incluyendo en su transfusión la miseria humana derramada en la personalidad de los que dieron el salto en esta hora de los pueblos?

Si esos fueron los instrumentos con que el capitalismo creó una supracultura de la escalera para llegar a ser imperio, entonces de seguro funcionará de forma solapada y continua con sus esclavos de mente y cuerpo que, lógicamente, heredan, al igual que sus gerenteces, sus intermediarios, su plusvalía y, por ende, sus instituciones como brazo ejecutivo. Si la fortaleza del sistema capitalista es su mano de obra esclava de cuerpo y mente y su modo y bienes de producción, ¿podrá servir para otra naturaleza? ¿No lo nuevo que nace, sino la continuidad con otro principio, ahora iniciáticamente colectivo en su teoría, sin que te corrompa el acumulado que heredas?

No se separa desarrollar una idea distinta durmiendo en la cama del enemigo. ¿Y cómo podremos administrarnos mejor que el mejor que no pudo con su final decadente? Pueblos milenarios y guerreros victoriosos pusieron legiones de muertos para iniciar la transición de una idea con instituciones prestadas mientras consolidaban la institucionalidad requerida por esa idea, y culminaron devolviéndose, atrapados de nuevo en las sillas, oficinas y poderes intactos que dejaron abandonados los vencidos con el whisky en la mano, como quien dice de manera inocente, para que los ocupara el porvenir de los porvenires.

Profundizar la idea en la praxis es lo que iría rediseñando el porvenir. Creer que el dinero lo resuelve todo en una revolución es de analizar, sobre todo cuando se ubica en sala de espera la instalación de la nueva estructura, que traduce y ha de profundizar la idea colectiva. Mas sabemos que el dinero es la sangre del capitalismo, es su símbolo principal, y si para algo le ha servido es para comprar esclavos y enfermar la personalidad y los sueños de la gente. Para eso fue creado, para corromper. Valemos por dinero, no por solidarios. Nos creen por lo que tenemos, no por ser gente. Entonces, ¿cómo creemos que a nosotros sí nos sirve para impulsar la idea sin que nos lleve a terapia intensiva y contamine la mesa de disección con los operadores cambiarios?

Es útil repensarnos cada vez y tantas veces como sea necesario. Las revoluciones en pañales necesitan tiempo para crear también las condiciones subjetivas y objetivas adecuadas para distribuir no la flor, sino la tierra. Antes de eso, estaríamos dándole respiración boca a boca a un Estado burgués, por casi muerto, terriblemente más peligroso, dado que se ha llevado a la fosa con sus pegostes planetarios un innumerable conjunto de humanidades estupidizadas, cómplices y antisolidarias. Nombremos los horizontes del recuerdo: Sacco y Vanzetti, Martin Luther King, Soledad Brother, Patrice Lumumba, Benjamin Moloise, monseñor Romero, Árbenz, Goulart y Allende; las Malvinas, Argentina con sus treinta mil desaparecidos, Uruguay, Paraguay, Guatemala con su guerra de 36 años casi solitaria y, todavía, el México de Zapata y Ayotzinapa, y, reiteradas, las desolaciones de Afganistán, de Libia, de Irak, de Siria y la soledad dolorosa de Haití, nuestra hermana mayor, y Venezuela con Chávez y sin Chávez. ¿Qué más le vamos a creer y soportar?

En el hambre superior del capitalismo, el cuerpo sueña con la mierda. Todo paso del poder, sea electoral o por la fuerza, del capitalismo hacia una revolución, lógicamente, necesita su tiempo para reacomodar las fuerzas, sus símbolos y las nuevas propuestas de funcionamiento social. Incluye estar al tanto del saboteo de la producción por iniciativa del poder dominante, el tiempo y el espacio que ellos consideren para salir de la revolución, porque para eso han atesorado recursos económicos suficientes por todos los medios legales, pero también ilegales —no pocos, sino bienes a granel—, más la tajada que subvenciona la conspiración imperial con la cual aguantar el desajuste de su plusvalía; pero el pueblo no puede darse ese lujo de la alcurnia, porque no es su compromiso histórico.

El pueblo es paciente, decía Alí Primera, y sacrifica el tiempo límite, pero si los mercaderes del capitalismo criminalmente le esconden la comida y los bienes que él mismo produce; si le encarecen lo mínimo que necesita o se lo desaparecen, haciéndoselo inaccesible, cualquiera se descompone o reorganiza, y esta última es la única alternativa ante esa violencia programada desde el abecedario del golpismo, diseñado por el enemigo imperial.

Entonces, ¿qué hacemos después de que nos han ignorado y sometido tanto y siguen y ya sabemos quiénes son y cómo lo hacen? Es una guerra contra el pueblo, y hay que enfrentarla como tal, aun con el desfase bélico y el cambote descompuesto. La lección, quizás, sea reorientar todos los medios de producción y enrumbar la fuerza productiva hacia abarrotar el país de soberanía alimentaria, vestidos, salud primaria y educación revolucionaria. En vez de educación encerrada, manos a la siembra. En vez de ejércitos y cuerpos de seguridad en general enclaustrados, manos a la siembra. En vez de autopistas, vías de penetración; en vez de ciudades capitales, sacarlas a sembrar. En vez de empleados públicos molestos por la comida, sacarlos a sembrar; en vez de maestros y profesores de las reivindicaciones cuando la revolución está en defensa propia, sacarlos a sembrar. En vez de soya, auyama; en vez de trigo, maíz; en vez de quejas, surcar el plátano, la yuca, los cereales, las papas, el tomate y las cebollas. En vez de refrescos, limonadas, semerucos, lechosa y patilla. Sembrar gallinas, aguacates, cerdos, mangos, pollos y chivos en cada casa y cotejar el problema de la dependencia internacional, y que cada quien administre su producción solidaria directa al Comité Local de Abastecimiento y Producción respectivo.

La seguridad alimentaria de la gente, casi por milenios, ha andado insomne en la conciencia y todavía no se cree que, en el mismo suelo que pisamos, la alegría de los pueblos se libera comprendiendo una semilla. Este tiempo tal vez no tiene solución inmediata; por lo menos a nosotros no nos dan los números, porque no necesariamente a quienes hacen la revolución, se les garantiza verla. Los ejemplos, por desgracia, son muchos, pero de eso se trata, de estar conscientes por lo menos en eso. Así no nos alcance la vida para verla, a ver si se atreven a quitárselo. Entregar el país al pueblo, a ver si se atreven a quitárselo. De no ser así, todo se lo estaremos cuidando y entregando limpiecito al imperialismo. Solo seremos en la historia guachimanes de la Reserva Federal del Estado profundo, los de la teoría de un solo Estado global. No importan los muertos de Gaza.

 

Carlos Angulo


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